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Joanne Pillsbury, en su participación en el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”. Foto: captura de pantalla. 

 

*** La curadora del Met participó en el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”, en el que trató los objetivos de la exitosa exposición Golden kingdoms

 

*** Su ponencia fue del origen de las primeras obras en oro, un milenio antes de nuestra era en los Andes del actual Perú, hasta su expansión hacia Mesoamérica


 

 

La magna exposición Golden kingdoms: Luxury and legacy in the ancient Americas, que recorrió algunos de los recintos más importantes de Estados Unidos, hizo que sus visitantes, acostumbrados a los discursos ideológicos que tienen por eje al hemisferio norte, miraran al sur como cuna de civilizaciones originarias, recordó la cocuradora de la muestra, Joanne Pillsbury, al participar en el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”.

 

Pillsbury, comisaria del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met), fue invitada por el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Leonardo López Luján, coordinador de estos conversatorios virtuales, a tratar el tema del arte suntuario en el territorio comprendido entre las dos grandes capitales de la América antigua: Cusco y Tenochtitlan, cunas de las culturas inca y mexica, respectivamente.

 

En la conferencia, organizada por El Colegio Nacional y transmitida por sus redes sociales, la experta en las civilizaciones de Mesoamérica y los Andes explicó que la categoría objeto de lujo es usada frecuentemente en la arqueología, pero no se ha examinado a un nivel teórico, de ahí que una cuestión central es establecer qué constituye el arte suntuario y quién determina lo qué es.

 

Tales preguntas se encuentran en la génesis de dicha exhibición, la cual abordó este asunto cuestionando un material que, a menudo, se ha considerado preciado en todo el mundo: el oro, frente a otros bienes que, inclusive, fueron más estimados por las civilizaciones ancestrales del continente americano.

 

Con cuatro años de exhaustiva investigación a cuestas, la exposición —dijo—, “siguió un camino dorado” que se remonta a un milenio antes de nuestra era en los Andes del actual Perú, e hiló un complejo desarrollo de la orfebrería hasta su expansión hacia Mesoamérica: “algunas de las primeras obras en oro encontradas en América, fueron descubiertas en las últimas décadas del siglo XX, en el sitio Kuntur Wasi, en Cajamarca, Perú, las cuales datan del periodo Formativo Inferior, alrededor de 1000 a.C.

 

“En las antiguas Américas, los artistas y sus patrocinadores, seleccionaron materiales e imágenes para provocar una fuerte impresión: perceptiva, sensorial y conceptual, con el fin de elevar al portador y al espectador al más allá”.

 

 De acuerdo con la experta del Departamento de Artes de África, Oceanía y las Américas, del Met, el hecho de que prácticamente las 300 piezas que integraron la exposición —que convocó a 12 países y poco más de 50 museos prestatarios, once de ellos del INAH— procedan de contextos funerarios o de veneración, enfatiza y profundiza la pregunta: ¿qué materiales seleccionamos para crear objetos significativos en nuestras vidas?

 

 “El oro es, literalmente, incorruptible, no se corroe ni se descompone, perdurando a través del tiempo. Por esta razón fue considerado apropiado para demarcar un poder duradero. Su asociación temprana con los dioses y los hombres de poder, debieron preparar el camino para una comprensión más amplia de los metales en el mundo prehispánico, ya que solo se utilizaron más tarde, y de forma secundaria, para herramientas o armas.

 

 “Lo anterior —continuó—, tiene sentido en el caso del oro, el cual es un material relativamente suave y maleable, adecuado por sí solo para fines utilitarios. En periodos posteriores, el cobre, un metal más fuerte, fue explotado y usado casi en estado puro o en aleaciones, pero aun entonces, los metales eran utilizados, sobre todo, para elaborar objetos rituales. El oro, la plata y el fueron expresiones de estatus social, poder político y creencias religiosas”.

 

 Así, la metalurgia en la América antigua, fue una técnica que transitó tanto por vía terrestre como marítima, del sur al norte, a lo largo de 2,500 años. La transferencia de los Andes a Mesoamérica, estuvo salpicada en el camino de inventos independientes, así como de sorprendentes expresiones de creatividad.

           

Golden kingdoms puso énfasis en hallazgos recientes y excavaciones en curso. Joanne Pillsbury anotó que una de las zonas donde se dieron innovaciones trascendentes fue la costa norte peruana, donde se distribuyen una serie de sitios que se desarrollaron entre 200 y 800 d.C.

 

Los descubrimientos empezaron hace 30 años en Sipán, perteneciente a la cultura moche. Por ejemplo, se exhibieron los espectaculares ornamentos de la Señora de Cao, de la cultura mochica, hallados en 2006 por el arqueólogo Régulo Franco Jordán, en el sitio El Brujo o Huaca Cao Viejo, comparable con el Señor de Sipán. El lujo de los adornos (44 de tipo nasal con representaciones marinas) y la vestimenta que acompañaban la osamenta de esa mujer de alto rango, revelan que el personaje era considerado casi divino, finalizó.

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