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Un libro de Raquel Huerta-Nava

El cotidiano contacto con las armas, ya que su padre, entre otros oficios, se desempeñaba como asistente de armero, además de su profunda amistad con la familia Bravo, dedicada a la milicia, forjaron el aspecto militar y combatiente del hombre.

A pesar de los rasgos afromestizos que lo distinguían, usados en su contra durante su mandato presidencial, al grado que lo llamaran “Negro”, su valentía y coraje lo impulsaron a combatir las fuerzas enemigas y arriesgar su propia vida por la libertad de su patria.

Contrario a lo que muchos suponen sobre el origen racial de Guerrero, éste perteneció a las castas a pesar de que en su acta de nacimiento y otros documentos oficiales, se le consideró como criollo.

Cuando hablamos de la presencia de esta tercera raíz en la persona del libertador, nos sentimos mucho más cercanos a lo que es nuestra identidad nacional; no sólo somos descendientes de Cuauhtémoc y de Cortés, sino también de aquellos negros que vinieron a trabajar a las plantaciones, mencionó el historiador Raymundo Alva Zavala.     

Así transcurriría la vida del “Negro Saldaña”, hasta que fue invitado a unirse al movimiento que encabezó José María Morelos cuando arribó a Técpan de Galeana luego de que estalló la Guerra de Independencia. En ese momento, según la autora, se le presentó la oportunidad de cambiar el destino del país.

Sin embargo, al ser su padre simpatizante del realismo español, el virrey le ofrece el indulto a cambio de deponer las armas, a lo que el futuro general de las fuerzas armadas respondió la frase con la que actualmente se le identifica: “La patria es primero”.

A la muerte de Morelos, y después de que muchos insurgentes optaran por el indulto del virrey, Guerrero siguió la pelea en las montañas del sur y enfrentó en varias ocasiones, sin ser derrotado, al ejército de Iturbide con quien, tiempo después, hizo acuerdos y unió sus tropas, lo que derivó en la formación del Ejército Trigarante, pacto sellado con el conocido Abrazo de Acatempan el 10 de febrero de 1821.

Sin duda, la atinada prosa y el vertiginoso ritmo utilizados en la redacción de El Guerrero del Alba. La vida de Vicente Guerrero, plasman los ataques de las fuerzas realistas, la derrota de Armijo, botines de guerra, la conformación y primeras acciones del ejército además de las alianzas y alejamientos con Iturbide, así como la gestación del Ejército Trigarante y la proclamación del Plan de Iguala.

En el texto, Huerta-Nava aporta nuevos datos acerca de la vida, en todos sus aspectos, de quien fue el segundo presidente constitucional de México; reivindica, por medio de información histórica sustentada y la adaptación de leyendas, al hombre que formó parte integral del devenir patriótico del país. Sin duda, una ventana al pasado que permite comprender mejor el presente.