Conversatorio. Constructores de disciplina. Personajes de la Historia de la Antropología y la Arqueología. Captura de pantalla.

 

*** A través de un ciclo de conferencias organizado por el INAH Estado de México y la Dirección de Estudios Históricos

 

*** La primera sesión se dedicó a Leopoldo Batres, Manuel Gamio y Ponciano Salazar Ortegón


 

 

La manera en que distintos personajes han desarrollado el quehacer de la historia, la antropología y la arqueología en México, contribuyendo a la formación de estas disciplinas que cultiva el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), es revisada en una serie de conferencias, organizada por el Centro INAH Estado de México y la Dirección de Estudios Históricos (DEH).

 

El conversatorio virtual “Constructores de disciplina. Personajes de la historia de la antropología y la arqueología en México” busca difundir el quehacer y conocimiento que genera la institución. La primera ponencia versó sobre los trabajos de connotados investigadores en la Zona Arqueológica de Teotihuacan.

 

En el marco del 82 aniversario del INAH y de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, la investigadora Elvira Pruneda Gallegos, dictó la ponencia Ni tanto que queme a Batres, ni tanto que no lo alumbre, en la que se refirió al trabajo de su bisabuelo: Leopoldo Batres.

 

A través de la página del INAH en Facebook, la restauradora expuso que, como primer inspector y conservador del patrimonio de la nación, Batres recorrió el territorio nacional y localizó lugares desconocidos, trasladó piezas y colecciones notables al antiguo Museo Nacional y protegió la integridad de edificios ruinosos. Lo cual quedó impreso en la Carta Arqueológica de los Estados Unidos Mexicanos, de 1910, misma que consigna cerca de 170 sitios.

 

Pruneda recordó que el Museo Nacional lo contrató como colector de piezas arqueológicas que estaban en el jardín de dicho espacio y lo retó a desprender el Calendario Azteca del muro de la Catedral, donde se encontraba. Dicha maniobra sería la prueba de sus aptitudes y para lograrla se apoyó en un batallón del ejército para llevar la pieza al recinto.

 

Posteriormente, va a Teotihuacan donde encontrará pintura mural en el derruido Templo de la Agricultura, entre 1884-1886. Su segunda faena en el Estado de México fue traer al antiguo Museo Nacional a la Chalchiuhtlicue, la diosa del agua, escultura de 22 toneladas, cuya travesía duró nueve meses y fue ampliamente documentada por los medios de esa época.

 

Para 1900, Batres es responsable del primer rescate arqueológico en la Ciudad de México, en la calle de Las Escalerillas (hoy República de Guatemala). Tres años después, el nuevo reto fue traer de Coatlinchán, Estado de México, al monolito de Tláloc, “él siempre avaló su trabajo de excavación leyendo las crónicas históricas, y lo que sabía y contaba de las diferentes deidades”. 

 

Pruneda Gallegos compartió que, en marzo de 1905, el pionero de la arqueología en México inició los trabajos en la Pirámide del Sol en Teotihuacan, como parte de las celebraciones del gobierno porfirista por del primer centenario de la Independencia de México, ahí trabajaron 300 operarios organizados en cuadrillas.

 

En su intervención, quien fuera investigadora de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, la arqueóloga Verónica Ortega Cabrera, dictó la conferencia Ponciano Salazar Ortegón: un arqueólogo multifacético, de quien destacó que, gracias a sus dotes de arquitecto, diseñador e ilustrador, redactaba informes precisos de las labores arqueológicas, “mucho de lo que se sabe actualmente sobre la arquitectura teotihuacana se debe a sus estudios”.

 

Como estudiante, Ponciano Salazar colaboró con Alfonso Caso en Monte Albán. Fue uno de los arqueólogos que participó en la búsqueda de la definición del concepto de Mesoamérica, además de ser parte del contexto político-económico que abrió diversas regiones a la integración económica a partir de la actividad turística.

 

“Era muy meticuloso y registraba las piezas arqueológicas de manera detallada, ya que era muy buen dibujante. En su etapa profesional, entre 1958 a 1961, trabajó en la península de Yucatán excavando en sitios como Chichén Itzá, Kabah, Uxmal y Maxcanú.

 

“Es una de las grandes figuras de la arqueología teotihuacana que no ha sido suficientemente valorado. Vale la pena recuperarlo sistematicidad y porque dejó una gran cantidad de información que hay que analizar y sacar a la luz”, indicó la arqueóloga.

 

Por su parte, en la ponencia Gamio en una nuez, el historiador egresado de la UNAM, José Roberto Gallegos Téllez-Rojo, expuso que, cuando Manuel Gamio concluía sus estudios especializados en arqueología en los Estados Unidos, recibió una invitación del director del antiguo Museo Nacional para regresar al país e incorporarse al personal de ese recinto. 

 

“Tras hacerse cargo de la inspección de monumentos, en 1914, da un cambio cualitativo: deja de ser arqueólogo y se convierte en antropólogo”. Más tarde, Venustiano Carranza convoca a un congreso constituyente y para esa ocasión Manuel Gamio escribe el libro Forjando patria (pro nacionalismo), donde concibe su proyecto de nación.

 

Por último, el investigador citó que tras la salida del constitucionalista, Álvaro Obregón apoyó a Gamio, quien en 1921 inició los trabajos para la inauguración de La Ciudadela de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, con motivo del centenario de la Consumación de la Independencia. Después publica el libro La población del Valle de Teotihuacán, en el cual propone entender a las comunidades en su pasado y presente, para poder crear identidad nacional.

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