Donde el Desierto converge con el cielo: La grandeza de Paquimé
Declarada Zona de Monumentos Arqueológicos en 1993, e incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1998, Paquimé sobresale en el Desierto Chihuahuense por su arquitectura térrea que data del siglo XII de nuestra era.
Hacia el año 900, los pueblos del desierto llegaron a los Valles de Casas Grandes y fundaron un centro ceremonial, donde formaron pequeñas aldeas de una docena de casas ubicadas cerca de los arroyos.
Para el año 1200, los paquimenses desarrollaron la agricultura de riego, lo que permitió su evolución arquitectónica y así comenzaron a construir las paredes de sus casas empleando madera para modelar los muros; los techos eran de vigas y tierra apisonada. Erigieron más de mil habitaciones para dar forma a grandes conjuntos familiares de entre tres y hasta siete pisos de altura, con bodegas, salones, habitaciones y estancias, destinados a la clase gobernante.
El éxito de este pueblo se refleja en sus obras para controlar el agua y, a la vez, retener el suelo mediante la construcción de trincheras y terrazas. Estos sistemas se extendieron desde las montañas hasta los valles del río Casas Grandes. Construyeron aljibes, canales, acequias, drenajes y lagunas de oxidación de desechos, que atravesaban las edificaciones a través de muros y pasillos para el manejo del agua en la ciudad.
Se considera que, durante la época de mayor esplendor de la Cultura Casas Grandes, habitaron aquí más de tres mil personas. Ahí convergieron tradiciones culturales tan lejanas como las del Desierto, las de Occidente y del Centro de México, por lo que Paquimé es un testimonio excepcional de las relaciones entre los pueblos del Norte de México y Mesoamérica.