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Las lenguas indígenas florecen en la XXX FILAH, a través de distintas expresiones del arte. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** El coro de mujeres teenek de la comunidad de Santa Bárbara, Aquismón, SLP, interpretó cantos religiosos en su lengua materna, con música tradicional

 

*** La poeta juchiteca Irma Pineda hizo dúo con la actriz Diana Bracho en una compartencia de poesía a dos voces, en lengua zapoteca y español


 

 

La narrativa de los pueblos amerindios de México, en todas sus formas, ocupa un lugar significativo en el programa de actividades de la XXX Feria del Libro de Antropología e Historia (FILAH) que, durante el primer día de actividades del Foro Internacional de Música Tradicional, presentó al coro de mujeres teenek de la comunidad de Santa Bárbara, del municipio de Aquismón, San Luis Potosí.

 

La agrupación está integrada por mujeres, la mayoría niñas; la más chica tiene ocho años de edad y la más grande es la maestra del coro, María Isabel Francisco Petro, la “maestra Chabela”, de 65 años. La comunidad trata que el coro se mantenga con integrantes de entre 12 y 15 años, ya que las mujeres teenek comienzan a casarse al cumplir los 15.

 

El coro interpreta cantos de evangelización escritos en español, traducidos a la lengua teenek, y es acompañado por dos músicos tradicionales que tocan rabel, (un instrumento parecido a un violín de tamaño pequeño, con tres cuerdas) y arpa chica, de 29 a 31 cuerdas, característica de esa región.

 

El antropólogo y etnohistoriador Joel Lara, estudioso de este pueblo y quien llevó esta agrupación a la FILAH, realizada en el Museo Nacional de Antropología, explica que el coro originalmente fue creado por padres de la orden josefina, quienes hicieron trabajo misional en la Huasteca potosina e implementaron cantos para el catecismo y para acompañar la liturgia, como parte del recurso de evangelización.

 

Explica que los religiosos comenzaron a trabajar con la gente que tocaba música tradicional en las comunidades y maestros de danza, para que hicieran la traducción del español al teenek y después se adaptara la música de las danzas a estos cantos.

 

“Fue un proceso interesante, porque los cantos se adaptaron a los sones de danzas que ya existían, uno de los sones con los que comienzan una misa se llama Que Alegría, su música corresponde al primer son de la danza de Tzacamason, sólo adaptaron la lírica a sus formas musicales”.

 

Los cantos que se mantienen vivos son 10, dice Joel Lara, estos se van ofreciendo durante toda la misa, en diferentes momentos: al inicio, durante la Eucaristía, al final.

 

Actualmente, advierte el etnohistoriador, es difícil encontrar un sacerdote para oficiar en la comunidad, por lo que se han preparado ministros en la diócesis para aprender la Celebración de la Palabra. Esta adaptación ha permitido que el coro se mantenga cantando los domingos durante dicha solemnidad.

 

Santa Bárbara se encuentra en la parte más serrana de la Huasteca potosina, en la región norponiente, próxima a Ciudad Valles. Además de esta comunidad, el estudioso ha constatado la existencia de coros en Tamcuime y Tamápatz, en el mismo municipio de Aquismón, lo que indica que la tradición no se ha extendido a otras demarcaciones, a pesar de la presencia teenek.

 

Para Lara, uno de los aspectos positivos de estos coros es que mantienen la lengua vigente. Por fortuna, dice, la lengua teenek tiene vitalidad en esta localidad, a pesar de que entiende perfectamente el español, e incluso habla náhuatl por su constante relación con comunidades nahuas.

 

Otro aspecto positivo es que las mujeres portan la indumentaria tradicional para entonar los cantos: el dhhayemláb (quechquémitl), acompañado de sus talegas, ambos de coloridos bordados con hilos de estambre, característicos de ellas; así como el petob, un tocado también elaborado con hilos de estambre.

 

El coro también fomenta la vigencia de la música tradicional, propiciando la formación de músicos y, de manera indirecta, impulsa la elaboración de instrumentos musicales localmente. “En Santa Bárbara hay personas especializadas que los elaboran, a quienes les llaman carpinteros, ya sea para los coros o para las danzas”.

 

El antropólogo comenta que son pocos los músicos tradicionales. Hace unos años falleció el músico principal y director de la agrupación, José Andrés Gumaldo Antonio, y con él, se acabó el coro. Pasaron tres años para que el actual interprete de arpa, Emanuel Cruz Hernández, descubriera su don por medio de los sueños y la agrupación pudiera volver a organizarse.

 

“Él soñaba que tenía dolores y malestares, hasta que su abuelo, quien hace los instrumentos musicales, le hizo una limpia con arpas y ahí cambiaron sus sueños: comenzaron a llegarle los toques a la cabeza —refiriéndose a las formas musicales—. Entonces pidió un arpa y empezó a tocar. Por la mañana reproducía lo que soñaba”.

 

Hoy el joven Emanuel, de 18 años de edad, ejecuta el arpa, rabel, violín, jarana y guapanguera; lo hace para el coro y para la danza, toca la de Tzacamason y la de Rey colorado.

 

El rabel del coro de Santa Bárbara es tocado por Benito Santiago Guadalupe, tiene 69 años y también aprendió en sueños. Al parecer todos los músicos tradicionales teenek aprenden la música de esa manera, difícilmente alguien va a enseñar a otro, tampoco hay un centro de enseñanza.

 

Lara explica que el arpa marca el ritmo; la música remite a formas religiosas del siglo XVII, y los musicólogos la han asociado a géneros como los canarios, que es música ritual del siglo XVII. “La música y el canto formó parte de una campaña misionera, y una característica es que se escucha repetitiva, como las plegarias”.

 

Naxiña´ rului´ladxe´ / Rojo deseo

 

La musicalidad y sutil picardía de Naxiña´ rului´ladxe´ / Rojo deseo, de la poeta juchiteca Irma Pineda, fue disfrutado en una compartencia de poesía a dos voces, entre la actriz Diana Bracho y la autora, quienes en diidxazá / español hicieron ruborizar al público reunido en el Auditorio Tláloc del Museo Nacional de Antropología.

 

En este poemario, con ilustraciones de Alec Dempster, Irma Pineda despliega invitaciones al deseo y añoranzas de placer, en un abanico de acepciones tanto anhelantes como carnalmente terrenales que no dejan al lector indiferente, dice Pluralia, el sello que lo publica. Las voces de las damas, una en zapoteco y otra en castellano, sumaron motivos para despertar al goce del cuerpo, al encuentro, al amor y al adiós.  

 

La selección de poemas compartidos fue Bracho. En tanto, Irma Pineda, vestida con su tradicional huipil, de un rosa sensual, habló de un ejercicio de escritura desde las voces femenina y masculina.

 

La autora afirma que la traducción de los poemas del zapoteco al castellano le resultó un nuevo reto, al lograr el mismo sentido sensual y de humor. No hay traductores especializados en lenguas indígenas, entonces son los propios creadores quienes traducen sus trabajos, eso ya es algo cotidiano.

 

La lectura estuvo acompañada por Adriana Aguilar Escobar, secretaria de las Culturas y Artes de Oaxaca.

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