Seminario por la caída de Tenochtitlan y Tlatelolco. Museo del Templo Mayor. Mesa 5. Fuentes históricas y arqueológicas. Homenaje a Miguel León-Portilla.

 

*** La quinta mesa, sobre las fuentes históricas y arqueológicas, fue dedicada in memoriam del filósofo, historiador y nahuatlato Miguel León-Portilla

 

*** El titular del INAH, Diego Prieto, expuso que en la derrota de Tenochtitlan se combinaron dos procesos: la rebelión contra ese centro hegemónico y la confrontación entre el sistema mesoamericano y el mercantilismo del siglo XVI


 

 

A través de su Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista, Miguel León-Portilla dio vuelta a la, hasta entonces incuestionable frase: “la historia la escriben los vencedores”, esa importante enseñanza estuvo presente durante el cierre del seminario digital “Tenochtitlan y Tlatelolco. Reflexiones a 500 años de su caída”, dedicado in memoriam del filósofo, historiador y nahuatlato.

 

Con la presencia del director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto Hernández, diferentes expertos abundaron en las metodologías que, a partir de las fuentes históricas y arqueológicas, han conducido a develar e interpretar bajo una nueva luz, los hechos de la conquista. Esa relectura, coincidieron, le debe mucho a los aportes del querido tlamatini, ese hombre de saber que fue Miguel León-Portilla (1926-2019).

 

A modo colofón, el titular del INAH expuso que los hechos concretos de la derrota de Tenochtitlan son resultado de la combinación de dos procesos: por un lado, la rebelión de un conjunto de pueblos contra ese centro hegemónico; y por el otro, la conquista violenta que confrontó el sistema mesoamericano con el mercantilismo del siglo XVI, encarnado por los españoles comandados por Hernán Cortés.

 

En su intervención, el investigador emérito del INAH, Eduardo Matos Moctezuma, hizo referencia a esa “otra cara de la moneda”, la del pensamiento indígena nahua y mexica en particular, la cual León-Portilla siempre se preocupó por rescatar y dar a conocer. Es así como hoy sabemos de la desesperación y angustia de este pueblo, reflejados en textos como Anónimo de Tlatelolco, de 1528, resguardado en la Biblioteca Nacional de París, del cual leyó: 

 

“[…] Gusanos pululan por las calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitres / Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad […]”.

 

En opinión del historiador de la UNAM y cocoordinador del seminario, Miguel Pastrana Flores, los textos en lengua náhuatl son particularmente útiles porque aportan conceptos, ideas, cargos y dignidades, entre otros aspectos, pero plantean problemas de traducción y comprensión, caso de los términos tetzahuitl, tlatoani, teotecuhtli, calpixqui, etcétera, los cuales guardan múltiples acepciones. De ahí el reto que tienen los historiadores.

 

“Algunas observaciones complementarias que se pueden hacer al clásico Visión de los vencidos, sería integrar el punto de vista de los plurales. Hablar de las visiones de los vencidos y de los indios vencedores, verlas en la ronda de las generaciones: los testigos, sus hijos y sus nietos. Esto es la variedad social, cultural, regional y temporal del mundo indígena, el cual nunca ha sido homogéneo, ni en la antigua Mesoamérica ni en el tiempo de la conquista, ni bajo el dominio español ni mucho menos en la actualidad.

 

“Todo discurso histórico que valga la pena, es más que un conjunto de datos más o menos útiles, por precisos que estos sean. Todo discurso histórico u obra historiográfica impone un orden, una secuencia narrativa, jerarquiza la información para hacerla aprehensible, y así asimilar el pasado, entender el presente y atisbar el futuro”, manifestó el especialista del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en la transmisión realizada por el canal INAH TV en YouTube.

 

Tlatelolco heroico 

En la sesión virtual, enmarcada en la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, el director del Proyecto Tlatelolco, Salvador Guilliem Arroyo, hizo un recuento de las excavaciones y estudios en el sitio, último reducto de los mexicas. Destacó que uno de los contextos más interesantes ha sido una caja de agua construida inmediatamente después de la caída de los mexicas, bajo el nivel del piso de la ciudad colonial, e inaugurado a la par del Colegio de la Santa Cruz (hacia 1536), para nutrir del vital líquido a la República de Indios de Santiago Tlatelolco. 

 

Un aspecto en el que reparó fue en los bocetos de dos personajes europeos que nunca terminaron de desarrollarse en el discurso pictográfico de ese contenedor: “esto data del momento en que el indígena va a terminar su resistencia y no se le permitió exponer los rostros europeos en un mensaje público como era el de la caja de agua”. 

 

Dichas escenas, asociadas al tianguis de Tlatelolco, el cual todavía permanecía para esa época, narraban la vida cotidiana de los habitantes de los grandes lagos de las antiguas ciudades de Tlatelolco y Tenochtitlan, ya bajo el dominio español. Tanto los diseños, como la ejecución, debieron estar a cargo del centenar de alumnos del Colegio de la Santa Cruz, y de sus más 400 párvulos.

 

“Creo que Tlatelolco no se va a resistir. Después de la caída fue nombrada República de Indios y continuó sus días, pero como el lugar del cambio, como el que sí aceptó los nuevos modelos”, concluyó Salvador Guilliem.

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