Fútbol: territorio de memoria colectiva
Desde las primeras horas del jueves 18 de junio, la afición mexicana comenzó a vestirse de verde, blanco y rojo. El uniforme de la selección nacional se desplegaba por calles, avenidas, camiones y plazas a todo lo largo y ancho de la República Mexicana.
Se disputaba el segundo encuentro de México en la fase de grupos del evento global de fútbol. La cita fue en Guadalajara y el rival, Corea del Sur. Sobre la cancha, ambos equipos sostuvieron un duelo cerrado, medido y de alta tensión. La oportunidad decisiva llegó en el segundo tiempo: al minuto 50, Luis Romo marcó el único gol del encuentro, suficiente para asegurar la victoria mexicana y el liderato provisional del Grupo A.
El país entero pareció contener el aliento y después rugir al unísono.
Con la victoria, México aseguró su pase a los dieciseisavos de final, sumando un nuevo capítulo a su historia deportiva. Como ha ocurrido en otros momentos memorables del futbol nacional, cientos de aficionados volvieron a reunirse en torno al Monumento a la Independencia, en la Ciudad de México. Bajo la luz del Ángel, entre banderas, cantos y abrazos, el festejo volvió a transformar el espacio público en un escenario de memoria compartida.
En una tierra donde el juego de pelota ha acompañado la vida colectiva desde tiempos prehispánicos, el balón sigue trazando vínculos entre pasado y presente, recordándonos que el deporte también es una forma de identidad, celebración y encuentro.