Santuario de Ocotlán: teofanía y esplendor barroco
En las cercanías de la capital de Tlaxcala se encuentra una de las obras más destacadas del churrigueresco mexicano: la basílica de Nuestra Señora de Ocotlán.
Según la tradición, en 1541, un joven indígena llamado Juan Diego subía el cerro de San Lorenzo en Ocotlán cuando se encontró con una mujer que lo guió hasta una quebrada con aguas milagrosas. Al llevar el agua a los enfermos de peste, estos sanaron de inmediato. La misteriosa mujer le pidió avisar a los frailes, asegurando que hallarían su imagen en el lugar.
Los franciscanos acudieron y encontraron un gran ocote ardiendo sin consumirse. Al abrirlo, descubrieron en su interior una talla de la Virgen María, la cual fue llevada a la capilla de San Lorenzo. Sin embargo, la imagen regresó milagrosamente tres veces a su sitio, lo que se interpretó como una señal divina.
En 1670 comenzó la construcción del actual templo, una de las expresiones más notables del barroco novohispano. La imagen de la Virgen, tallada en madera de ocote maciza, mide 148 cm y presenta un estilo gótico con influencias griegas.