Bajo la supervisión del INAH, se realizaron resarcimientos de daños como liberación de aplanados, consolidación de cúpula, muro testero y contrafuerte. Foto: Edith Camacho, INAH.

 

*** El bello oratorio, anexo a la Parroquia de San Pedro Apóstol, en Zacatenco, se entregó esta semana a la comunidad durante la fiesta patronal, junto con un plan de mantenimiento

 

*** Bajo la supervisión del INAH, se atendieron fracturas y grietas en muros interiores y exteriores de la sacristía y la cúpula, y fracturas en el muro testero y el contrafuerte


 


El Barrio de San Pedro Zacatenco, a las faldas del cerro del mismo nombre, celebra con particular devoción a la Virgen del Rosario, cuya escultura de pasta de caña de maíz, antigua y milagrosa, fue resguardada durante la rehabilitación de su capilla, la cual abrió de nuevo sus puertas esta semana en el marco de la fiesta patronal, totalmente restaurada tras las afectaciones que presentó por el movimiento telúrico del 19 de septiembre de 2017.


El bello oratorio, anexo a la Parroquia de San Pedro Apóstol, representa el primer inmueble histórico de carácter religioso de la Ciudad de México intervenido tras los sismos, luego de haberse atendido los de carácter civil, el cual ahora la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) entregan a su comunidad, tras concluirse los trabajos llevados a cabo y que se solventaron mediante el seguro institucional.


En la capital del país, 197 edificaciones patrimoniales resultaron afectadas por el temblor de hace dos años, 178 de ellas corresponden a iglesias.


La arquitecta Diana Hernández, adscrita a la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH) del INAH, señala que el proceso de resarcimiento ha sido lento, porque las acciones se fincan en diversos estudios y en un proyecto formal de restauración y no en tareas paliativas.


Hernández, quien coordina las construcciones atendidas con financiamiento de seguro, precisó que la Capilla de la Virgen del Rosario, localizada en la alcaldía Gustavo A. Madero, pertenece al grupo de espacios restaurados bajo este esquema y su intervención se dio con celeridad debido a sus modestas dimensiones y a que estaba catalogada con daño moderado.


El maestro en Restauración de Monumentos, Óscar Benítez Ortega, responsable técnico de la empresa a cargo de las obras, explica que el primer paso fue realizar un levantamiento planimétrico completo, el cual sirvió de punto de partida para diseñar el proyecto de intervención.


La Capilla del Rosario —dijo—, es un oratorio lateral a la Parroquia de San Pedro, que es del siglo XX; y es justamente el testigo que queda del templo primigenio. Con el sismo se generaron fracturas y grietas en muros interiores y exteriores de la capilla y la sacristía, así como en la cúpula, además de desprendimiento de recubrimientos y fracturas en el muro testero y el contrafuerte.


No obstante, indica el también doctor en Arquitectura por la UNAM, estos daños fueron consecuencia de una serie de prolongados deterioros: “las humedades y la falta de mantenimiento ocasionaron la pérdida de las juntas en los mampuestos, donde también proliferó vegetación parasitaria. Al perder esa unidad constructiva, las ondas sísmicas provocaron la separación de los elementos y la generación de fracturas, por ejemplo, la bóveda de ladrillo tuvo un deslizamiento hacia los muros hechos en piedra volcánica.”


 Benítez detalló que se erradicó la vegetación parasitaria, se liberaron aplanados en áreas de muros y cúpula; y mediante recalce pétreo e inyecciones con mortero de cal y arena, se consolidaron la cúpula, el muro testero y el contrafuerte. Finalmente se hizo restitución de aplanados y pintura; al respecto indicó que, al retirar pintura vinílica desprendida, se descubrieron testigos de pintura mural, los cuales deben conservarse e investigarse por especialistas.


La rehabilitación de la Capilla del Rosario, supervisada por el arquitecto Guillermo Fuentes Maldonado, de la CNMH, se realizó siguiendo los principios internacionales de máximo respeto al original, legibilidad, reversibilidad, y compatibilidad de materiales. Asimismo, se entregó un plan de mantenimiento a las autoridades eclesiásticas que incluye la limpieza de sistemas pluviales, el adecuado aseo del espacio y la revisión de instalaciones eléctricas.


Se requiere un cambio de conciencia


Los párrocos Jesús Medrano y Felipe Reynoso reconocen que ha sido un trabajo común y eficiente el que hoy permite que la capilla abra de nuevo a misa entre semana. En su opinión, una de las lecciones que deben sacarse de esta experiencia, es la necesidad de mantener en óptimas condiciones tanto el templo como la capilla: “Los sacerdotes tenemos que ayudar a que las comunidades valoren las obras de arte que resguardan las iglesias y la historia de los templos.


“Los especialistas tienen razón cuando comentan que a veces nos organizamos más para celebrar las fiestas patronales, comprar el castillo o contratar el grupo musical, que para invertir en el cuidado de las iglesias. Requerimos un cambio de conciencia para que esto no vuelva a pasar”, expresaron los sacerdotes.


Acerca de los bienes muebles de la capilla, la restauradora Mariana Méndez, de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, precisó que luego del 19 de septiembre de 2017, estos se desmontaron y se les hizo una limpieza mediante aspirado y brocha, para luego ser embalados y trasladados para su resguardo. Ahora fueron devueltas a su sitio.


Algo curioso de la Capilla del Rosario, es que de sus estrechos muros cuelgan excelsas pinturas virreinales de gran formato. Méndez destaca un óleo de 2.90 por 3.80 m, el cual retrata la solemne procesión a la imagen de la Virgen de Loreto implorando su socorro para acabar con la epidemia de sarampión que asoló a Ciudad de México, en 1727.


Gracias a una investigación de las expertas Luis Elena Alcalá, Patricia Díaz Cayeros y Gabriela Sánchez Reyes, se sabe que al menos esta obra pertenecía al colegio e iglesia jesuita de San Gregorio, donde se cristianizaba y educaba a los hijos de la nobleza indígena, y debió llegar a la Capilla del Rosario en una época posterior a la expulsión de esta orden religiosa, es decir, después de 1767.


En un artículo sobre este importante óleo, las especialistas refieren que Horacio Sentíes, en su historia sobre la iglesia de San Pedro Zacatenco, señala que, en las primeras décadas del siglo XIX, la Capilla de la Virgen del Rosario estaba edificándose en coincidencia con la construcción de la nueva iglesia de Loreto, “como sucedió con tantos otros templos, (la capilla, que contó con patrocinadores) muy bien pudo aprovechar las ventas de obras antiguas de iglesias que se estaban remodelando y reedificando”.


Por último, la restauradora Mariana Méndez dijo que se abrió un canal de comunicación con la comunidad de San Pedro Zacatenco para, en caso de solicitarlo, dictaminar el estado de conservación del conjunto de obras de la Capilla del Rosario. Por el momento, se hizo un registro, levantamiento gráfico y fotográfico, documental, de medidas, técnica de manufactura, entre otros aspectos, para ingresarlos al sistema de catalogación de bienes muebles y seguir alimentado la base de datos existente.

 

 

Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (20191008_boletin_396.pdf)Boletín 396[Descarga]

Atención a medios de comunicación

 

Gabriel Ulises Leyva Rendon

ulises_leyva@inah.gob.mx

Director de Medios de Comunicación


  Arturo Méndez

Atención a medios de comunicación

 

Foto del día

Acueducto monumental