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Exposición plástica Luz de Adentro. Ofrenda al Templo Mayor. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Luz de adentro. Ofrenda al Templo Mayor se integra de 47 obras, entre óleos, acuarelas y litografías

 

*** Retratan momentos efímeros, los cuales generalmente son accesibles solo para los arqueólogos, como cuando se descubre una ofrenda


 


Como una ofrenda de gratitud y admiración a los testimonios de la cultura mexica, al Templo Mayor y a quienes todos los días se dedican a la extraordinaria labor de develar el corazón del país y a la comprensión de nuestro origen, es como el pintor Fernando Aceves Humana, concibe su trabajo, cuyas obras integran la exposición pictórica sobre los trabajos arqueológicos en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan.


En la inauguración de la exhibición Luz de adentro. Ofrenda al Templo Mayor, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y cuya sede es el Museo del Templo Mayor (MTM), Patricia Ledesma Bouchan, directora del recinto museístico, reconoció que son contadas las obras de arte que logran sensaciones tan profundas y que además retratan momentos efímeros como el de la primera vez que se descubre una ofrenda, experiencia que usualmente es accesible solo para los arqueólogos.


“De esta manera, el Proyecto Templo Mayor (PTM), bajo la dirección de Leonardo López Luján, logra mostrar la sofisticación del moderno trabajo arqueológico en el país, en el que el arte tiene una cabida lógica y armoniosa con la tarea científica que ahí se desarrolla, para permitirnos acercarnos, de mejor manera, a las profundidades del pensamiento prehispánico”, manifestó.


El arqueólogo Miguel Báez Pérez, integrante del PTM, en compañía del artista plástico, expresó que contar con un artista residente, por más de 10 años dentro del proyecto, lo vuelve un compañero con el que pueden platicar sobre sus trabajos diarios, sobre qué es lo que están haciendo y así poder transmitirles oralmente esa emoción que transformará en obra pictórica.


“El contar con alguien cuya sensibilidad es distinta, nos ayuda a planear cosas como restituciones hipotéticas. Al encontrar los restos de una ofrenda, estos ya están degradados, pero gracias a la visión del artista podríamos pensar e imaginarnos esos contextos en el momento en el que fueron depositados, hace 500 o 600 años, esa es una de las grandes virtudes de la obra de Fernando Aceves”, detalló.


Integrada por una serie de 47 obras, de las cuales 21 son óleos (17 en pequeño y cuatro en gran formato), dos litografías, así como 24 acuarelas, la exposición retratan la emoción y la sensación de los trabajos del PTM.


A lo largo de 10 años, Aceves estuvo presente en las excavaciones, atestiguando el entorno y momento exacto en que surgen a la luz las ofrendas mexicas, sucesos que capturó con su colorida paleta para traducirlos al lenguaje del arte en intensas obras plásticas, las cuales trasladan al espectador al momento mismo del descubrimiento arqueológico, y permiten compartir ese efímero instante en el que el pasado mesoamericano se presenta con toda su fuerza simbólica en el presente.


Sobre su labor como parte del equipo de trabajo del PTM, el pintor explicó que fue gracias a una persona cercana a él que tuvo contacto con el fascinante mundo de la arqueología. “La acompañé al predio Las Ajaracas, estando ahí me presentó con el equipo y pude apreciar la Ofrenda 126, justo debajo del monolito de Tlaltecuhtli, el cual había sido descubierto recientemente. Me emocioné demasiado que le pregunté al doctor Luján si podía ir a dibujar y pintar, a lo que respondió que sí y al día siguiente ya era parte del equipo”, rememoró.


Con una paleta cromática que abunda en colores, Aceves cuenta con una influencia creativa variopinta que abreva del impresionismo, y que va desde Hergé (Georges Prosper Remi, autor de Tintin), pasando por Rembrandt, Goya, Francis Bacón hasta Lucian Freud, entre otros. Sus piezas hechas in situ, son una suerte de ensayo fotográfico, pero con la calidez de su propia visión plástica.


Sobre sus procesos creativos, el artista plástico indicó que trabaja sobre formatos de MDF, muy ligeros, pequeños porque el espacio donde pinta es reducido, —en la ofrenda cercana al monolito de Tlaltecuhtli, el área no era mayor a seis metros lineales—, lleva su paleta y crea al instante, sobre sus piernas, al óleo directo. Al terminar, si no está satisfecho con el resultado y no puede regresar a la Ciudad de México, entonces retoca la pieza a partir de fotografías, aunque han sido muy pocas las que ha corregido.


En formatos grandes (1. 90 metros por 2.75 y 1.90 por 2.37), se basa en fotografías que él mismo toma o en imágenes de archivo que le facilitan, para poder transmitir ese momento especial al público, cuando no puede ver el contexto en el que fueron halladas las ofrendas, algunas veces, anegadas por tierra o lodo, “esta situación única es la que intento plasmar a través de mi oficio”.


Ofrendas, retratos de los integrantes del equipo de investigación arqueológica del PTM, así como algunos paisajes o contexto donde fueron descubiertos estos ofrecimientos a los seres ancestrales, integran la muestra donde la ciencia transmuta en una pieza de arte.


Fernando Aceves destacó que el poder apreciar lo que está surgiendo de las entrañas de la tierra: las conchas, las ofrendas, las máscaras, las esculturas de Huehuetéotl, la cantidad de restos de animales y el enigma que estos representan, es una experiencia interesante que capta con su arte: los momentos en que salen a la luz estos elementos, que ya son un hito en la historia de la arqueología mexicana.


“Recuerdo cuando pinté la ofrenda de la Tlaltecuhtli, la cual aún estaba anegada por un agua fétida pero muy transparente, como seis metros del nivel del piso, ya en el manto freático. El agua subía y bajaba cinco centímetros cada 15 segundos, parecía que la tierra respiraba, eso me dejó muy impresionado”, rememoró sobre su labor a lo largo de una década en el proyecto arqueológico.


Aceves mencionó que también ha colaborado con diversos arqueólogos como Guillermo de Anda, quien le permitió entrar a la cueva de Balamkú (Yucatán) para pintar in situ; Nelly Robles y Jaime Vera le dieron la oportunidad de poder capturar la Tumba del Señor 8 Temblor, en Atzompa (Oaxaca); también ha trabajado en Monte Albán y en Angkor, Camboya.


Actualmente desarrolla una serie de óleos sobre los sitios naturales que dieron pie a la creación de los mitos prehispánicos, para lo cual pidió asesoría al doctor Eduardo Matos Moctezuma, ya que indicó que toda mitología parte de una orografía, de un entorno.


La exposición Luz de adentro. Ofrenda al Templo Mayor permanecerá hasta el 2 de marzo de 2020, en el Museo del Templo Mayor, ubicado en Seminario 8, Centro Histórico. 

 

 

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