La violencia contra las mujeres se expresa de manera diversas, desde los actos más sutiles hasta las expresiones más dramáticas. Foto: Melitón Tapia, INAH.

 

*** Se charló sobre las causas que han llevado a que estas manifestaciones de protesta afecten parte del patrimonio histórico y artístico de la Ciudad de México

 

*** La mesa de análisis “Violencia de género, derechos y patrimonio” reunió a mujeres activistas y a profesionales de la conservación del legado cultural


 


Como parte de las actividades del Seminario Patrimonio Cultural. Antropología, Historia y Legislación, que coordina el historiador Bolfy Cottom, se realizó la mesa de análisis “Violencia de género, derechos y patrimonio cultural”, en la que se abordaron los diversos aspectos de este fenómeno que ha marcado a la sociedad mexicana.


La Dirección de Estudios Históricos (DEH), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue la sede de la reunión que incluyó tanto a mujeres activistas como a profesionales de la conservación del patrimonio cultural, el cual se ha visto afectado tras las recientes manifestaciones públicas en contra de la violencia hacía el sector femenil.


Al respecto, Bolfy Cottom afirmó que no es la primera vez que se ejerce una expresión de agresión contra bienes que representan parte del pasado, de la identidad, en toda su diversidad, y que implican, de alguna forma, elemento de cohesión social, y que por generaciones han ido formando parte de la historia nacional.


“Sin embargo, en este contexto de violencia de género, es la primera ocasión en la que se han expresado de esta forma (haciendo pintas en monumentos históricos y/o artísticos), lo cual, desde mi punto de vista, es una señal de alerta para todos”, aseguró.


Por tal razón, expuso, el seminario abrió un espacio para dialogar específicamente sobre el tema, el cual ha sido mencionado en los medios de comunicación y otros espacios de manera colateral.


Cottom recordó a Raquel Padilla, historiadora en el norte del país, que fue víctima de la violencia, “independientemente, del motivo que haya sido, así como a Abril Pérez, que también fue asesinada, sirvan estos dos ejemplos para poner en la mesa el gravísimo problema de la violencia contra las mujeres”.

Amneris Chaparro Martínez, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género, de la UNAM, citó el caso de Mary Richardson, una prominente militante feminista, quien en 1914 mutiló con un cuchillo la obra Venus del espejo, de Diego Velázquez, exhibida en la Galería Nacional de Londres, en protesta contra la aprehensión de Emmeline Pankhurst, quien luchó para que las mujeres tuvieran derechos políticos.


Rememoró diversas frases en torno a este suceso proferidas en aquella época, principalmente en contra de esa acción, las cuales remiten a lo sucedido recientemente en la Ciudad de México, así como a los actos de protesta, toma de instalaciones de distintos planteles y facultades de la UNAM, por parte de alumnas, entre otras acciones.


“En el lejano 1914, la idea de que una mujer podía representar un problema en un lugar público era novedoso. Me pregunto si en 2019 sigue siendo una novedad esta idea; la presencia de las mujeres que no se ajustan a los mandatos de la feminidad y se muestran violentas, suelen ser atacadas, amenazadas y vilipendiadas”, explicó.


Afirmó que la violencia contra las mujeres se expresa de diversas maneras, desde los actos más sutiles hasta las expresiones más dramáticas: los comentarios no bienvenidos en el espacio público, los golpes, la violencia y el abuso sexual, el acoso y el hostigamiento sexual, y el feminicidio.


“El carácter rampante de la violencia de género es lo que provoca las movilizaciones de mujeres, no al revés. El feminismo es un movimiento vivo, heterogéneo, diverso”, puntualizó.


Ayahuitl Estrada, restauradora egresada de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, una de las fundadoras del colectivo Restauradoras con Glitter, aclaró que El Ángel de la Independencia en realidad es la Victoria Alada, monumento custodiado por cuatro “mujeres”: la ley, la justicia, la guerra y la paz.


Expuso que las marchas del 16 de agosto en protesta por la violación de una joven de 17 años, por parte de policías de la alcaldía Azcapotzalco, fueron una manifestación de un problema más grave y dio algunas cifras: en México, al día, son asesinadas nueve mujeres; y ocupa el lugar 23 en naciones con más feminicidios; de enero a agosto del año en curso, 292 mujeres han sido víctimas de abuso sexual en la capital del país.


Sobre el colectivo del que forma parte, comentó que, ante estas situaciones, un grupo de restauradoras se reunieron y sumó a antropólogas e historiadoras, arquitectas, arqueólogas, con la idea de conformarse a partir del patrimonio y de cómo lo entienden, su conservación, y de cómo conciben las protestas feministas.


“El patrimonio cultural puede ser restaurado, sin embargo, las mujeres violentadas, abusadas sexualmente y torturadas, nunca volverán a ser las mismas, las desaparecidas seguirán siendo esperadas por sus dolientes y las asesinadas jamás regresan a sus casas, las vidas perdidas no pueden restaurarse, pero el tejido social sí”, afirmó, la restauradora.


Por su parte, Gabriela Durán Valis, licenciada en Desarrollo y Gestión Cultural por la UNAM, manifestó que las movilizaciones generaron acciones como el acompañamiento —por parte de contingentes— a las madres de victimas de feminicidio, como un acto de construcción de memoria y de exigencia a la sociedad para frenar la escalada de violencia directa; se hizo un llamado a generar políticas y protocolos que garanticen los derechos de las mujeres de vivir dignamente.


“Así, la intervención de monumentos considerados históricos o artísticos por las instituciones estatales, es una estrategia para visibilizar una situación de urgencia. No obstante, para muchas personas, la legitimidad de las demandas no se traduce en la de las acciones; hay otras formas de movilización pacífica que no afectan a bienes de interés común que conforman el patrimonio cultural”, destacó.


Aunque reconoció que se han agotado otros caminos de acción que, por factores de omisión, impunidad e indiferencia, no ha sido suficientes para que los sectores de la sociedad mexicana asuman un papel activo en la erradicación de este problema.


Finalmente, María Bertha Peña Tenorio, restauradora de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, del INAH, pidió revisar la forma en que se están suscitando las relaciones humanas, las cuales, dijo, hay que fortalecer para evitar y acabar con los diferentes tipos de violencia.

 

 

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