Director. Diego Prieto Hernández

 

Con motivo de este Comunicado emitido por el antropólogo Diego Prieto, la Secretaria de Cultura del Gobierno de México, Alejandra Frausto Guerrero, envía un breve mensaje a la Comunidad del INAH:  

 

"Espero que estén muy bien ustedes y sus familias.  

 

Quiero agradecerles la paciencia en este tiempo. Con su perseverancia y su trabajo esforzado, han salvado vidas. 

 

Tendremos ya pronto la Guía para la reapertura de los espacios culturales, y estamos esperando la validación de la Secretaría de Salud. 

 

Sigan cuidándose y cuidando el patrimonio cultural de México. 

 

Un abrazo fraternal. 

Alejandra Frausto"

 

 A la comunidad del Instituto Nacional de Antropología e Historia 

Me dirijo nuevamente a ustedes, atendiendo dudas, inquietudes y sugerencias planteadas por distintos grupos, gremios y compañeros del INAH, para explicar la situación en que se encuentra nuestra Institución, en la difícil circunstancia por la que atraviesa el mundo, nuestro país y gran parte de los mexicanos, sobre todo quienes se han visto afectados por la nueva enfermedad del COVID-19, y quienes, dadas las circunstancias de pobreza, desempleo y precariedad en que viven, están en mayor desventaja para hacer frente a la pandemia y a la reducción de las actividades económicas que la acompaña; y para hacer con ustedes una reflexión sobre el papel que el Instituto habrá de desempeñar en la reactivación social, cultural y económica de México, en el contexto de la ‘nueva normalidad’, y en la atención de los grandes desafíos que habremos de enfrentar hacia el 2021 y los años por venir. 

El pasado dos de febrero, en una sencilla y emotiva ceremonia en homenaje a don Alfonso Caso, fundador del INAH, concluimos las jornadas de conmemoración de los ochenta años del INAH. Fue un año de intensa actividad, que nos permitió ponderar lo mucho que el INAH ha aportado a la nación, en el fortalecimiento de su identidad, la recuperación de su memoria histórica, el estudio de su población, el análisis de sus problemas prioritarios, y el reconocimiento de su diversidad cultural, étnica, lingüística, social, regional y comunitaria. Un año que evidenció y reforzó el prestigio y la presencia del Instituto en todo el país, permitió avanzar en su fortalecimiento institucional, y ubicar los problemas y las inercias que debemos superar, en el camino de su renovación. Este año se acompañó también de asombrosos hallazgos y recuperaciones, que incrementaron el acervo patrimonial de México y favorecieron la presencia continua del Instituto en el interés público. 

Al inicio de 2020, a iniciativa del Presidente de la República, emprendimos un programa de regularización de la situación laboral del personal operativo de campo en zonas arqueológicas y museos, en beneficio de 250 trabajadores, que estaban contratados como prestadores de servicios, algunos con más de treinta años de antigüedad, en condiciones precarias y de inestablilidad laboral. A su vez, en el contexto favorable de ese programa, fortalecimos las gestiones para obtener la suficiencia presupuestal que requiere el personal eventual, y para lograr el reconocimiento de los reglamentos, derechos y prestaciones, que forman parte de las Condiciones Generales de Trabajo y que no tienen la necesaria autorización de Hacienda; condición indispensable para superar el déficit histórico que arrastra el INAH en materia de servicios personales (capítulo 1000). 

Con un presupuesto asignado al INAH en el Presupuesto de Egresos de la Federación, de 3,918 millones de pesos (mdp) y un horizonte de recuperación de recursos autogenerados por arriba de 800 mdp, el año 2020 pintaba mejor que 2019; que cerramos en buenos términos, gracias al apoyo de las secretarías de Cultura y de Hacienda, que autorizaron ampliaciones líquidas a nuestro presupuesto original por 410 mdp, además del reintegro de 510 mdp de recursos autogenerados. 

Estabamos, por decirlo así, en la ruta del despegue institucional, de la mano con la Secretaría de Cultura, cuando apenas un mes y medio después de nuestro 81 aniversario –como puede constatarse en el primer comunicado de este tipo, del pasado 18 de marzo–, tuvimos que atender las disposiciones sanitarias del Gobierno, para reducir el ritmo de contagio de la epidemia del COVID-19, que empezaba a intensificarse. Esta situación de emergencia sanitaria, llevó al cierre generalizado de museos y zonas arqueológicas a partir del 23 de marzo (algunas zonas cerraron los días 20, 21 y 22), y al cierre temporal de todos los centros de trabajo del INAH, desde el 26 de marzo hasta la actualidad. 

Llevamos ya más de dos meses de esta Jornada Nacional, que concluirá el 31 de mayo. No obstante, como se ha reiterado por las autoridades sanitarias, ello no significa la reanudación general de las actividades, ni la apertura total de los espacios culturales y recintos patrimoniales a cargo nuestro, ni el regreso de todos a laborar en los centros de trabajo. Se han establecido, como lo saben ustedes, las condiciones, las medidas y los protocolos conducentes para un retorno gradual, escalonado y cuidadoso, a lo que se ha dado en llamar la ‘nueva normalidad’. Retorno que estará sujeto a las condiciones particulares de cada entidad, de cada municipio o de cada zona metropolitana. 

Esta semana, en coordinación con la Secretaría de Cultura, y en apego a los lineamientos establecidos por la Secretaría de Salud, daremos a conocer los protocolos específicos para la atención de las medidas de higiene, sanitización, control de acceso, aforos, sana distancia y, en general, el cuidado de la salud de trabajadores, visitantes, estudiantes y usuarios, en espacios culturales y centros de trabajo del INAH, de acuerdo con el escenario definido por el semáforo en cada entidad (rojo, naranja, amarillo o verde), y con el tipo de lugar del que se trate: espacio público abierto (zonas arqueológicas); espacio público cerrado (museos, monumentos históricos, auditorios o bibliotecas); oficinas, laboratorios y áreas de atención de trámites; y escuelas. En todo tiempo, debemos observar las medidas generales de prevención y atender el cuidado de los compañeros más vulnerables a la epidemia, de quienes tienen niños o familiares que cuidar, y de aquellos que presenten cualquier síntoma respiratorio, para que puedan permanecer en casa. 

Durante estos meses, y en lo que resta para el regreso a la ‘nueva normalidad’, nos seguiremos haciendo cargo de atender las tareas ineludibles, imprescindibles e impostergables, que no pueden llevarse desde casa; así como múltiples tareas de investigación, conservación, protección jurídica, difusión, diseño, comunicación y docencia, que se han efectuado con la dedicación, imaginación y compromiso de la mayor parte de los integrantes de nuestra comunidad, desde el confinamiento domiciliario y respetando la restricción de la movilidad en el espacio público. A todos, mi reconocimiento. 

Debemos destacar el empeño, por ejemplo, de quienes han continuado en tareas de vigilancia y cuidado de nuestros recintos y colecciones; mantenimiento indispensable de inmuebles históricos y arqueológicos, así como de los acervos y bienes culturales bajo nuestro cuidado, lo que incluye la atención a los incendios que se produjeron en Yucatán, Quintana Roo y otros estados, poniendo en riesgo importantes zonas de monumentos arqueológicos; mantenimiento a los sistemas informáticos y de interconexión del Instituto; protección legal y técnica del patrimonio arqueológico, histórico y paleontológico, incluyendo el acompañamiento a obras prioritarias del Gobierno Federal; así como el pago de nóminas y la atención de contratos de prestadores de servicios (capítulo 3000). A los compañeros que han hecho posibles dichas tareas, con enorme disposición, nuestro aprecio y gratitud. 

De igual manera, muchos compañeros han estado presentes, desde su domicilio, con múltiples iniciativas para continuar con los proyectos académicos, de difusión, de impartición de clases, de análisis de fuentes y materiales. La difusión y divulgación por medios electrónicos ha sido muy relevante en esta etapa difícil, contribuyendo con el programa Contigo en la Distancia de la Secretaría de Cultura, y mediante la serie Documentales INAH, que se trasmite todos los días a las 17:00 horas, con la oportunidad de interactuar con especialistas en las diversas materias de nuestra competencia, con un éxito espectacular. En este período y como siempre, el INAH ha estado muy presente en los medios, en las redes y plataformas, como la gran Institución que se ocupa del conocimiento, la valoración, el rescate, la difusión y el disfrute social de nuestro patrimonio arqueológico, histórico, antropológico y paleontológico. Todo mi reconcimiento al personal de la Dirección de Medios y al sinnúmero de colegas que, de muy diversas maneras, han participado en estas intensas jornadas de difusión en redes y medios, incluyendo la mayor parte de los museos del Instituto. 

Un tema complejo es el que se deriva de la reducción al presupuesto del Instituto, afectado por la aplicación de las obligadas medidas de austeridad, ahorro y disminución de gastos, motivadas por la necesidad de orientar esfuerzos presupuestales a la reconversión hospitalaria, la atención a la emergencia sanitaria, la adquisición de insumos médicos para tratar a los enfermos y proteger al personal de salud, y la canalización de apoyos sociales a las poblaciones más vulnerables. 

El 8 de abril la Secretaría de la Función Pública emitió una circular que instruye la disminución del 50% en los gastos de operación y servicios generales. El 13 de abril, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público emitió dos comunicados que cancelan cualquier contrato o compromiso de gasto que se pretendiera contraer después del 16 de abril. El 23 de abril se publicó un Decreto Presidencial que establece medidas de austeridad que deberán observar las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, en que se ordena la disminución del 75% del presupuesto disponible de las partidas de servicios generales y materiales y suministros. Con estas medidas, el presupuesto modificado del Instituto quedó en 3,171 mdp, casi 750 mdp menos que el presupuesto inicialmente autorizado. A ello hay que agregar que el cierre de museos y zonas arqueológicas, por más de setenta días y hasta que las autoridades nos indiquen la posibilidad de aperturas parciales, reducirá sin duda a menos de 500 mdp la captación de ingresos propios. 

Pero el propio Decreto Presidencial establece las bases para la comprensión humanista y solidaria de las disposiciones contenidas en él; pues su fracción I. inicia con una afirmación contundente y del todo atendible: “No será despedido ningún trabajador, pero no habrá incremento de personal”. Esa determinación tajante, ayuda en definitiva al Instituto, y vuelve a poner en el horizonte la necesidad de superar la distorsión histórica en la estructura del presupuesto que el INAH ha venido arrastrando, pues cualquier disminución en nuestro presupuesto incide en el capítulo 1000, cargado de obligaciones de gasto que no tienen la debida autorización hacendaria. 

El viernes 24 de abril, en reunión virtual con la Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, ella fijó el límite de nuestra contracción presupuestal y el necesario esfuerzo de ahorro: 1) no despedir a nadie, incluyendo a los compañeros contratados por capítulo 3000; 2) no afectar la tarea sustantiva del Instituto, en particular la que corresponde a nuestras obligaciones establecidas en la Ley, y a los compromisos con programas prioritarios del Gobierno, incluyendo la restauración de los bienes culturales afectados por los sismos de 2017, y 3) no afectar las remuneraciones y prestaciones de los trabajadores. 

Se trata de poner en equilibrio tres valores fundamentales: el de la solidaridad con quienes demandan el auxilio de los servicios médicos y el apoyo de los programas sociales; el de la conservación del trabajo y el ingreso de todos los integrantes de esta gran comunidad académica y cultural; y el de la pervivencia de una gran Institución que está llamada a hacer importantes aportaciones a la reactivación económica del país y a la transformación de México, en el camino de la justicia, la igualdad y la pluralidad. 

Es importante reconocer que, en el marco del confinamiento domiciliario, de manera natural muchos gastos se han abatido, sin que ello afecte el trabajo que seguimos desempeñando. Por supuesto que nuestros proyectos de investigación, conservación, difusión, docencia y museografía continuarán. Muchas actividades se tendrán que reprogramar o reorientar, como ya lo estamos haciendo. Nuestros proyectos se apoyan fundamentalmente en la capacidad de trabajo, que con el respaldo del Gobierno se mantiene intacta. Algunos proyectos cuentan además con recursos de terceros, y otros se tendrán que reorganizar, para priorizar el trabajo de gabinete, recalendarizando la excavación, la temporada de campo, la publicación, el montaje museográfico, el Congreso, la presentación del libro o la estancia internacional, para los años próximos. El INAH sigue y seguirá trabajando con todo su potencial. 

En este proceso de reactivación progresiva hacia la ‘nueva normalidad’, quiero llamar a todos a preparar la plataforma de lanzamiento del INAH hacia el 2021, cuando el país tendrá que repensarse a la luz de la conmemoración de los 500 años de la intrusión violenta, traumática, incluso epidémica, pero también enriquecedora, de las culturas europeas en nuestro territorio, y con ello de las que llegaron de África y de Asia, en aquella primera globalización mercantilista; así como de la celebración de los 200 años de vida independiente de México como país. Tendremos que ponderar las lecciones de nuestra historia y repensar el proyecto de la nación ante el mundo, refrendando nuestro papel decisivo en la construcción de identidades, en el reconocimiento de referentes simbólicos, en la posibilidad de construir espacios de interculturalidad, en la necesidad de revalorar nuestro patrimonio biocultural y darle voz a los pueblos y culturas de México en su diversidad, avanzando en la equidad, la pluralidad, la paz y la justicia. 

En este momento, es fundamental que fortalezcamos la comunicación entre todos los sectores de la Institución; que contemos con información clara y pertinente para afrontar los desafíos; y que establezcamos canales de participación, para que todos nos involucremos en la necesaria renovación que habremos de emprender en la etapa que se abre con la ‘nueva normalidad’. Me congratulo que en este periodo de emergencia sanitaria hayamos podido sostener video reuniones con todas las organizaciones gremiales existentes en el Instituto. En todas ellas he encontrado la disposición solidaria para hacernos cargo del esfuerzo al que nos convoca el momento difícil del país, sin afectar la tarea sustantiva del INAH, ni los ingresos legítimos de los trabajadores. 

Es el momento de impulsar el debate abierto, crítico y libre al interior del INAH sobre la situación general del mundo y de nuestro país en la nueva era que se abre tras la pandemia del COVID-19 y las lecciones que ésta le plantea a la especie humana; sobre las perspectivas del INAH en el futuro próximo y lo que tenemos que aportar a la reactivación social, cultural y económica de México, y de cada una de las regiones y comunidades que lo integran; y sobre los cambios que requiere el Instituto para asumir de mejor manera los crecientes encargos sociales que tenemos planteados, lo que incluye la reorganización del Instituto, la configuración de sus cuerpos colegiados y la definición de estrategias y políticas de investigación, conservación, difusión y docencia. Espero que pronto podamos emprender este debate y, en cuanto me sea posible, acudiré a los centros de trabajo, como lo he hecho antes, para continuar el diálogo directo y atender las inquietudes, preguntas, enfoques y posicionamientos. 

Quiero expresar mi pesar y mis condolencias por las compañeras y compañeros que han perdido la vida en estos meses de confinamiento, cualquiera que sea la causa; enviar un abrazo cariñoso y solidario a quienes han perdido a familiares o amigos en estas circunstancias; y mandar un saludo de aliento y compañía a quienes se han visto afectados, algunos gravemente, por esta enfermedad nueva y hasta hoy insuficientemente conocida. El INAH es una gran comunidad en la que todos contamos por igual y en la que nos une la solidaridad, la pasión por nuestro trabajo y el compromiso con el patrimonio y la diversidad cultural de México. No lo duden, ¡saldremos adelante! 

 

F r a t e r n a l m e n t e 

Diego Prieto Hernández 

Director General 

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