Observación celeste en la época prehispánica
El equinoccio marca el momento en que el día y la noche tienen la misma duración, fenómeno que ocurre dos veces al año, en primavera y otoño. Desde la antigüedad, diversas culturas han interpretado este suceso como un tiempo de equilibrio y renovación dentro del ciclo solar.
En las culturas mesoamericanas, el equinoccio, al igual que otros acontecimientos astronómicos como eclipses y solsticios, fue observado con gran precisión. Gracias a estos conocimientos, los astrónomos mesoamericanos desarrollaron complejos y precisos calendarios que regulaban aspectos fundamentales de la vida como los ciclos agrícolas y los rituales religiosos.
Esta combinación de saberes astronómicos y prácticas ceremoniales refleja la cosmovisión mesoamericana, donde el movimiento del Sol y otros cuerpos celestes estaba íntimamente ligado al orden social, espiritual y natural.