Ulama en Jalisco: el legado del balón
El ulama pervive como una de las tradiciones más antiguas de Mesoamérica. Reconocido por la investigación arqueológica y antropológica como la continuidad histórica del juego de pelota mesoamericano, su práctica resguarda la memoria de una institución ritual, política y simbólica que, durante más de tres mil años, ocupó un lugar central en la vida de numerosas sociedades mesoamericanas.
Más que un juego, fue un espacio de cohesión social, negociación política y representación cosmológica, donde se escenificaban conflictos, alianzas y principios fundamentales del orden del mundo. En las antiguas canchas, el movimiento de la pelota evocaba el tránsito de los astros, la tensión entre fuerzas opuestas y la renovación cíclica de la vida.
En la Zona Arqueológica de Guachimontones, epicentro de la Tradición Teuchitlán en el occidente de México, esta herencia encuentra un eco singular. Este sitio, cuya ocupación floreció entre el 100 a.C. y el 450 d.C., destaca por su excepcional arquitectura circular y por la presencia de espacios destinados al juego de pelota, evidencia de su centralidad en la vida ceremonial y política de la región.
Esta imagen de Ana Isabel Cárdenas Aranda, campeona nacional de ulama, durante una muestra de juego de pelota mesoamericano en Guachimontones, enlaza dos tiempos: el de la piedra antigua y el de la tradición viva. En ese gesto atlético persiste una memoria colectiva que se niega al olvido y que, al volver a habitar estos espacios, restituye su significado histórico y cultural.