Arqueóloga Nelly Robles García con su equipo de trabajo en Monte Albán, Oaxaca. Foto: Fidel Ugarte. INAH-OAXACA

 

*** Durante marzo, la comisión destacará a las ex becarias de su Programa “Fulbright-García Robles”. La iniciativa arrancó con la trayectoria de la directora del Proyecto de Conservación de la Zona Arqueológica Monte Albán-Atzompa

 

*** “En especialidades como las humanidades y las ciencias sociales, las mujeres somos de combate, leemos mucho y tenemos una perspectiva internacional”, expuso


 

 

Durante marzo de 2021, mes en que se resaltan de forma particular los avances, retos y aportes de las mujeres, la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural (COMEXUS), estará reconociendo a las ex becarias de su Programa “Fulbright-García Robles”. Esta iniciativa comenzó destacando la trayectoria de la arqueóloga e investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Nelly Robles García.

 

La experta conversó vía telefónica sobre la experiencia de ser una profesional en este ámbito, en el que asegura “salvo un negrito en el arroz, al que se le pone en su lugar”, ha podido desarrollar un liderazgo que le ha llevado a ocupar importantes posiciones como la presidencia del Consejo de Arqueología del INAH (2009-2012) o, actualmente, la vicepresidencia del Consejo Internacional para el Manejo del Patrimonio Arqueológico.

 

Desde la ciudad de Oaxaca, para la que desarrolló un Plan de Manejo de su Centro Histórico conjunto con la Zona Arqueológica de Monte Albán, la arqueóloga Robles recordó sus pasos por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) a mediados de la década de 1970, momento en que el feminismo y el socialismo estrechaban sus lazos y la presencia de las mujeres en la profesión comenzaba a ser más visible.

 

“Me tocó estudiar todavía en el Museo Nacional de Antropología y fue muy interesante porque participamos de materias teóricas muy enfocadas hacia la economía política y a la par contábamos con maestros de vieja cuña como Román Piña Chan o Barbro Dahlgren, con los que realizábamos el trabajo práctico. Yo tuve lo mejor de dos mundos”.

 

En ese entonces, dijo, las mujeres representaban prácticamente la mitad del alumnado, sin embargo, fue notoria su disminución en el desarrollo profesional, pues varias optaron por enfocarse en su vida familiar. Con todo, al día de hoy, “estamos en números muy sanos en cuanto a la competencia profesional y me da mucho gusto ver la cantidad de mujeres que optan por estas carreras”.

 

“En especialidades como las humanidades y las ciencias sociales, las mujeres somos de combate, leemos mucho y tenemos una perspectiva internacional. Las trabas del machismo no trascienden en la arqueología mexicana, ahí las mujeres hemos sabido defendernos y muy bien. Dejaditas no somos”.

 

“La mayoría de los compañeros son respetuosos y trabajamos hombro con hombro, aunque no faltan individuos carentes de educación, que sacan sus traumas y acosan o descalifican nuestro trabajo. De eso el mundo está lleno. Me han tocado los intentos de algún colega de querer abusar verbalmente o con actitudes, pero a esa gente se la pone en su lugar, en eso cuenta el liderazgo que ejercemos las mujeres”.

 

La doctora Robles ha impreso esa férrea vocación y amplitud de miras en todos sus proyectos, convencida de que “ya pasaron esas épocas en que nuestras carreras eran en solitario. Ahora la carrera de arqueología y, sobre todo, la especialidad de la conservación del patrimonio arqueológico, tiene que ser con la compañía, las perspectivas y las opiniones de muchos especialistas y actores sociales”.

 

Ingenieros, antropólogos, comunicólogos, artistas, fotógrafos, arquitectos, así como hombres, mujeres, jóvenes y niños de comunidades aledañas, son los que han colaborado en la investigación, preservación y difusión de Monte Albán, “el cual es imposible manejar sólo como una serie de monumentos, porque está inmerso en un entorno natural amenazado por la mancha urbana, el turismo desmedido y la tala de especies como el copal o el ocote, de ahí que fuimos el primer equipo arqueológico que incluyó a biólogos y especialistas en turismo en sus filas”.

 

“Asimismo, Monte Albán se ha hermanado con otras zonas arqueológicas inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, como Uxmal, en Yucatán; Paquimé, en Chihuahua, o el Parque Nacional Mesa Verde, en California, Estados Unidos. Intercambiamos saberes, sea sobre el uso de la técnica de la cal o de las nuevas tecnologías, entre otros aspectos, que conducen a nuestros proyectos de conservación, a tener un mayor impacto profesional y social”, estimó.

 

La directora del Proyecto de Conservación de la Zona Arqueológica Monte Albán-Atzompa, fue dos veces becaria del Programa “Fulbright-García Robles”, de la COMEXUS, lo que le permitió realizar su doctorado en Antropología en la Universidad de Georgia y más tarde, en 2013, una estancia como profesora-investigadora visitante en la Universidad de Harvard.

 

Recientemente también recibió el “Premio Federico Sescosse”, por parte del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), en reconocimiento a su trayectoria en favor de la conservación, restauración, cuidado y difusión del patrimonio cultural del país.

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