Proceso de construcción del Museo de Sitio de Xochicalco. Foto: Centro INAH Morelos;

 

*** El recinto morelense fue inaugurado en 1996; expone más de un millar de objetos arqueológicos recuperados en exploraciones de la zona arqueológica

 

 

*** Un conversatorio y un ciclo de conferencias abordarán el carácter vanguardista del guión museográfico y del diseño arquitectónico del inmueble;


 


 

En conmemoración de los 25 años de la apertura al público del Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Xochicalco, ocurrida el 10 de abril de 1996, una fecha trascendente para el estado de Morelos ya que recuerda el aniversario luctuoso del general Emiliano Zapata, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizará de modo virtual un ciclo de conferencias y un conversatorio, el lunes 12 de abril.

 

La primera de estas actividades tendrá lugar al mediodía, y se transmitirá desde el perfil en Facebook de la Zona Arqueológica de Xochicalco. Se trata de un ciclo de cuatro conferencias, organizado junto con el Colegio Morelense de Arquitectos, Conservadores y Restauradores de Monumentos, y enmarcado en “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura.

 

Cada ponencia abordará un aspecto del recinto museístico, el cual es considerado un hito debido a que, para el momento de su apertura, mostró un carácter pionero a nivel nacional y latinoamericano en temas como la sustentabilidad de su operación y la accesibilidad de sus contenidos.

 

El diseño del museo, ideado por el arquitecto Rolando Dada y Lemus, se creó en armonía con la arquitectura de Xochicalco, siendo esta la ciudad prehispánica con mayor densidad de construcción por metro cuadrado.

 

Xochicalco resalta también por estar diseñada como una ciudad defensiva, y su apogeo, entre los años 650 y 900 d.C., corresponde con el llamado periodo Epiclásico, caracterizado por el reacomodo poblacional que siguió a la caída de Teotihuacan.

 

Se considera que fueron emigrantes teotihuacanos, junto con grupos locales que habitaron el territorio que hoy ocupa Morelos, quienes erigieron esta antigua urbe, la cual en 1999 fue declarada Patrimonio Mundial, por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

 

Desde su apertura, el museo de sitio se diseñó para ser accesible al público con discapacidad motriz, y al día de hoy cuenta con 31 audiocédulas, en español e inglés, que guían a los visitantes con discapacidad visual.

 

En cuanto a sustentabilidad, dispone de cinco sistemas fotovoltaicos que proveen de iluminación a las áreas de exposición y espacios administrativos; una planta de tratamiento de aguas residuales; y un sistema de captación de agua pluvial, que conduce la lluvia hacia dos cisternas que suman una capacidad de 550 mil litros de agua, con la cual se garantiza el abasto en temporada de lluvias y más de 60 por ciento del mismo durante el estiaje. 

 

El museo también fue diseñado para incorporar sistemas de iluminación y mejoramiento de temperatura que, sin requerir aire acondicionado y ahorrando electricidad, mejoran la estadía del visitante en las seis salas de recorrido y el espacio de introducción y exposiciones temporales.

 

Evocará conversatorio el origen del museo de sitio

 

 

Con apoyo del Instituto Morelense de Radio y Televisión, el lunes 12 de abril, a las 17:00 horas, se efectuará el conversatorio “XXV Aniversario de Inauguración del Museo de Sitio de Xochicalco”, el cual reunirá a los arqueólogos partícipes en el guión museográfico del recinto, Mario Córdova Tello y Giselle Canto Aguilar, así como al arquitecto Rolando Dada y Lemus. 

 

La Zona Arqueológica de Xochicalco ha sido investigada desde finales del siglo XIX; la mayor parte de las más de mil piezas que alberga el museo de sitio fueron recuperadas entre 1992 y 1994, época de exploraciones extensivas en la ciudad prehispánica, mismas que hicieron necesaria la construcción del espacio museal. 

 

Entre las piezas destacadas del recinto está el denominado Señor de Rojo, una figura antropomorfa en piedra, de 1.90 metros de altura y recubierta en cinabrio, que representa a un hombre cuyo cuerpo asemeja la raíz de un árbol y que está sentado sobre un ollin, símbolo asociado al movimiento y a la tierra.

 

Otra escultura que resalta es la de la diosa Xochiquetzal, monolito de 1.6 toneladas labrado por los xochicalcas, cuyo devenir ha sido intenso desde el siglo XIX, cuando tropas francesas intentaron sacarla del país durante el Imperio de Maximiliano, y que en el siglo XX fue trasladada al Museo Regional Cuauhnáhuac, Palacio de Cortés, en Cuernavaca.

 

Después de los sismos de septiembre de 2017, los cuales afectaron a dicho inmueble de la capital morelense, la escultura de Xochiquetzal, que ese año integraba una exposición temporal en la Ciudad de México, fue llevada a su lugar de origen en Xochicalco, donde a la fecha permanece. 

 

El Museo de Sitio y la Zona Arqueológica de Xochicalco continúan cerrados como medida preventiva ante de la COVID-19, por ello se invita al público a ser partícipe del 25 aniversario a través de este par de actividades virtuales.

http://radioinah.blogspot.com/2020/10/promocional-somos-nuestra-memoria-los.html

Victoria Novelo: antropóloga plena y amiga especialísima. In memoriam.

 


 

A mediados de los años setenta, la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán, celebró un convenio con el entonces Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social. En ese contexto, vinieron a Mérida varios investigadores que impartieron interesantes conferencias ante estudiantes de las licenciaturas de Antropología y Arqueología: Ángel Palerm, Juan Vicente Palerm, Jorge Alonso, Arturo Warman y Victoria Novelo.

Yo era entonces pasante y hacía trabajo de campo, pero pude acudir a escuchar la conferencia de Victoria. Fue la primera vez que la vi. Empezó su plática con una interpelación a los presentes: ¿Por qué estudias antropología? Después nos habló de sus trabajos de investigación sobre artesanías y del inicio de un estudio que empezaba sobre antropología obrera y sindicatos (La industria en los magueyales, en coautoría con Augusto Urteaga, 1979, Nueva Imagen).  

No recuerdo haber tratado con ella hasta que, a mediados de los ochentas, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Mario Camarena y Lief Adleson organizaron, junto con otros investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, un seminario sobre antropología del trabajo. Tanto Vicki como yo, estábamos investigando cuestiones obreras y sindicales con trabajadores petroleros: ella sobre democracia sindical, yo sobre la cultura del charrismo. Con los trabajos de ese seminario, el INAH publicó el libro Comunidad, cultura y vida social: ensayos sobre la formación de la clase obrera (Varios autores, 1991).

En 1987, regresé a vivir a Yucatán, a trabajar al Centro Regional del INAH. Un serio problema del Instituto en la región y que aún persiste, es el del ambulantaje en la Zona Arqueológica de Chichén Itzá. Un estudio previo, llevado a cabo por investigadores de la Sección de Antropología Social, mostraba que los vendedores que entraban al sitio, no vendían precisamente artesanías yucatecas. Así, mi incorporación al INAH-Yucatán se dio en el marco de una investigación colectiva sobre artesanías en el oriente del estado, en la región de Valladolid. Y fue, precisamente, el texto de Victoria Novelo, Artesanías y capitalismo (SEP-INAH, 1976) mi libro de cabecera, mi guía en el estudio de los procesos de trabajo de dos tipos de artesanías en la ciudad de Valladolid.

A principios de los noventa, recibí una llamada telefónica de Vicki: quería que le consiguiéramos un lugar donde quedarse en Mérida, porque iba a iniciar una investigación sobre yucatecos en Cuba. Finalmente, encontramos una posada en el centro de Mérida: la Casa Bowen. De allí Vicki se desplazaba a pie para entrevistar a yucatecos descendientes de cubanos en una céntrica cafetería de la ciudad. Y Arehmi Mendiburu, una antropóloga yucateca, muy querida amiga mía y después también de Vicki, se convirtió en colaboradora de su investigación sobre yucatecos en Cuba (Los yucatecos en Cuba: etnografía de una migración, 2009, Casa Chata).

Vicki Novelo frecuentaba Yucatán y Mérida, pues solía participar como jurado en los eventos y concursos de La Casa de las Artesanías, dirigida por la antropóloga Luz Elena Arroyo. Nos veíamos, platicábamos, tomábamos un café. Y además, Vicki tenía amigos y amigas en Mérida, con quienes solía también reunirse cuando visitaba la ciudad.

En 2005, vino a vivir a Yucatán, adscrita a la Unidad Peninsular del CIESAS, en Mérida. Pocos meses después de que llegara Vicki, participé, junto con Silvia Terán y Enrique Martín Sobrino, en la presentación, en el Museo de Cultura Popular en Mérida, en el barrio de la Mejorada, de una maravillosa obra compilada por ella: Artesanos, artesanías y arte popular en México (1996, Aqualarga/ Culturas Populares/ Universidad de Colima/ Instituto Nacional Indigenista).

Se trata de un trabajo espléndido, el cual consiste en una selección de textos y de fotografías sobre la temática. Un verdadero libro de colección. Un libro que muestra el conocimiento y el amor de Vicki sobre y por el tema que siempre la acompañó.

Durante el tiempo que vivió en Mérida —en la colonia García Ginerés, donde está aún la casa de mis padres, de dos hermanas y dos hermanos; colonia arbolada en abundancia (a pesar de los huracanes) y famosa por su Parque de las Américas, que ocupa cuatro manzanas con arquitectura neomaya— nos reuníamos y veíamos en espacios académicos y no académicos. Disfruté mucho ser lectora de una tesis de maestría que ella dirigió acerca de los trabajadores del puerto de Progreso y esto, además del tema, porque mi abuela materna y mi madre fueron progreseñas

En 2013, sus compañeros del CIESAS peninsular le organizaron una reunión académica de despedida, pues había decidido regresar a la Ciudad de México. Sus colegas me invitaron para que participara con unas palabras en dicho evento: en mi intervención le hacía notar a Vicki, que se marchaba precisamente cuando los flamboyanes y las lluvias de oro de las avenidas meridanas empezaban a florecer. Entonces ella me recordó que en la Ciudad de México la esperaban ya las jacarandas. Desde entonces nuestra comunicación fue por correo; pero no dejó de venir de vez en cuando, de visita a Yucatán.

Para la primera reunión de lo que hoy es el Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología (COMASE), Juan Luis Sariego  y Vicki organizaron un simposio al que titularon “Antropología en las orillas”. La reunión fue en la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana. Participamos en el simposio, además de los organizadores, Séverine Durin, Everardo Garduño, Andrés Fábregas y yo. Con los trabajos presentados se conformó un libro con el nombre de simposio (Novelo y Sariego, coords., 2011, Universidad Intercultural de Chiapas).

Para la segunda edición del COMASE, en Morelia, Victoria y Juan Luis organizaron otro simposio son el mismo nombre y con la participación de los mismos investigadores. También se publicó un libro con los trabajos: Temas emergentes en la antropología en las orillas (Novelo y Sariego, coords., 2014, Conaculta, Coneculta Chiapas, Chiapas Nos Une, Gobierno del Estado de Chiapas).

Y así, se fue conformando la Red Antropología en las Orillas, cuyos integrantes rindieron homenaje a Juan Luis Sariego en el CIESAS en Monterrey, homenaje al que además de los que habíamos participado ya en el grupo, se unieron Margarita Hope, Luis Reygdas y Francisco Zapata. Con los trabajos de ese encuentro se editó el libro Entre minas y barrancas (coordinado por Novelo y Durin, 2018, Casa Chata). La Red ha tenido otras reuniones, una especialmente exitosa en la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México, en Chihuahua, en 2017.

Quizá, la última reunión académica a la que acudiera Vicki, fue una de la Red Antropología en las Orillas, la cual organizamos ella, Andrés Fábregas y yo; se realizó en Mérida, los días 27, 28 y 29 de febrero de 2020, en la biblioteca del Centro INAH-Yucatán. El título de la reunión: “¿Hacia un nuevo proyecto de Nación?”. Entonces, eran ya parte de esta Red, Federico Besserer y Francisco Zapata.

En estas evocaciones llamo a Victoria Novelo, antropóloga plena, y es indiscutible que nadie como ella fue investigadora, maestra, museógrafa, cineasta.  Y la considero también, por esto, una amiga especialísima. Pero también por otras razones: nos reuníamos para desayunar, comer y cenar con Arehmi y, a veces, con Esteban, con bastante frecuencia. Hablábamos de todo: de antropología, de nuestros amigos y amigas, del país, de la familia, de nuestros achaques. Hija de yucateco, amaba Yucatán, conocía más restaurantes en Mérida que yo, y algunos rumbos de la ciudad también muy bien.

Fue, sin duda, para mí un privilegio haberla conocido y haber sido su amiga. Y en medio de la tristeza, me da mucha alegría haberla tenido en Mérida, en el INAH, aún este año.


Ella F. Quintal
Mérida, Yucatán, 24 de julio de 2020