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Silbato de forma antropomorfa, Figurilla antropomorfa articulada, y Figurilla antropomorfa de cerámica. Foto: Mauricio Marat. INAH.

 

*** Se exhiben los resultados de los trabajos de investigación y conservación del proyecto encabezado por los arqueólogos Julie Gazzola y Sergio Gómez

 

*** Se incluyen 69 piezas de diversos materiales y etapas, resultado de las excavaciones realizadas en La Ciudadela de la Ciudad de los Dioses

 

 

 

El Templo de la Serpiente Emplumada (TSE), uno de los edificios más importantes de Teotihuacan desde su liberación en 1917, ha estado expuesto a diversos elementos naturales y humanos que han afectado su conservación, la labor realizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para preservarlo es punto central de una exposición que cierra el 3 de enero en el Museo de Sitio de Cuicuilco.

 

Proyecto de Investigación y Conservación del Templo de la Serpiente Emplumada en Teotihuacán 2002-2019, es el título de la muestra con sede en la Zona Arqueológica de Cuicuilco, cuyo discurso condensa parte de la investigación realizada para determinar las causas del deterioro, así como las labores llevadas a cabo para subsanarlo.

 

Incluye 69 piezas únicas en los contextos arqueológicos teotihuacanos, resultado de los trabajos para mejorar las condiciones de la estructura prehispánica: durante los trabajos se registraron numerosos y variados materiales arqueológicos de diferentes cronologías, de los cuales se exhibe una pequeña muestra.

 

Se trata de objetos de ofrendas que fueron colocados en distintos espacios, entre éstas, algunas formas como copas y cajetes con pedestal, que no se habían visto y registrado antes en el sitio, explica Julie Gazzola, curadora de la exhibición y titular del proyecto de investigación en el Templo de la Serpiente Emplumada, realizado conjuntamente con el arqueólogo Sergio Gómez.

 

Entre las piezas en exhibición, la curadora destaca una pequeña pieza cerámica —que cabe en la palma de la mano—, de la cual desconocemos su función, explica, porque no es un recipiente. Fue decomisada a un vendedor ambulante, por lo que no se tiene el contexto arqueológico, ni una cronología precisa, pero gracias al análisis de termoluminiscencia en la UNAM, se dató en aproximadamente 600 d.C.

 

“Gracias al fechamiento se determinó que es parte de la cultura teotihuacana. En el centro tiene la representación de un cráneo, iconografía que no suele encontrarse en Teotihuacan, por lo que en un principio supusimos que era falsa y se mandó analizar”, dice Gazzola.

 

También se exhiben pinturas sobre acabado de lodo, que son probablemente la mayor colección de piezas de este tipo en Teotihuacan, pues generalmente se localizan pinturas hechas sobre estucos, no sobre barro; estas últimas, de acuerdo con algunos investigadores, fueron utilizadas en edificios de bajo estatus, pero con este hallazgo, ocurrido en La Ciudadela, se demuestra que ambos materiales fueron utilizados para decorar construcciones de la alta jerarquía.

 

El montaje incluye la exposición de un cráneo humano con deformación tabular erecta, otro de un jabalí, diversas piezas cerámicas, un silbato de forma antropomorfa, dos figurillas antropomorfas, una articulada y otra de cerámica, el caparazón de una tortuga de la especie Rhinoclemmys sp, entre otras piezas.

 

Un proyecto para frenar deterioro

 

Julie Gazzola explica que los daños en el Templo de la Serpiente Emplumada incluyen acelerados procesos de arenización, descamación, fractura y desprendimiento de fragmentos de las piedras esculpidas que decoran la fachada.

 

Por tal motivo, junto con el arqueólogo Sergio Gómez, crearon en 2002 un proyecto, iniciando con una investigación para determinar cuáles eran las causas del deterioro. Se convocó a un grupo de especialistas multidisciplinario y de diferentes instituciones, para discutir la compleja problemática desde distintas perspectivas.

 

Gazzola detalla que luego de analizar la información disponible, se concluyó que la humedad es el factor que desencadena la incidencia de otros agentes que originan el deterioro del edificio. Cada año, durante la temporada de lluvias, La Ciudadela (donde se ubica el templo) capta en su interior varios millones de metros cúbicos de agua, y al carecer de alguna forma de evacuación, se provoca la humedad que daña las estructuras, explica la investigadora.

 

Aunado a este tipo de afectación, el templo, al estar expuesto, se ha ido degradando debido a los efectos a la radiación solar y el viento, entre otros. En 1990 se decidió cubrirlo, salvo la fachada esculpida, con una gruesa capa de concreto, que aún no ha sido retirada, lo que evita que la estructura “respire”.

 

Este revestimiento impide la evaporación del agua de lluvia que se filtra al subsuelo, por proceso de capilaridad es absorbida y retenida en el núcleo del edificio cuya única salida es la fachada poniente, la principal, donde se encuentran los tableros con las esculturas de las cabezas de serpientes emplumadas. Asimismo, el humedecimiento trae consigo la aparición de las sales del cemento que compone al material contemporáneo.

 

“En un ambiente cuyos cambios de temperatura son muy extremos, puede haber una variación de hasta 20 grados en un solo día, y este salitre se contrae y hace estallar la piedra, o genera fisuras presentes en la fachada, así como la descamación y desprendimiento de material pétreo, además de la aparición de líquenes, e incluso, la pérdida de su consistencia, ya que se está volviendo arena”.

 

Para eliminar o neutralizar las causas y los agentes del deterioro, los integrantes del proyecto diseñaron una estrategia que consistió en rehabilitar y eficientar el sistema de drenaje y restituir los pisos de los conjuntos adyacentes.

 

“Encontramos algunos sistemas de drenajes prehispánicos que rehabilitamos, pero debido a la cantidad de lluvia que cae en la zona, instalamos otros, hechos con tubos para evacuar lo más que se pudiera el líquido pluvial. De igual forma, en los conjuntos 1D, 1E y 1C, construidos al norte y sur del templo, se registraron y protegieron los pisos antiguos con unos modernos, pues los originales estaban muy deteriorados; en 2018 se terminaron estos trabajos”, relata Gazzola.

 

Recientes hallazgos

 

Gracias a las exploraciones realizadas desde 2002 a la fecha en la Gran Plaza, se han descubierto los restos de un primer santuario, conformado por varias estructuras distribuidas en torno a tres elementos: un templo que antecedió al de la Serpiente Emplumada; un túnel ubicado a casi 15 metros de profundidad con 103 metros de longitud, y una estructura de 123 metros de largo que funcionó como una cancha para el juego de pelota.

 

De las diferentes excavaciones realizadas en la plaza para buscar los drenajes prehispánicos, se encontraron, en los rellenos del túnel, piedras esculpidas con serpientes, que no corresponden a las del actual Templo de la Serpiente Emplumada, lo cual indica que al interior de éste hubo una estructura más chica, que fue la primera. En 2003 el arqueólogo Sergio Gómez descubrió el túnel de 15 metros de profundidad y 103 de largo, que ha sido explorado, recuperándose poco más de 120 mil objetos de diversos materiales, que formaron parte de decenas de ofrendas instaladas a lo largo de este subterráneo.

 

Asimismo, se localizó una estructura de 123 metros de largo que podría ser una cancha de juego de pelota. En los materiales de relleno de esta intervención se encontró un fragmento de yugo de piedra verde, asociado a esta práctica ritual, y una gran bola de tepetate, identificada como la representación simbólica de la pelota.

 

“Hay quienes dudan que sea un juego de pelota, ya que no se han encontrado canchas en Teotihuacan. Con este hallazgo planteamos la posibilidad de que en una época más temprana se jugó el juego de pelota en esta cancha y quizás evolucionó y se realizó en plazas con anillos o estelas movibles, como lo plantea el arqueólogo Sergio Gómez para La Ventilla. Otros elementos que apoyan esta hipótesis son las 15 bolas de hule halladas dentro del túnel”, dice Gazzola.

 

Estos vestigios datan de alrededor del primer siglo después de Cristo, hasta más o menos el 150-200, cuando ya empiezan a construir el complejo de La Ciudadela y el actual Templo de la Serpiente Emplumada.

 

La exhibición estará abierta hasta el 3 de enero de 2020, en el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Cuicuilco, al sur de la Ciudad de México.

 

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