La arquitectura ritual del Juego de Pelota en Xochicalco
Los antiguos habitantes de Mesoamérica desarrollaron vastos conocimientos astronómicos que cultivaron gracias a su capacidad de observar pacientemente el plano celeste. Los xochicalcas probaron, en la grandeza arquitectónica de esta antigua ciudad, que dominaban esta sabiduría y configuraron el paisaje natural en una compleja estructura urbana donde vivieron largo tiempo. Aprendieron el movimiento de los astros principales y lo relacionaron con el paso del tiempo, los ciclos agrícolas y su concepción del universo. De tal modo, los arquitectos trazaron con precisión edificios, plazas y, sin lugar a dudas, canchas de juego de pelota. Ubicado en el punto cardinal Norte, el edificio de juego de pelota que se muestra en la imagen tiene dimensiones de 67 metros de largo por 23 metros de ancho. De las tres canchas que se encuentran en Xochicalco, esta ocupa la posición más ceremonial del área, dada su ubicación en el paisaje simbólico del sitio y su cercanía con el Observatorio. La forma de este Juego de Pelota es singular: consta de un gran talud que remata con un paramento recto, en el que se empotraban los dos aros o tlachtemalacátl. Esta cancha, o teotlatcho, fue encontrada con sus aros o marcadores caídos al centro de la misma. Una hipótesis señala que los mismos habitantes los derribaron tras un descontento sociopolítico, como una muestra de desacuerdo. Ambos aros son lisos, de piedra volcánica, aunque pudieran haber tenido una cobertura de estuco con motivos pintados al fresco. Para los xochicalcas, así como para otras grandes culturas, el paisaje que se podía apreciar desde su asentamiento era, a la vez, un mapa y un calendario que les permitían identificar fenómenos naturales, celebraciones rituales y ciclos de vida. La arquitectura del juego de pelota en Xochicalco sintetiza esa mirada: un espacio donde se conjugan astronomía, política y memoria.