Jesús Torres Peralta
Arqueólogo egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, e investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, con amplia trayectoria en salvamentos y rescates arqueológicos. Se ha desempeñado como locutor de radio y divulgador cultural; actualmente está a cargo del Departamento de Museos y Comunicación Educativa de la Zona Arqueológica de Teotihuacan.
El pasado 12 de febrero de 2026, el Museo de Murales Teotihuacanos “Beatriz de la Fuente”, ubicado en la Zona Arqueológica de Teotihuacan, en el Estado de México, celebró el inicio del Año Nuevo prehispánico. El evento cultural, iniciado con una observación arqueoastronómica, a las 6:45 horas, permitió al público presenciar la salida del Sol sobre la Pirámide de la Luna.

Durante la actividad, el director del Centro de Investigación y Divulgación de la Ciencia en la Universidad del Tepeyac, Ismael Arturo Montero García, explicó que, de acuerdo con diversas fuentes históricas, unidas hoy en día con datos científicos, el calendario de los antiguos teotihuacanos iniciaba en febrero.

En su Historia general de las cosas de Nueva España, el cronista fray Bernardino de Sahagún establece, en el capítulo “Que trata del calendario, fiestas y ceremonias…”, que el año mesoamericano iniciaba en la veintena de Atlcahualo, pero que, con el ajuste de 10 días efectuado en 1582 del antiguo calendario juliano al moderno gregoriano, esa fecha atañe al 12 de febrero.
Los expertos apuntan que el 12 de febrero corresponde a 52 días después del solsticio de invierno, fecha que coincide con el inicio de la temporada agrícola y, por tanto, con la tradicional bendición de las semillas el 2 de febrero, Día de la Candelaria.

El 52, además, era una cifra de gran relevancia en la cosmovisión precolombina. Este periodo permitía la unión del calendario ritual de 260 días con el solar de 365, completando cada 52 años el ciclo conocido como xiuhmolpilli o Fuego Nuevo.
El programa cultural ofrecido incluyó conferencias y música prehispánica, del cantautor Gonzalo Ceja, con el respaldo del INAH y la Universidad del Tepeyac. Esta iniciativa buscó acercar a los asistentes al conocimiento ancestral, revelando la armonía entre el cielo y la tierra que los teotihuacanos plasmaron en su urbanismo, hace casi dos milenios.
