Diego Prieto Hernández, director general del INAH, manifestó que Miguel León-Portilla es fuente de inspiración y camino, “fue maestro de numerosas generaciones de historiadores, antropólogos, arqueólogos, filósofos y lingüistas. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Este jueves 3 de octubre cientos acudieron al recinto para despedir al gran tlamatini, maestro para la posteridad

 

*** Con flores y cantos, aromas suaves y palabras tiernas, el homenaje póstumo organizado por la Secretaría de Cultura devino en un solemne acompañamiento


       


 


Miguel León-Portilla contaba que México era su estrella, porque le vio nacer y le vería morir. En forma de bandera, esta madre amorosa lo arropó sobre el ataúd que le sirvió de última morada; el tlamatini concluyó su andar en esta tierra consciente de lo que él mismo expresó: Así somos, entregamos la carga de los destinos y de los días a quienes vienen detrás de nosotros. Esos otros, conocidos y anónimos, pero todos cercanos, acudieron en cientos a despedirlo este día en el Palacio de Bellas Artes.

 

A mediodía de este jueves 3 de octubre, con la Marcha Dragona de fondo, el cuerpo del gran filósofo e historiador cruzó el umbral del recinto de mármol. Con flores y cantos, aromas suaves y palabras doloridas y tiernas, el homenaje póstumo organizado por la Secretaría de Cultura y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), devino en un solemne acompañamiento que se extendió por más de dos horas, hasta que el maestro dejó el lugar en medio de aplausos, “goyas” y coloridas flores de papel.

 

En representación del presidente Andrés Manuel López Obrador, la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, quien preside el Consejo Honorario de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México, dio el pésame a Ascención Hernández Triviño, “Chonita”, viuda de León-Portilla. Ambas, seguidas de la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, y el rector de la UNAM, el doctor Enrique Graue Wiechers, formaron la primera guardia de honor.

 

Frausto destacó que en León-Portilla se advertía la mirada curiosa de un niño, de un joven alumno, “quien con un trato siempre accesible supo acercarnos mundos tan lejanos, tendiendo puentes desde lo más ancestral para que resonaran en la actualidad como parte de nuestras vidas.

 

“El doctor León-Portilla dio voz a los vencidos, destapó un cesto que se mantenía olvidado y lo puso sobre la mesa para que supiéramos que allí había pensamiento filosófico, literatura indígena, erotismo, la más grande civilización. La semilla de su pensamiento seguirá alimentando a las nuevas generaciones de pensadores que hoy dialogan de tú a tú con el mundo”, expresó.

 

La secretaria de Cultura comentó que don Miguel fue un hombre de instituciones, y aunque su otro gran amor fue la UNAM, otras tantas fueron sus casas, entre ellas el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), El Colegio Nacional, las academias Mexicana de la Historia, y Mexicana de la Lengua, “y todas aquellas puertas que tocaban sus libros, en miles, millones de casas. En muchas lenguas diversas, para abrir el pensamiento y la reflexión”.

 

El rector de la máxima casa de estudios, Enrique Graue, enumeró los doctorados honoris causa que recibió León-Portilla, más de tres decenas; así como más de 150 premios y condecoraciones; publicó alrededor de 50 libros y cerca de 500 artículos, pero también dejó un legado que solo se encuentra en el ejemplo: “su inmensa empatía por la humanidad, su libertad de pensamiento y su indomable espíritu de indagación”.

 

Asimismo, señaló, “nos enseñó que del encuentro de dos mundos (el mesoamericano y el mediterráneo a través de lo español) puede nacer una nueva raza que transforme el sentido de nuestra nación”.

 

Gerardo Hierro, yerno del filósofo, comentó que él y su esposa Marisa, hija de Léon-Portilla, coincidieron en que las palabras más convenientes para describir al humanista desde lo íntimo, las escribió quien fuera su gran amiga, Clementina Díaz y de Ovando.

 

Para la filósofa, la vida del lingüista estaba regida por la buena estrella de su nacimiento (22 de febrero), pues “los regidos por el signo piscis son creativos, idealistas, gentiles, de humor travieso, de juicio equilibrado y sereno. Siempre dispuestos a ayudar, generosos, cuentan con una gran capacidad de organización y prefieren vivir en un mundo tranquilo y acuoso, donde todo es bello y las acciones son nobles. “Miguel, mi querido amigo, lloramos tu partida, pero celebramos tu prolífica vida”, pronunció conmovido Hierro.

 

En náhuatl, zapoteco, mazateco, maya y mixteco, los escritores Natalio Hernández, Natalia Toledo, Juan Gregorio Regino, Briceida Cuevas y Celerina Patricia Sánchez fueron desgranando poemas y reflexiones sobre la finitud. Mientras, en las guardias se sucedían colegas y amigos de León-Portilla como Eduardo Lizalde, Javier Garciadiego, Carlos Prieto, Gonzalo Celorio, Baltazar Brito Guadarrama, y los arqueólogos Leonardo López Luján y Eduardo Matos Moctezuma.

 

En su oportunidad, el director general del INAH, el antropólogo Diego Prieto Hernández, manifestó que Miguel León-Portilla es fuente de inspiración y camino, “fue maestro de numerosas generaciones de historiadores, antropólogos, arqueólogos, filósofos y lingüistas. El INAH encontró en él un ejemplo, de manera que la dimensión de este tlamatini, seguirá vigente en la vida cultural y en el pensamiento de quienes seguimos en la tarea de recuperar la memoria, la diversidad y las múltiples identidades de México”.

 

El director del Museo Nacional de Historia. Castillo de Chapultepec, el Salvador Rueda Smithers, comentó que él es uno de tantos que definió su vocación después de haber leído en la preparatoria Los antiguos mexicanos y Visión de los vencidos, obra cuya primera edición apareció hace 60 años, ha sido traducida a más de veinte idiomas y de la que se han impreso más de 600 mil ejemplares.

 

“Miguel León-Portilla fue un árbol con unas ramas enormes, frondoso y muy fértil; me considero un fruto al final de esas ramas, porque sin haber sido su discípulo, me convertí en historiador gracias a él. Y tuve la oportunidad de agradecérselo. Yo quería ser el tipo de historiador que él era, lo que me atraía era la historia mexicana desde el punto de vista indígena. Años después, cuando tuve oportunidad de recuperar los testimonios de los últimos zapatistas —me dije—, es justamente la fuente de la que abrevó don Miguel, solo que generaciones más adelante”.

 

El doctor Baltazar Brito, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, y discípulo del gran historiador, destacó el gusto por la vida de su maestro, quien hasta donde le fue posible supervisó sus propias memorias y lo que será la publicación completa de los Códices Matritenses, de la Real Biblioteca (Madrid), obra sahaguntina que contará con una introducción autorizada por León-Portilla, e impresa a color.

 

Brito concluyó que “aunque menos exigente que su mentor, el padre Ángel María Garibay, León-Portilla como estudioso de los pueblos mesoamericanos, reconocía que las lenguas entrañan una cosmovisión del mundo, que ordenan al universo. Él era nahuatlato, pero no sólo defendía esa lengua, las lenguas y pueblos originarios contaron con su cobijo y defensa, siempre buscó su respeto y conocimiento”.

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