Hoy, nos reunimos una vez más para conmemorar no solo el nacimiento de una gran institución, sino
también para celebrar la continuidad de un compromiso que ha trascendido generaciones y tiempo: la
conservación, preservación y difusión del patrimonio cultural y natural de nuestro país.
Desde su fundación en el año de 1939, el INAH ha sido mucho más que un organismo dedicado al estudio y
resguardo de la historia y la antropología. Es un pilar del humanismo mexicano, un puente que conecta
nuestro presente con las civilizaciones antiguas y un testimonio vivo de nuestra identidad. Este
humanismo, enraizado en los conceptos universales de la filosofía antigua, nos recuerda que el
conocimiento del pasado nos enriquece como seres humanos y nos invita a reflexionar sobre nuestra
responsabilidad con el futuro.
En palabras de Aristóteles, “La cultura es el mejor refugio contra la tiranía de la
ignorancia”. En el
INAH, hemos abrazado este principio al entender que el patrimonio no solo pertenece al pasado, sino que
es una guía para entendernos y proyectarnos hacia el futuro. No solo protegemos edificaciones,
monumentos y tradiciones, sino también valores esenciales como el respeto y la ética que dan sentido a
nuestra existencia colectiva.
Esta misión no sería posible sin la labor incansable de quienes integran esta institución:
investigadores, arqueólogos, restauradores, antropólogos, historiadores, divulgadores y personal
administrativo. Cada uno, con su compromiso y entrega, es pieza clave en esta gran maquinaria que da
vida a nuestra labor. Su esfuerzo diario no solo garantiza la salvaguarda del patrimonio, sino también
fortalece el prestigio y el valor humano del INAH.
Hoy, también debemos mirar hacia adelante y enfrentar los retos que trae consigo el futuro. En un mundo
en constante cambio, donde las tecnologías y las dinámicas evolucionan rápidamente, y donde nuestra
misión se renueva y adapta. El patrimonio cultural debe integrarse a estos cambios para seguir siendo
relevante, conectando con las nuevas generaciones y dialogando con el mundo. Pero en este proceso de
adaptación, no debemos perder de vista la esencia de nuestra identidad ni el respeto por nuestro gran
legado cultural y magnifica historia.
La importancia de preservar nuestra identidad radica en que, al proteger el pasado, fortalecemos nuestra
capacidad de construir un futuro más humano, equitativo y solidario. Este importante equilibrio entre lo
local y lo global, entre la tradición y la innovación, es el desafío que debemos asumir con valentía y
determinación.
Hoy celebramos 86 años de historia, pero también renovamos el compromiso de seguir siendo una
institución que inspira orgullo y respeto. Sigamos trabajando juntos para conservar y promover el
inmenso tesoro cultural que es México, y para que nuestras acciones continúen siendo un ejemplo de
humanismo y de compromiso con el mundo.