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Monte Albán, un Patrimonio Mundial resiliente a los embates de la naturaleza y de la acción humana: Foto: INAH.

 

*** Desde su experiencia en este lugar y en Atzompa, la doctora Nelly Robles habló sobre la prevención de riesgos en los planes de conservación de zonas arqueológicas

 

*** Especialistas del INAH participan en el seminario internacional virtual “Planes de Conservación y Monitoreo para Sitios del Patrimonio Mundial en Latinoamérica”


 

 

Factores naturales y humanos repercuten en la conservación de los sitios declarados Patrimonio Mundial, ejemplo de ello son las nuevas dinámicas que se establecerán en centros históricos de populosas urbes como Ciudad de México, en museos y zonas arqueológicas, derivado de la pandemia de COVID-19. Debido a que estos espacios son cambiantes, requieren estrategias flexibles para su gestión y, a su vez, sustentadas en las directrices de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural.

 

En lo anterior coincidieron las especialistas Rosana Calderón Martín del Campo y Nelly Robles García, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al participar en el segundo día del seminario internacional virtual “Planes de Conservación y Monitoreo para Sitios del Patrimonio Mundial en Latinoamérica”, coordinado por el INAH y el Servicio Nacional de Patrimonio Cultural de Chile.

 

Desde su experiencia en la gestión de las zonas arqueológicas de Monte Albán y de Atzompa, particularmente vulnerables al embate de sismos e incendios, y a la presión del crecimiento urbano de la ciudad de Oaxaca –el cual conlleva la invasión a terrenos de sus poligonales–, la doctora Robles García expuso sobre la prevención de riesgos en los planes de conservación del patrimonio arqueológico.

 

En el foro digital, difundido en el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, la arqueóloga hizo hincapié en que la serie de acciones apegadas al Plan de Manejo de Monte Albán, fueron reconocidas como Buenas Prácticas en la Conservación de Bienes Patrimonio Mundial, en 2012, por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

 

Un adecuado manejo de las situaciones de riesgo en sitios patrimoniales, depende de la organización eficiente de los recursos humanos y financieros disponibles. “Esto es lo que hace la gran diferencia”, dijo.

 

Monte Albán abarca más de 2,000 hectáreas, un terreno inmenso sobre el que se distribuyen distintos conjuntos de monumentos prehispánicos, los cuales son vulnerables a connatos de incendios. Para controlarlos se alternan diversas técnicas como la excavación de líneas negras (cepas que se hacen con el apoyo de las comunidades); asimismo, el personal del sitio está capacitado en el manejo de extintores, y una brigada especial se encarga de alertar a los bomberos y a Protección Civil.

 

El registro de los incendios en Monte Albán ha permitido conocer los puntos de origen del fuego, casi todos relacionados con la quema de basura o de suelo para cultivo en las poblaciones cercanas, el cual se sale de control con las ráfagas de viento. Para contrarrestar los efectos, el sitio emprende campañas de reforestación en las zonas siniestradas, con la participación de los propios comuneros y ejidatarios.

 

Respecto a los sismos, Nelly Robles refirió que en la capital oaxaqueña y en los Valles Centrales, donde se encuentran varios sitios arqueológicos, cruzan cinco placas tectónicas, por lo que los movimientos telúricos se presentan a diario. Sin embargo, los más dañinos para el patrimonio fueron los registrados el 19 de septiembre de 2017 y el pasado 23 de junio, con magnitudes de 8.2 y 7.5 en la escala Richter, respectivamente.

 

“La geología bajo los monumentos de Monte Albán es sumamente inestable, hablamos de capas sedimentarias con deslizamientos severos. Obviamente, no podemos corregir estas fallas, pero sí tomar acciones para que las edificaciones se muevan menos; las inmediatas, son la delimitación preventiva, los apuntalamientos y la colocación de protecciones contra la lluvia.

 

“Debemos aprovechar los periodos en que no tenemos este tipo de siniestros, para darnos a la tarea de sumar más voluntarios, desde las corporaciones estatales, servicio social estudiantil (para apoyar en el inventario de daños), hasta la gente de las comunidades que nos rodean”, explicó.

 

“Con la documentación acumulada sobre estas catástrofes, podemos justificar la adquisición de estas herramientas ante las agencias de cooperación internacional”, comentó la arqueóloga Robles al referir que Monte Albán cuenta con un sismógrafo donado por el gobierno japonés, luego de los sismos de 1999, además de radares de penetración y escáneres 3D para el registro de las áreas afectadas, tecnología que se obtuvo con recursos del World Monuments Fund.

 

A su vez, la colocación de malla ciclónica alrededor de la poligonal de Monte Albán, sirve de “barrera psicológica” para mitigar las invasiones irregulares que pueden afectar contextos arqueológicos no excavados. Es a través de estos rescates y salvamentos cuando existe la oportunidad de concientizar a los habitantes.

 

Por su parte, Rosana Calderón, subdirectora de Proyectos Especiales en la Dirección de Patrimonio Mundial del INAH, compartió las medidas que el Gobierno de la Ciudad de México ha establecido para reactivar la vida en el Centro Histórico, las cuales incluyen la reducción a un carril para los automóviles, la ampliación de banquetas para mejorar la circulación de los viandantes y el aumento de calles de uso meramente peatonal.

 

La restauradora instó a generar líneas metodológicas de análisis del patrimonio cultural, además de mantener una aproximación crítica, una visión integral y secuencial que contribuya al conocimiento y evaluación del estado de conservación de los bienes, con el objetivo de intervenirlos adecuadamente.

 

Los planes de conservación, finalizó, deben contar con principios y criterios que les den solidez, y contemplar conocimientos detallados de aspectos legales, significación y vinculación social; contar con equipos inter y multidisciplinarios que traten el bien cultural como documento histórico; además de la planificación de financiamiento y la gestión de recursos, así como estrategias encaminadas al turismo sustentable.

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