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Elisa Vargaslugo Rangel

 

 

Investigadora y maestra extraordinaria, supo inculcar en sus alumnos la disciplina, el amor por el trabajo y el respeto y admiración por los monumentos. Bien recordamos sus alumnos del Seminario de Tesis, de las décadas de los setentas, que religiosamente impartía los martes de 4 a 6 de la tarde en su cubículo de la antigua Torre de Humanidades de Ciudad Universitaria, cómo nos iniciamos en la investigación de campo y de gabinete.

Fue así que conocimos los diversos sitios que cada uno investigaba para sus tesis, bien fueran de Licenciatura o de Maestría. De esa forma nos adentramos por primera vez en la historia de los conventos de Hidalgo y Puebla del siglo XVI, en las iglesias y parroquias de la Ciudad de México y en el ex colegio jesuita de Tepotzotlán. Para todos los integrantes de este seminario, éste fue el principio de una relación de trabajo y amistad que ha perdurado por más de 40 años.

Una de las investigaciones que más satisfacciones le brindó por la información que logró desentrañar, fue la que realizó para su examen doctoral en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, sobre la Parroquia de Santa Prisca de Taxco, en el estado de Guerrero, monumento barroco por excelencia que atesora un conjunto de retablos y pinturas de los más afamados autores del siglo XVIII; esta investigación sirvió de modelo para muchos estudios posteriores de arte novohispano; libro que desde luego fue reeditado tres veces.

En la década de los ochentas del siglo pasado, la doctora Vargaslugo invitó a algunos de sus alumnos, a participar en una de las investigaciones históricas más interesantes e importantes que se han realizado en México, sobre un artista novohispano, me refiero a la vida y producción del pintor mulato del siglo XVII, Juan Correa. Dicho estudio significó mucho para los que aceptamos el reto de colaborar con ella en un proyecto de “largo aliento” pues duró muchos años, porque se trataba de localizar la obra del pintor, en donde estuviera, bien fuera en nuestro país o en alguna otra región del mundo, porque tal como se logró dar a conocer en los libros ya publicados, las pinturas de Juan Correa salieron de México y llegaron a Guatemala, España, Hungría y Estados Unidos de América. Con este proyecto vivimos experiencias inolvidables al recorrer nuestro país, algunas veces acompañados por su esposo, el siempre recordado, doctor Carlos Bosch, quien no sólo fue un gran historiador de México, sino que además gustaba de pintar en sus lienzos los paisajes por los que circulábamos, y así, mientras nosotros nos adentrábamos en la vida y obra de Juan Correa, el doctor Carlos, compañero de vida de doña Elisa, también nos apoyaba y alentaba con su maravillosa compañía.

No sólo fue a través de los textos impresos que, por cierto, son innumerables, que la doctora dio a conocer nuestra historia del arte novohispano; numerosos cursos y conferencias impartidas en México y en el extranjero, así como varias exposiciones temporales han permitido que los amantes del arte colonial, conozcan, admiren y disfruten este periodo del arte mexicano.

La doctora Elisa fue un ejemplo de dedicación y responsabilidad que siempre se preocupó por desentrañar muchos temas que aún se desconocen a profundidad, de tal forma que, a sus 97 años de edad, continuaba leyendo y discutiendo con sus colegas y amigos diversos asuntos de su interés; algunos de estos temas aún se encuentran en las imprentas para darlos a conocer.

Elisa Vargaslugo falleció el pasado 30 de agosto del presente año, triste día no sólo por su pérdida, sino porque a razón de la pandemia sus alumnos y amigos no nos pudimos congregar y abrazar para darle un último adiós.

Agosto, mes de su cumpleaños y de los famosos chiles en nogada, que durante muchas decenas de años fueron el pretexto para que ella reuniera a sus alumnos y amigos en torno al exquisito platillo tricolor que ella misma cocinaba; a esto hay que añadir algo más, murió el día que se recuerda a santa Rosa de Lima, la santa del criollismo, a quien le dedicó algunas de sus mejores horas de estudio y buena letra.

Adiós mi querida y admirada maestra, la evocaremos en cada monumento, retablo y pintura que usted nos enseñó a apreciar. Con mi eterno agradecimiento.
 

Su alumna
María del Consuelo Maquívar

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