El guardián del Inframundo de la tumba de Huitzo
Presidida por un búho, ave que simboliza la noche y la muerte en la cosmovisión zapoteca, se localiza la entrada de la antecámara de la milenaria tumba de Huitzo, en el Valle de Etla, Oaxaca; posiblemente el hallazgo arqueológico más importante de la década en nuestro país y que se ha dado a conocer en los últimos días.
Considerado como mensajero de la deidad Pitao Bezelao, dios del Inframundo que presidía los rituales de entierros de los nobles, el pico de esta creatura noctívaga cubre el rostro estucado y pintado de un señor zapoteca, posible retrato del personaje al que se dedicó la tumba, y a quien sus descendientes recurrían como intercesor ante los dioses.
En el siglo VII, un grupo de zapotecos construyó este nicho excepcional para resguardar y venerar los restos de sus ancestros y, por 1,400 años, permaneció intacto.
Su umbral está flanqueado por un dintel decorado con nombres calendáricos; mientras que, en las jambas, se observa a un hombre y una mujer ataviados con tocados y artefactos en las manos, potenciales antepasados o, quizá, custodios de este sitio.
Por su parte, y para maravilla de quienes pudieron atestiguar este descubrimiento, las paredes conservan pintura mural en colores ocre, blanco, verde, rojo y azul, que muestra una procesión de personajes cargando copal.
Actualmente, están en marcha análisis cerámicos de vasijas miniaturas, de diversas épocas, halladas fuera de la cámara. Además, epigrafistas y arqueólogos trabajan en descifrar los significados de los decorados; así como los pocos restos óseos recuperados son estudiados por antropólogos físicos.