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La instalación permanecerá hasta el 26 de abril de 2026. Foto: Guillermo Campos.

• La instalación ha sido visitada por 5,380 personas desde su apertura en noviembre de 2025; permanecerá hasta el 26 de abril de 2026

• El vínculo de los códices con el arte rupestre del norte de México fue analizado en una conferencia por el etnohistoriador Baltazar Brito

Boletín 139


La exposición itinerante Códices de México se encamina hacia su último mes de exhibición en el Museo Regional de Sonora, en la ciudad de Hermosillo, la cual ha recibido 5,380 visitantes desde su inauguración, en noviembre de 2025, hasta la primera quincena de marzo de 2026. Organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), permanecerá abierta hasta el 26 de abril de 2026.

 

En este contexto, el director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y curador de la exhibición, Baltazar Brito Guadarrama, impartió recientemente, de manera virtual, la conferencia Códices de México, en la cual consideró que este tipo de expresiones gráficas, características de la región de Mesoamérica, no estuvieron exentas en el norte del país, aunque con ciertas particularidades.

 

“Podríamos buscar los orígenes de esta escritura en Sonora, Sinaloa, Tamaulipas y regiones más septentrionales, donde encontraremos una manera particular de representar ciertos lugares o sucesos. De este modo, las pinturas rupestres, en cuevas o rocas dentro de paisajes desérticos, podrían considerarse el antecedente de los códices”, manifestó el etnohistoriador.

 

En su ponencia, el especialista abordó diversos aspectos de los códices pictográficos. Detalló que, para su estudio, se dividen en dos: prehispánicos y novohispanos. Sus temáticas van desde aspectos histórico-genealógicos, mánticos y rituales, en el caso de los primeros; hasta información botánica, cartográfica, calendárica, mítica-histórica, genealógica y económica, en los segundos.

 

Sobre los documentos prehispánicos, mencionó que, tras la Conquista, apenas sobrevivieron 17, de los cuales cuatro provienen del área maya (Madrid, París, Dresde y Maya de México), seis de Oaxaca (Colombino, Becker I, Vindobonensis, Selden, Nuttall y Bodley), cinco pertenecen al denominado Grupo Borgia (Vaticano A y B, Féjervary-Mayer, Cospi y Laud) y dos son de origen mexica (Borbónico y Tonalámatl de Aubin). 

 

En el caso de los novohispanos, están los códices Mendocino, Florentino, Telleriano Remensis, Baranda, Azoyú, De la Cruz-Badiano, Boturini, Xólotl, Anales de Tula, Matrícula de Huejotzingo, Techialoyan García Granados y Lienzo de Zacatepec, entre otros. En ellos destaca que se añaden textos y glosas en castellano, así como idiomas originarios, como el náhuatl, zapoteco, mixteco, chocholteco, purépecha y maya, para explicar las imágenes.

 

Brito Guadarrama también expuso particularidades físicas de estas obras pictográficas, las cuales se realizaban en soportes de piel de venado, fibra de maguey o amate, y eran dobladas, a menudo, a manera de biombo. Los especialistas que los elaboraban eran conocidos con términos distintos en Mesoamérica: tlacuilo, entre los nahuas; ah ts’ib, en el área maya, o tay huisi tacu, en la Mixteca.

 

“Los que escriben pintando” utilizaban una capa blanca de cal en la superficie del soporte para que recibiera los pigmentos, los cuales podían ser orgánicos o inorgánicos. Entre los primeros, sobresalen los rojos elaborados con grana cochinilla, y el púrpura obtenido de un caracol endémico de las costas de Guerrero y Oaxaca, así como plantas índigo para los tonos azules, zacatlaxcalli para el amarillo o el arbusto de achiote para el naranja; los segundos provenían de la cal para el blanco; humo de carbón para el negro y minerales como la hematita y el cinabrio.

 

Finalmente, el titular de la BNAH expuso que México es un país rico en la colección de documentos, los cuales se resguardan tanto en el repositorio a su cargo como en las propias comunidades, por lo cual, dijo, es fundamental sumar esfuerzos para su conservación, difusión y estudio.


La exposición Códices de México se conforma de cinco facsímiles de los códices Mendocino, Tonalámatl de Aubin, Boturini, De la Cruz-Badiano y Dresde, fieles de los originales. Cabe recordar que, desde 1997, la Colección de Códices de la BNAH forma parte del programa Memoria del Mundo, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

 

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