Valle de Tehuacán-Cuicatlán hábitat originario de Mesoamérica. Foto: Mauricio Marat. INAH.

 

*** Con la participación de especialistas del INAH, la CONANP e independientes, tuvo lugar un conversatorio virtual al respecto

 

*** Garantizar su conservación y detonar otras formas de desarrollo, así como la elaboración del plan de manejo del sitio, entre los temas a trabajar


 

 

El Valle Tehuacán-Cuicatlán es un área reconocida como cuna de la cultura y de la irrigación mesoamericana, por tanto, fue el primer sitio prehispánico y el más representativo del manejo del agua en esa región, de ahí que haya sido reconocido por el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, resaltó el historiador Francisco Vidargas.

Durante el conversatorio “Tehuacán-Cuicatlán, a dos años de su inscripción como Patrimonio Mundial mixto”, celebrado virtualmente a través del canal de INAH TV en YouTube, el subdirector de la Dirección de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), resumió brevemente el proceso de declaratoria de este bien.

Explicó que, dadas las características del Valle de Tehuacán-Cuicatlán, el enfoque cultural de la candidatura se basó en el Programa Evolución Humana, Adaptaciones, Migraciones y Desarrollos Sociales de la UNESCO, creado por esa instancia en el marco de la estrategia global de 1994, para lograr una lista de patrimonio más representativa y equilibrada.

“Estábamos conscientes de que la nominación de bienes mixtos, pese a todo, es y sigue siendo compleja. En 2019, de los mil 121 sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, 869 eran culturales y 213 naturales, solamente 39 eran mixtos, de los cuales ocho están en América Latina: dos en México, un par en Perú, uno en Brasil, al igual que en Colombia, Guatemala y Jamaica”, detalló.

En el marco de la campaña de difusión “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, Vidargas afirmó que la candidatura para la inscripción como Patrimonio Mundial, en la categoría de Bien Mixto, representó un paradigma conceptual y de perspectivas de evaluación de bienes con valores excepcionales unidos, y de interrelación entre cultura y naturaleza, en el que participaron cerca de 40 especialistas, coordinados por el INAH y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

La bióloga Pía Gallina, experta de la Conanp en bienes naturales con declaratoria de Patrimonio Mundial, mencionó que los valores naturales del valle ya se conocían, de manera que formaba parte del catálogo nacional indicativo, en el cual se consignan los sitios que tienen el potencial para ser incorporados a la lista nominativa de la UNESCO.

“Sabíamos de su gran biodiversidad y, como tal, habíamos propuesto, fundamentados en que es un Área Natural Protegida (ANP) y que se trata de una Reserva de la Biosfera, lo que nos dio elementos para garantizar su protección y conservación e, inclusive, su manejo”, indicó.

Expuso que cuando inició el proyecto para lograr el reconocimiento de la UNESCO, se observó que el valle tenía características culturales muy importantes, las cuales se fueron incorporando al expediente paulatinamente, con la ayuda de los especialistas del INAH: el gran valor de los sistemas hidráulicos, los desarrollos tecnológicos y los testimonios de los inicios de la agricultura.

En su intervención, Nelly Robles, directora del proyecto de conservación arqueológica en Monte Albán y Atzompa, enfatizó la importancia del reconocimiento internacional del Valle Tehuacán-Cuicatlán, toda vez que en diferentes áreas de la reserva existen vestigios de instalaciones muy antiguas sobre el manejo del agua, las cuales denotan la enorme preocupación de los antiguos habitantes por realizar un manejo colectivo del líquido.

La arqueóloga reveló que en Tehuacán están las manifestaciones más antiguas de un uso comunitario de este recurso hídrico a gran escala. Un ejemplo es la presa Purrón y el sistema de canales que se derivan de ella y de otras áreas; mientras que los canales de Cuicatlán siguen siendo parte de los usos y costumbres de los pueblos originarios de la región.

Robles subrayó que la región cuenta con una cantidad importante de sitios arqueológicos ubicados en las partes bajas, como Xiquila o Cuicatlán, los cuales van subiendo hasta la parte alta de la sierra Mixteca, donde se aprecian las manifestaciones culturales más importantes, sobre todo, de la época posclásica, donde la utilización del vital líquido era un factor importante.


“Tenemos manifestaciones muy antiguas en cuevas o abrigos rocosos, hay expresiones gráfico-rupestres, prácticamente, en toda la región, pero que han sido poco documentadas; sobresale la Cueva de Las Manitas, en Cuicatlán, la cual estamos investigando y pensamos que se empezó a pintar desde la prehistoria hasta la Conquista, es ahí donde, por primera vez, aparece un motivo de un ‘árbol de la vida’”, destacó.

Sobre la trascendencia de este tipo de nominación, en cuanto a la riqueza cultural y biológica, el arqueólogo Blas Castellón, de la Dirección de Estudios Arqueológicos (DEA) del INAH, comentó que se “estaba claro que Tehuacán-Cuicatlán era una de las áreas, a nivel mundial, donde se podía rastrear el origen de la civilización en general, teníamos documentados los orígenes del cultivo, la experimentación con plantas en un clima desfavorable, pero con suficiente agua, donde los antiguos habitantes lograron domesticar una serie de especies muy importantes”.

Detalló que hace unos mil años antes de la era cristiana, los pobladores, quienes vivían en pequeñas aldeas y cuya organización social no era muy compleja, empezaron a cultivar el maíz y tomaron la decisión de hacer varios embalses, “empezaron con pequeñas represas hasta que crearon una más grande: Purrón, al sur de Puebla, cerca de los límites con Oaxaca, cuya capacidad es de más de un millón de metros cúbicos”.

A decir de Humberto Fernández, director de Conservación Humana AC, organización dedicada a la conservación del patrimonio natural y cultural para el desarrollo sostenible, se puede afirmar, extraoficialmente, que el Valle de Tehuacán-Cuicatlán es el sitio árido con mayor diversidad biológica del continente y con una gran importancia cultural.

“Con 25 años de experiencia en el cuidado del patrimonio, fui invitado a participar en la preparación del expediente. Ahora, el reto que tenemos todos, además del INAH y la Conanp, es no solamente salvaguardar este patrimonio, sino seguir involucrando a las comunidades locales y a la sociedad en su conjunto para garantizar su conservación y detonar otras formas de desarrollo”.

En tanto, el biólogo Fernando Reyes, director de la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán, destacó que la inscripción de la UNESCO se dio en 2018, justo en el 20 aniversario de su reconocimiento como ANP, misma que abarca 490 mil 186 hectáreas, de las cuales el polígono como Patrimonio Mundial tiene casi una tercera parte.

Subrayó que, en este par años, tras la inclusión en la lista de la UNESCO, se creó un consejo asesor para cada estado (Puebla y Oaxaca), integrado por 12 sectores, representados en estos espacios, con cerca de 29 integrantes. Se organizaron 20 brigadas comunitarias que vigilan el medio silvestre, protegen los sitios arqueológicos y ayudan a realizar actividades de monitoreo biológico; son alrededor de 200 personas capacitadas las que las integran.

Asimismo, siete mil 160 personas han participado anualmente en actividades de cultura para la conservación. Además se llevan a cabo iniciativas orientadas al desarrollo sostenible, las cuales se traducen en alrededor de 16 proyectos que han beneficiado de manera directa a 480 personas, relativos a la producción de artesanías de palma y barro, de plantas nativas, entre otros.

Finalmente, Francisco Vidargas expuso que la elaboración del plan de manejo para Tehuacán-Cuicatlán se hará con la participación de las comunidades, “se tiene que trabajar con todos los actores involucrados, es un proceso de varios años; para poder entregar el de Calakmul, el año pasado, se hizo un gran esfuerzo”.

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