• El director de la Fototeca Nacional del INAH, Juan Carlos Valdez, conversó sobre el tema en la serie radiofónica “Somos nuestra memoria”
• Pormenorizó los experimentos del inventor francés, los cuales cristalizarían en la Vista desde la ventana en Le Gras
“Se cuenta que subsisten más de 20 planchas y placas heliográficas de Joseph Nicéphore Niépce, cuya ubicación para los apasionados de la fotografía, es equiparable a la búsqueda del santo grial. Sin embargo, la Vista desde la ventana en Le Gras es la fotografía permanente más antigua que se conserva en el mundo, de la que se tiene conocimiento”, refirió el director de la Fototeca Nacional, Juan Carlos Valdez Marín, en una charla sobre este hecho histórico.
Y es que, como señaló al historiador Salvador Rueda Smithers, en diálogo para la serie radiofónica “Somos nuestra memoria”, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), este invento revolucionó la forma en que la humanidad narra y recupera su devenir, integrando una memoria visual colectiva.
De acuerdo con Valdez Marín, Niépce produjo fotografías legibles pero efímeras —o puntos de vista, como él las llamaba— en 1816 y, durante la década siguiente, experimentó con diversos productos químicos, materiales y técnicas para perfeccionar el proceso que denominaría heliografía o “escritura solar”.
Para crear el heliógrafo disolvió betún fotosensible en aceite de lavanda y aplicó una fina capa sobre una placa de peltre pulido. Introdujo la placa en una cámara oscura y la colocó cerca de una ventana en su taller, en Saint-Loup-de-Varennes, Francia.
“Las partes en las que incidió la luz sobre la placa endurecían el betún de Judea, y aquellas que no eran solubles al aceite de lavanda con trementina las lavaba con agua y obtenía una placa.
“En la imagen, en la cual se observa el patio, las dependencias y los árboles del exterior, se nota que la luz incide en ambos extremos, y tuvo aproximadamente ocho horas de exposición”, explicó.
En 1829, Niépce se asoció formalmente con Louis-Jacques-Mandé Daguerre, propietario del famoso Diorama de París, quien continuó realizando mejoras cruciales tras la muerte de Niépce, e introdujo su proceso de daguerrotipo, en 1839.
Tras este anuncio, los primeros defensores de Niépce presentaron el heliógrafo como prueba de su papel en la invención de la fotografía. En cuanto a la Vista desde la ventana en Le Gras, pasaría por varios propietarios durante los siglos XIX y XX, antes de ser adquirido por el Centro Harry Ransom, de la Universidad de Texas, en 1963, como parte de la Colección Gernsheim.
El titular de la Fototeca Nacional del INAH anotó que un personaje poco reconocido en esta historia es Hercule Florence, inventor franco-brasileiro que, en 1833, año en que murió Niépce, obtuvo resultados similares a los de Daguerre, “solo que su aislamiento, pues trabajaba en una misión científica en la región del río Amazonas, no le permitió difundir su logro a gran escala.
“A diferencia de Daguerre que lo hizo con placas de cobre, Florence trabajó con papel, el cual emulsionaba con sales de plata, como lo haría William Henri Fox, hasta 1850”.
En la emisión de Radio INAH, hizo hincapié en las cualidades, artísticas y documentales, intrínsecas a la fotografía. Estas últimas permiten reconstruir procesos históricos, políticos, culturales, económicos o sociales.
A diferencia de otros grandes repositorios, la Fototeca Nacional surgió en 1976, como un proyecto de Estado, de ahí que se le considera un baluarte en la defensa, estudio y conservación de la memoria fotográfica de México e Iberoamérica.
“Nuestro acervo abarca un arco temporal que va de 1845 a la fecha. Son poco más de un millón 220 mil bienes culturales fotográficos, en casi todo el espectro de los procesos de la historia de la fotografía, como en las modalidades: desde microfilm hasta imágenes de gran formato”.
En este sentido, Valdez Marín llamó a proteger los álbumes familiares, porque “constituyen el registro de una o varias generaciones, que a través de la imagen se han encontrado y reencontrado. Lamentablemente, son los que más perdemos. Antes eran elementos de cohesión familiar, pero ahora se les desecha o, en el mejor de los casos, llegan a los mercados de pulgas.
“Ahora se tiran billones de imágenes digitales a diario, pero son efímeras. Estamos en la generación sin memoria porque, dado el avance de la tecnología, difícilmente van a perdurar. Se requiere una gran campaña de concienciación para ser selectivos con lo que registramos y, en la medida de lo posible, imprimamos esas memorias”, finalizó.
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