• La exposición del Museo Nacional de las Culturas del Mundo permite “internarse” en cuatro monumentos de más siete siglos de historia
• Forman parte de la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, debido a su contexto geopolítico y tensiones en la región
Dos décadas después de los violentos disturbios interétnicos en Serbia, que propiciaron ataques a sus comunidades y monumentos, la iglesia de la Virgen de Ljeviš sigue rodeada con alambre de púas y protegida por las fuerzas internacionales. Este es uno de los ejemplos sobre los que invita a reflexionar la exposición temporal Patrimonio medieval serbio en peligro.
Vigente en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), muestra dos caras del patrimonio cultural edificado: su fragilidad y su resiliencia, frente a los agentes naturales y antrópicos, incluidos los conflictos armados.
“Con esta exposición, México y Serbia refrendan que la cooperación entre naciones y el diálogo cultural son indispensables para defender la herencia común de la humanidad y contribuir a una cultura de paz. El patrimonio cultural no puede ser rehén de los conflictos, cuando se ataca un monumento, también se vulneran la memoria, la identidad y el derecho de los pueblos a transmitir su historia”, señaló la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.
En el montaje, el público se interna en cuatro testimonios únicos de la vida espiritual y artística de los Balcanes, construidos hace más de 700 años en Kosovo: Los monasterios Dečani, Patriarcal de Peć y de Gračanica, así como la iglesia de la Virgen de Ljeviš, inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial y, desde hace 20 años, también en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura señala que estos máximos ejemplos de la cultura eclesiástica bizantina-romana enfrentan, entre otras amenazas, las dificultades para supervisar la propiedad, debido a la inestabilidad política y la situación posterior al conflicto conocido como el Pogromo, de marzo de 2004.
Con esta exposición, organizada en el marco de los 80 años de relaciones diplomáticas entre México y Serbia, el Ministerio de Cultura del país europeo y su embajada en nuestro país buscan difundir, mediante recreaciones virtuales, aspectos como la pintura mural que decora las iglesias y monasterios, producto de un estilo distintivo, desarrollado en los Balcanes entre los siglos XIII y XVII; así como mostrar su vulnerabilidad.
Durante la invasión de las tropas del Sacro Imperio Romano Germánico (la monarquía de los Habsburgo de Austria), en el XVII, en un intento de borrar la cultura y arte serbios, algunos de estos lugares sagrados fueron incendiados y, sus frescos, caso de los del Monasterio Sopoćani, cubiertos con cal.
Este revestimiento, contrario al propósito original, se convirtió en su escudo. Dos siglos después, al recuperar Serbia su independencia, los conservacionistas retiraron dichas capas y volvieron a emerger las imágenes santas, algunos de ellas con el brillante azul bizantino, cuyo pigmento es el lapislázuli, una piedra semipreciosa traída de Afganistán.
Hasta octubre de 2026, en la Galería de Monolitos del MNCM (calle Moneda No. 13, Centro Histórico, Ciudad de México), el público podrá ver “levantarse” frente a sus ojos el Monasterio de Dečani, erigido a mediados del siglo XIV para el rey serbio Stefan Dečanski, siendo su mausoleo; y la iglesia de la Anunciación del Monasterio Gračanica, obra maestra de la arquitectura bizantina tardía, edificada en el reinado de Stefan Uroš II Milutin, hacia 1315.
Asimismo, mediante dispositivos electrónicos portátiles, se puede admirar el Monasterio Patriarcal de Peć, un conjunto de cuatro iglesias con cúpula que presentan una serie de pinturas murales, y que es sede y sepulcro de los líderes de la Iglesia ortodoxa serbia.
La evolución del arte balcánico tiene un ejemplo extraordinario en la iglesia de Nuestra Señora de Ljeviš, pues representa la aparición del nuevo estilo renacentista paleólogo, que combina las influencias de las tradiciones bizantina ortodoxa oriental y románica occidental; a su vez, posee extraordinarios frescos, los cuales se atribuyen al pintor de Tesalónica, Miguel Astrapas, o a su padre, Eutiquio.
Estos monumentos, punto de convergencia entre las influencias artísticas de oriente y occidente, testigos de la continuidad y el legado perdurable de la cultura serbia en un sinfín de generaciones, hoy viajan y se comparten gracias a la exposición Patrimonio medieval serbio en peligro.
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