• El paño maya original, que data de entre los siglos XVIII y XIX, se reprodujo en el Taller Experimental de Textiles
• Fue confeccionado por tres artesanos de Guerrero, Veracruz y Puebla, dirigidos por el subdirector de Etnografía del recinto, Arturo Gómez Martínez
La sinergia entre la investigación académica y el conocimiento de los pueblos originarios convergen en un proyecto que marca un hito en México, en el que Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es pionero: la reproducción facsimilar de textiles indígenas, en colaboración con artesanos, a fin de recrear y devolver estos conocimientos milenarios a las comunidades.
Se trata del Taller Experimental de Textiles del Museo Nacional de Antropología (MNA), el cual, luego de dos años de trabajo, concluyó recientemente la reproducción del paño de origen maya conocido como Lienzo de Izamal (Yucatán), que data de finales del siglo XVIII y principios del XIX, y puede verse en la Sala Textiles: La producción intelectual.
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, destacó que este proyecto refleja una forma de trabajo que reconoce a las comunidades portadoras de saberes como protagonistas del conocimiento, al articular investigación académica, conservación del patrimonio y recreación de técnicas que permiten mantener viva la memoria textil del país.
“Este facsímil no solo preserva una pieza, recupera un conocimiento. Cuando trabajamos con artesanas y artesanos para recrear técnicas que han desaparecido, reconocemos que el patrimonio no está en los objetos, sino en las manos y en las comunidades que lo han sostenido a lo largo del tiempo”, dijo.
El subdirector de Etnografía del MNA y líder de la iniciativa, Arturo Gómez Martínez, expuso que se colaboró “con artífices de las comunidades que ayudan a reactivar este conocimiento, lo que llamamos producción intelectual indígena, el cual se puede reavivar, aun cuando los objetos fueron fabricados siglos atrás”.
En el taller se estudian minuciosamente los textiles, a partir de disciplinas como la arqueología, la historia o la antropología, y el análisis de la estructura textil, los materiales, urdimbres y trama (conteo de hilos). Posteriormente, se recrean las técnicas que ya no existen, a fin de elaborar una copia fiel del tejido.
“En el caso del Lienzo de Izamal, se recuperó información sobre las fibras y los hilos, que se fabricaron, con procedimientos similares a los originales, con husos o malacates con algodones naturales que fueron hilados a mano al mismo calibre, y luego se tejieron en telar en cintura, del mismo modo que el original”, aunó.
La pieza conjuga el conocimiento textil mesoamericano y europeo, ya que fue tejida bajo la técnica de gasa, práctica indígena en la que se entrecruzan las urdimbres y se enlazan con una trama para formar una retícula, sobre la que es posible bordar; luego, se decoró con la técnica de zurcido, de origen español.
La reproducción fue hecha por Victorina López de Jesús, artesana de Xochistlahuaca, Guerrero, quien tejió el lienzo de soporte (gasa); Jorge Vera Heredia, de Orizaba, Veracruz, realizó la decoración, y Valentín Tapia Arenas, de Calmeca, Puebla, hizo el empuntado del lienzo, todos bajo la dirección de Gómez Martínez.
El paño original se retiró del área de exhibición debido a que presentaba varios hilos rotos, por lo que se le colocó una crepelina de seda fina como soporte para frenar el deterioro, causado por la luz, polvo e insectos. La pieza se encuentra estabilizada, pero requiere resguardarse de forma apropiada para su preservación.
La idea de replicar textiles surgió con fines de conservación, ya que los objetos que se resguardan en las colecciones del museo son únicos y corren el riesgo de desgastarse cuando son exhibidos demasiado tiempo. Con este tipo de trabajos se cumplen dos funciones: no interrumpir el discurso museístico de la sala, y que la pieza se conserve para que nuevas generaciones puedan apreciarla.
El subdirector de Etnografía señaló que, si bien el tejido en telar de cintura con las técnicas de gasa pervive en la Sierra de Puebla, Jalisco, Michoacán y Guerrero, en la península de Yucatán no existen evidencias después de la primera mitad del siglo XX y, hacia 1950, ya no hay registros en la región, de ahí la importancia del facsímil.
Agregó que todavía sobrevive una técnica reticular llamada xmanikté, que se aplica principalmente en huipiles, “pero esta combinación de telar de cintura y zurcido ya no existe en la península de Yucatán”.
La iconografía del Lienzo de Izamal incluye cenefas florales y elementos geométricos, como grecas escalonadas continuas. Muestra la integración de árboles de la vida, que contienen aves, flores y frutos, así como una serie de vírgulas dispuestas a lo largo y ancho de la pieza. “Provienen de muestrarios europeos, pero fueron adaptadas a las condiciones del textil indígena”, anotó el investigador.
El paño corresponde a una tela llana de 80 cm de ancho por 184 cm de largo; la terminación del fleco mide 11 cm. La estructura de la tela en sentido vertical contiene 966 hilos, agrupados en 483 pares; las tramas horizontales contienen 853 hilos.
En lengua maya se llama bóoch’ y se utilizaba en la vida cotidiana para cargar objetos y cubrirse, como manta de recato. Llegó a las colecciones del entonces Museo Nacional a principios del siglo XX, probablemente entre 1901 y 1902.
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