Tlaxcala

Patio interior del Museo Regional de Tlaxcala. Foto Mauricio Marat, INAH.

 

*** Reproducciones, ediciones, fotografías, joyería y diversos artículos con mucho significado 

 

*** La tienda del museo es un complemento su labor difusora


 


La expectativa de todo paseante ávido de conocer y aprender es también sorprenderse. Opciones hay muchas, pero el contacto con la historia y el pasado se hace tangible y vívido justo en el lugar de los acontecimientos. Así se advierte con las diversas estampas representativas de la capital tlaxcalteca. Tal es el caso del conjunto conventual ubicado al suroeste del centro histórico. Se trata de una edificación del siglo XVl, la cual da la bienvenida a lugareños y visitantes foráneos que de inmediato son atraídos por esos grandes muros de mampostería que hablan de historia.

 

La Plaza Xicoténcatl es el preámbulo ideal para admirar a lo alto la torre campanario que, a pesar de la sencillez de su estructura, se erige sobria y elegante en sus 29 metros de altura. El tañer de las campanas de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, parte del conjunto, guía a los visitantes por la calzada San Francisco que los conduce a cruzar las arcadas, probablemente indígenas, y que antaño fuera el camino de monjes del convento al campanario.

 

Aunque la construcción de arquitectura hispánica está ligada al convento solo por el pasillo y pareciera un cuerpo individual, la gran explanada es la antesala del conjunto e invita a los visitantes al Museo Regional, claro, no sin antes admirar la Catedral y persignarse dentro de la construcción que data de 1530.

 

Tanto la plaza Xicoténcatl como la explanada a las afueras de los recintos, se han convertido también en punto de reunión de familias y visitantes, pues además de enmarcar las fotografías del recuerdo tras las misas de celebración, es un punto más que recomendable para apreciar la vista panorámica de la ciudad capital, la cual como postal satisface el gusto de quien aprecia el consabido “recuerdo” del paseo.


Museo Regional de Tlaxcala, ventana abierta con diversas opciones


Para recorrer el lugar todo momento es propicio. Bien se escucha misa por la mañana, se respira la tranquila atmósfera del lugar y se deleita con los paisajes desde una banca en la explanada; más tarde se degustan los platillos de la región, y aún hay tiempo para apreciar la imponente construcción del que fuera el convento franciscano y una de las primeras edificaciones de esa orden, erigida bajo la advocación de san Francisco de Asís, cuyos frailes se encargarían de la evangelización de los pobladores indígenas de la zona.

 

Lo anterior plaga de historia y misticismo de forma inminente los muros y pasillos, que son el marco idóneo para albergar las expresiones de diversas generaciones, luego de la desocupación eclesiástica del espacio en aquel entonces. Es por ello que el claustro aloja actualmente al Museo Regional de Tlaxcala, instalado desde 1981, justamente para difundir el acervo que resguarda.

 

Está dividido en cinco salas: expone a la época prehispánica y muestra tanto el medio físico que caracteriza a la región tlaxcalteca como a sus primeros pobladores; la segunda describe los principales sucesos ocurridos en la entidad durante la Conquista, incluyendo la llegada de Hernán Cortés, en 1519, y la resistencia de las tribus tlaxcaltecas.

 

La siguiente sala se localiza en el claustro alto y exhibe esculturas y pinturas coloniales, resaltando algunas obras de carácter religioso, como las escenas de la vida de san Francisco y algunas esculturas de frailes. Los periodos Paleolítico Arcaico, Formativo, Clásico, Epiclásico, Posclásico y la historia religiosa, lo mismo que gobierno y sociedad forman el vasto cúmulo histórico que, si bien está representado para su comprensión clara, invita a adentrarse con más detenimiento.

 

Y dado que el conocimiento pierde valor si no se divulga, justo para complementarlo el Museo Regional de Tlaxcala cumple su labor difusora y suma a sus servicios el espacio de exhibición y venta de ediciones de consulta y lectura (libros y revistas) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH):

 

“Los investigadores locales y asistentes al diplomado que se imparte semanalmente en el museo acuden a la biblioteca, pero al final adquieren los libros que son interesantes”, subraya María Elena Fernández, quien con gran bonhomía atiende a los visitantes y “con el gusto de verlos interesados en todo lo que se ofrece aquí”, como asiente.

 

Tratándose de ediciones que publican el resultado de investigaciones de los propios especialistas del INAH, los libros son excelentes para coleccionistas, pues cuentan con cédulas informativas, esto es todo un atractivo para los visitantes extranjeros. También puede anticiparse a una visita a cualquiera de los sitios arqueológicos que resguarda el Instituto recurriendo a las miniguías que ahí se encuentran y facilitan la comprensión de los temas y el acceso a los lugares.

 

 

Los productos de terceros, como suvenires y artículos didácticos, también se encuentran entre las opciones; “ha sido muy interesante para los niños, pues desde una lotería, barajas con símbolos y códices náhuatl, figuritas, ‘muñequitas quitapenas’, sellos, y estampas les gustan a todos”, dice la joven asistente. Y en efecto, son una excelente manera de reforzar la información obtenida en el recorrido por las salas del museo además de la referencia que da María Elena: “En mis ratos libres hojeo algo de los materiales para explicar a la gente el significado de los elementos que se venden y se convencen de comprarlos.

 

El carácter sagrado que dio la cosmovisión de culturas prehispánicas a ciertos animales, propiciaron rendirles pleitesía y figuran desde entonces como símbolos de valor y astucia. Es la razón de la presencia de los guerreros águila y jaguar; también con significado peculiar los corazones prehispánicos con su policromía distintiva y la Piedra del Sol, todos diseños portables en una playera representativa del lugar.

 

De entre las piezas infaltables y de gran representatividad en los atuendos prehispánicos, la joyería es la de mayor interés en la tienda. Diseños en plata y baño de oro, como anillos, dijes y collares de origen étnico son todo un atractivo; y, por supuesto, la cerámica y reproducciones arqueológicas son un artículo obligado a adquirir. Ahí se encuentra la vasija de colibrí, el vaso esgrafiado, la efigie de Tláloc, el pato grande de Tlatilco, la bailarina con falda blanca, guerreros, jabalíes y perros, los cuales representaron virtudes, incluso estatus. Todos pueden llevarse a casa no solo como recuerdo, sino como parte del acervo del Museo Regional, pues cada pieza cuenta con una cédula de información de origen, uso y lugar de hallazgo.

 

“Tienen información en español e inglés, pensando en los visitantes extranjeros que siempre se ven encantados de llevarse alguna pieza”, refiere María Elena, al concluir que atender al público, el cual es muy variado, es agradable. “Se les da información y siento que se van contentos, además de sorprendidos por el lugar histórico”.

 

La tienda comenzó como librería a las afueras del museo, en 1987. Posteriormente, cuando el recinto reabrió en 2015, luego de un proceso de mantenimiento, y bajo las directrices de la recién instituida Secretaría de Cultura, se acondicionó y hoy es parte inherente a la visita al Museo Regional de Tlaxcala.

 

 

Archivos adjuntos:
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Atención a medios de comunicación

 

Gabriel Ulises Leyva Rendon

ulises_leyva@inah.gob.mx

Director de Medios de Comunicación


  Arturo Méndez

Atención a medios de comunicación

 

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