Frente a piratas y galeones: Museo Fuerte de San Diego, Acapulco
Frente a la bahía de Acapulco, el Fuerte de San Diego ha sido, durante más de cuatro siglos, un testigo privilegiado de la historia del Pacífico novohispano. Su inconfundible planta estrellada de cinco baluartes, ejemplo de la arquitectura militar abaluartada de los siglos XVII y XVIII, refleja las transformaciones de la ingeniería defensiva de su tiempo y la importancia estratégica que alcanzó este puerto para la Corona española.
La primera fortificación fue construida en 1616 por el ingeniero Adrián Boot. Tras los severos daños ocasionados por el terremoto de 1776, fue reconstruida entre 1776 y 1783 bajo la dirección de Miguel Constanzó, con base en el proyecto del ingeniero Ramón Panón, dando origen al edificio que hoy domina el paisaje del puerto.
Desde sus baluartes se vigilaba el horizonte en espera de los galeones que concluían la ruta Manila-Acapulco, pero también ante la amenaza constante de corsarios y piratas, atraídos por las valiosas mercancías que llegaban de Asia. Durante el funcionamiento de esta ruta transpacífica, entre 1565 y 1815, sedas, porcelanas, especias, marfiles y otros bienes cruzaron el océano junto con personas, conocimientos y expresiones culturales, haciendo de Acapulco un espacio de encuentro entre continentes y un enclave estratégico para el comercio de la Monarquía Hispánica.
El fuerte también fue escenario de episodios decisivos de la Guerra de Independencia, entre ellos el prolongado sitio encabezado por José María Morelos y Pavón entre 1811 y 1813, que marcó el devenir de la fortaleza y del puerto.
Desde el 24 de abril de 1986, el inmueble alberga el Museo Histórico de Acapulco Fuerte de San Diego. Sus salas permanentes recorren la historia de la región desde los primeros pobladores y las culturas prehispánicas de Guerrero hasta la navegación, el comercio con Asia, la piratería y la Independencia. Así, sus muros preservan la memoria de un puerto que, durante siglos, fue una puerta entre América y Asia.