Aspecto de los trabajos conducidos al interior del Museo de las Momias de Guanajuato. Foto: Comisión especial Momias de Guanajuato 2025.

Por: Patricia Munguía

Patricia Munguía

Ana Patricia Munguía Correa es periodista y productora audiovisual, amante de los gatos, la lectura y el matcha. Anteriormente trabajó como copy creativa en TV Azteca, en el área de Promoción e Imagen pero, como el dinosaurio Anacleto, no fue feliz, por lo que ahora se desempeña como reportera en la Coordinación Nacional de Difusión del INAH, un espacio de aprendizaje continuo y grandes retos. Estudió Ciencias de la Comunicación en la FCPyS de la UNAM y Periodismo digital en la UDG.

Existen infinidad de rituales que dan cuenta de las creencias y tradiciones de una población en torno a la muerte. La momificación es, en este sentido, uno de los que han generado más curiosidad, asombro y espanto a lo largo del tiempo.

De acuerdo con la definición del Diccionario Médico de la Universidad de Navarra, la momificación es un: 

Proceso natural de conservación del cadáver, debido a un incremento de los fenómenos normales de desecación, que impide la proliferación de las bacterias de la putrefacción. Se da, especialmente, en los lugares secos y aireados, tales como nichos y criptas. 

El cadáver momificado pierde peso y su piel, de consistencia coriácea, adquiere un color pardo rojizo. La momificación puede ser también solo parcial.

La y el antropólogo físico adscritos a la Dirección de Antropología Física del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Josefina Mansilla Lory e Ilán Santiago Leboreiro Reyna, explican que en la momificación interviene una amplia gama de procesos y factores bioquímicos, geofísicos y climatológicos que interactúan de manera externa e interna en los organismos, en cuanto estos fenecen.

Dicha evasión de la descomposición puede generarse de manera natural o artificial, tanto en seres humanos como en animales. Por tanto, existen diferentes tipos de momias de acuerdo con el tratamiento que haya recibido un cuerpo al morir, o bien, por su colocación en un determinado espacio funerario.

En la cosmogonía del antiguo Egipto, el embalsamamiento estaba asociado con facilitar el tránsito de la o el difunto hacia la vida eterna. Los cuerpos momificados durante la época faraónica son los más conocidos a nivel mundial.

En México, el INAH, a través de la DAF, resguarda más de 100 cuerpos momificados de manera natural, de diversas cronologías y latitudes.

Los estados de Baja California, Coahuila, Chihuahua, Sonora, Durango, Zacatecas, Morelos, Guanajuato, Guadalajara, Tamaulipas, Querétaro, Hidalgo, Puebla, Oaxaca, Ciudad de México, Yucatán y Chiapas, también guarecen algunos ejemplares.

Tal y como se señala en el artículo “Historias de vida. El fenómeno de la momificación en el México prehispánico”, de la revista Arqueología Mexicana, núm. 97, en nuestro país, la primera mención a una momia fue hecha en 1889, cuando el arqueólogo Leopoldo Batres se refirió así al enterramiento de un individuo hallado en Comatlán, Huajuapan de León, Oaxaca.

“La momia tolteca”, como sería denominada, destacaba no solo por su estado de conservación, sino porque portaba una serie de tatuajes en los brazos y el abdomen.

Su identidad se fue develando con el paso de los años, toda vez que gracias a investigaciones más especializadas se ha logrado determinar, por ejemplo, que en realidad se trata de una mujer que habría vivido hacia el año 250 d.C., y que la pigmentación subcutánea que presenta corresponde al estilo de escritura ñuiñe, propio de la Mixteca baja. Desde 1893 se encuentra bajo la custodia del Museo del Quai Branly-Jacques Chirac, en París, Francia.

 

Entre la fantasía y lo real

La cultura popular mexicana ha convertido la figura de las momias en personajes entrañables, protagonistas de aventuras, mitos, leyendas, relatos de lo sobrenatural e incluso en agentes del mal.

La serie televisiva titulada Las momias de Guanajuato, transmitida en 1962 por Telesistema Mexicano, y que contó con 120 episodios, relataba historias ficticias basadas en dichos personajes.

La película homónima de 1972, obra del cineasta Federico Curiel, retrata al conocido luchador Rodolfo Guzmán Huerta, El Santo, enfrentado a una hueste de tales seres invocada por Satán, su archienemigo; mientras tanto, en Nosferatu, fantasma de la noche (1979), del director Werner Herzog, se incluye una secuencia inicial que muestra a los afamados cuerpos momificados.

Estos ejemplos bastan para dimensionar el impacto que los cuerpos momificados del Panteón Municipal de Santa Paula, localizado en la capital de Guanajuato, han tenido en nuestro imaginario social, logrando además que el repositorio inaugurado en torno a ellos, en 1969, sea uno de los más concurridos en la entidad, así como una fuente importante de ingresos para la población local.

El hallazgo de las llamadas momias se realizó de manera fortuita, a finales del siglo XIX, cuando la administración del camposanto decidió exhumar aquellos restos que no contaran con el pago de perpetuidad. El de Remigio Leroy, un médico francés fallecido en 1865, fue el primer cuerpo recuperado.

 

El hallazgo de las llamadas Momias de Guanajuato se realizó de manera fortuita, a fines del siglo XIX. Foto Comisión especial Momias de Guanajuato 2025.

 

Posteriormente se encontrarían muchas más momias que, al no ser reclamadas por los deudos, se colocaron en el espacio destinado al osario y con el tiempo, dieron origen al Museo de las Momias de Guanajuato (MMG).

 

Un acervo con identidad

Fuera del umbral de la fantasía, los 117 cuerpos momificados, de los cuales, actualmente se resguardan 81 en el MMG y 36 en el Parador Turístico Sangre de Cristo, poseen una historia personal y un pasado como habitantes de la ciudad de Guanajuato.

Por instrucción del expresidente Andrés Manuel López Obrador y con el objetivo de dignificar a estas personas, exaltar sus valores culturales, históricos, sociales, económicos y turísticos, y enriquecer los discursos museográficos del par de recintos citado, en 2021, los entonces titulares del INAH y de la DAF, Diego Prieto Hernández y Juan Manuel Argüelles, respectivamente, conformaron un equipo de especialistas para realizar un proyecto científico que se tituló: Valoración patrimonial de las momias de Guanajuato. Estudio integral, y que fue desarrollado entre dicho año y 2025.

 

Entre 2021 y 2025 el INAH emprendió un análisis integral, documental y en campo, en torno a este conjunto de cuerpos momificados. Foto Comisión especial Momias de Guanajuato 2025.

 

Así lo refirió la titular de la iniciativa, la investigadora de la DAF, Maria del Carmen Lerma Gómez en la conferencia titulada Ni monstruos ni objetos. Historias de vida de las momias de Guanajuato, impartida el 13 de noviembre de 2025, en el Museo Regional de Guanajuato (MRG), Alhóndiga de Granaditas.

Durante la charla, el antropólogo físico adscrito al Centro INAH Querétaro, Israel David Lara Barajas, relató que los nichos de las secciones I, II y IV del citado cementerio, son aquellas en las que se encontraron más cuerpos momificados.

Dichos restos humanos, pertenecientes a los siglos XIX y XX, explicó, se conservaron en este singular estado debido a varios factores como las condiciones climáticas de la entidad, y en particular, de las sepulturas, su ubicación en el panteón, la cantidad de sol y viento que recibieron, así como la ausencia de oxígeno al interior de los nichos. Asimismo, influyó el material de los ataúdes y su decoración interna.

Otros factores que pueden incidir en la preservación de un cadáver son la complexión del individuo, la causa de su muerte, las enfermedades que padecía y la ropa que vestía al ser inhumado. Puede verse que, con todo ello, la alta probabilidad de que exista un entorno propicio para la deshidratación del cuerpo, antes de iniciado su proceso de descomposición.

En este sentido, la antropóloga física Carmen Lerma agregó que, a partir de sus investigaciones documentales y observaciones en torno a los 117 cuerpos áridos estudiados, la momificación natural tardaba menos de un año, lo que explica el elevado número de hallazgos en el cementerio guanajuatense.

Por su parte, la restauradora del CINAH Baja California Sur, Leslie Julieta Cabriada Martínez, destacó que el trabajo de las y los investigadores que participaron en el proyecto se encaminó a que los datos obtenidos permitan considerar el conjunto de estos restos humanos momificados como un bien patrimonial.

Si bien, aunó, en un principio se buscó definir la temporalidad de cada uno de los cuerpos, los especialistas consideran que la antigüedad no debería ser el único elemento que les otorgue protección, por lo que su recomendación es que se contemplen como una serie ósea procedente de un mismo contexto. 

 

Las llamadas momias de Guanajuato forman la serie de cuerpos árdios más grande de México, procedente de un mismo contexto. Foto Comisión especial Momias de Guanajuato 2025.

 

Para ello, en primera instancia, se realizó un diagnóstico general de los espacios en los que se ubican las momias y se entrevistó a las personas involucradas en su cuidado y manejo.

El siguiente paso fue recopilar y analizar información histórica en archivos estatales, municipales y parroquiales, así como 54 imágenes de la Fototeca Romualdo García del MRG.

Posteriormente se realizó un registro fotográfico y se condujeron análisis antropofísicos y radiológicos en las popularmente llamadas momias, los cuales permitieron determinar que su estado de conservación es frágil debido a tres causas principales: la falta de mantenimiento, el manejo desinformado y la constante exposición a la que, por más de un siglo, han sido sometidas.

En esta etapa del proyecto se obtuvieron 15,000 fotografías y 1,500 radiografías. Puedo igualmente constatarse que, de los 117, 19 son cuerpos momificados de infantes de entre 0 y 12 años de edad; también se logró identificar que 67 momias corresponden al género femenino, 41 al masculino y 9 permanecen indeterminadas.

 

Del total de cuerpos recuperados en el Panteón de Santa Paula, 19 son de infantes. Foto Comisión especial Momias de Guanajuato 2025.

 

Se realizaron estudios antropofísicos y radiológicos sobre los 117 cuerpos momificados. Foto Comisión especial Momias de Guanajuato 2025.

 

Entre los deterioros más destacados se observó daño por intervenciones pasadas, acumulación de polvo, desprendimiento de piel, desgarre de tejido blando, roturas o faltantes, manchas de humedad, de pintura, proliferación de microorganismos, así como deterioros causados por el uso de adhesivos y soportes no adecuados para su manejo. 

 

Voces del pasado

Como en una misión detectivesca, el equipo de especialistas del INAH se esforzó por devolver su verdadero nombre a cada una de las momias, sin embargo, debido a la complejidad de la tarea, no fue posible empatar cada nombre con un ejemplar del acervo. 

Aunque quizá no se conozca la identidad de estos personajes, su historia ha quedado plasmada en sus restos mortales y es a través de la antropología física que esas huellas pueden rastrearse.

Entre las y los difuntos momificados, resaltan los casos de algunos que presentan signos de violencia o características físicas inusuales como espina bífida, escoliosis e incluso tumoraciones.

Los análisis muestran que muchas de las mujeres presentan fracturas y otros traumatismos que permiten inferir que existía una violencia sistemática hacia ellas, la cual pudo, incluso, culminar en sus muertes.

Otra cualidad interesante es el espolón calcáneo, es decir, un crecimiento del hueso del talón originado por una tracción excesiva de la zona, que se observó en la mayoría de los restos. La hipótesis es que, debido a lo irregular del terreno de la ciudad de Guanajuato, el que sus antiguos habitantes tuvieran que recorrerlo cargando mucho peso, habría dejado tales evidencias en sus huesos.

Las vestimentas que se conservan, así como la posición de los cuerpos momificados también aportan información valiosa sobre las costumbres funerarias de la época y de la región. Cerca de la mitad de los ejemplares cuentan aún con sus atuendos funerarios o partes de ellos, entre los que resalta un traje de chinaco -guerrilleros liberales de la segunda mitad del siglo XIX- y los ropones blancos que acompañan a los infantes.

Relativo a las posturas corporales, los especialistas descubrieron que una práctica común era sujetar una venda o tela entre la mandíbula y la cabeza para mantener la boca cerrada. Sin embargo, no todos los cuerpos la tuvieron, lo que ocasionó que se relajaran los músculos faciales, dando como resultado que los rostros de las momias tengan ademanes exagerados, simulando el gesto de un grito, por ejemplo, lo que ha dado lugar a relatos terroríficos alimentados por el morbo y la imaginación.

 

Vislumbrar un más allá digno

Desde tiempos inmemoriales, la muerte ha despertado incertidumbre, curiosidad y temor. Las creencias, costumbres y simbolismos en torno a esta figura misteriosa e incomprendida son resultado de la búsqueda por comprender a la propia existencia y finitud humanas.

Las momias de Guanajuato se encuentran inmersas entre lo fantástico y lo científico, por lo que las recomendaciones para su conservación y protección, derivadas del reciente estudio ejecutado por el INAH, pretenden mitigar algunas de las consecuencias negativas de su exhibición.

Las medidas para su cuidado incluyen especificaciones para su montaje, en el que se promueve la posición horizontal de los cuerpos, una temperatura adecuada para cada espacio de exposición y vitrinas apropiadas; así como buscar la asesoría de expertos en museografía para garantizar la integridad del conjunto, así como la seguridad de las y los visitantes.

Contar con equipo de protección para el personal y un protocolo para la manipulación de los ejemplares y su mantenimiento preventivo, es otra de las recomendaciones hechas por la comisión de expertos.

Como puede verse, los esfuerzos están encaminados a proteger un bien patrimonial de gran impacto cultural, económico e histórico; para conseguirlo, es necesaria la participación de actores de todas las esferas sociales y una mirada más amplia sobre el origen de estos cuerpos momificados y su pasado como seres humanos.

 

Entrevistas:

  • Maria del Carmen Lerma Gómez
  • Israel David Lara Barajas
  • Leslie Julieta Cabriada Martínez

 

Bibliografía

Cabriada, L. Julieta, et. al. Las momias de Guanajuato. Resignificando el pasado. En prensa.

Lerma, G. M. C., et al. (2025), Valoración patrimonial de las momias de Guanajuato. Estudio integral. Informe final. México: Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Mansilla L., Josefina, El estudio de momias como parte del conocimiento del fenómeno humano. Recuperado de chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.enah.edu.mx/publicaciones/documentos/81.pdf

Mansilla L., Josefina, y Leboleiro R., Ilán, “Historias de vida. El fenómeno de la momificación en el México prehispánico”, Arqueología Mexicana, núm. 97, pp. 22-29. Recuperado de https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/momificacion-en-mexico

Redacción National Geographic. (2022). Cómo es el proceso de momificación. https://www.nationalgeographicla.com/historia/2022/12/como-es-el-proceso-de-momificacion 

Ronald Ávila-C. (2024). “El asombroso origen de las más de 100 momias de Guanajuato que sobrevivieron gracias a unas condiciones muy particulares”. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/articles/cjjjvd52vvgo 

Sitio web del Museo de las Momias de Guanajuato. https://momiasdeguanajuato.guanajuatocapital.gob.mx/

Vidaurri, J. E. (2019). Nota histórica sobre los cementerios de la ciudad de Guanajuato y el panteón municipal de Santa Paula. En Observatorio Informativo. Recuperado de https://observatorioinformativo.com/nota-historica-sobre-los-cementerios-de-la-ciudad-de-guanajuato-y-el-panteon-municipal-de-santa-paula/ 

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