Lenguas

Las lenguas de la familia yutoazteca sureñas están distribuidas en un gran continuo por la Sierra Madre Occidental mexicanas en Sonora y Sinaloa. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Se conservan más de 40 idiomas de esta familia lingüística, algunos en peligro de extinción como el o´odham, el mayo y la variante náhuatl del norte de Puebla

 

*** Con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas se aborda la historia y diversidad de esta habla con presencia desde Estados Unidos hasta El Salvador


 


Lingüistas del siglo XIX pensaban que los aztecas de México y los ute de Utah, Estados Unidos, eran los hablantes más apartados de una familia lingüística con afinidades fonológicas, léxicas y estructurales, por lo que la denominaron yutoazteca. Su proceso evolutivo y genético se remonta probablemente a cinco mil años a partir del protoyutoazteca, la cual en principio se habló en la región central de Estados Unidos.


Sin embargo, una de sus lenguas más estudiadas y conocidas: el náhuatl, llegó hasta El Salvador, en Centroamérica. ¿Cómo fue ese periplo de expansión por más de seis mil kilómetros?


En conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas y de 2019,  Año Internacional de las Lenguas Indígenas, el investigador Leopoldo Valiñas Coalla, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ofreció una conferencia en el ciclo organizado por la Academia Mexicana de Ciencias Antropológicas y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de la Coordinación Nacional de Antropología, para abordar aspectos de la historia y diversidad de la longeva familia lingüística.


Valiñas explicó que a través del tiempo ha habido una lucha para ver cómo se nombran las lenguas y los grupos. En México, por tradición, lo que es grupo étnico es a la vez el nombre de la lengua y viceversa; asimismo, hay lenguas distintas que se llaman igual, aunque sus hablantes no se entiendan entre sí.


Un principio importante, dijo, es que las lenguas emparentadas suelen ser vecinas: la cercanía lingüística es directamente proporcional a la geográfica. En mapas de Norteamérica, el lingüista señaló los tres grandes bloques de lenguas de la familia yutoazteca: las del norte, ubicadas en EU; las del sur, un continuo por la Sierra Madre Occidental; y las nahuatlanas, en el centro y sur de México hasta El Salvador.


Son varios los autores que, en distintos momentos y con distintas evidencias, tanto lingüísticas como arqueológicas y biológicas, proponen tierras de origen muy diversas para las lenguas yutoaztecas y procesos evolutivos distintos, dijo el antropólogo.


La familia yutoazteca se ha trabajado desde principios del siglo XX por los grandes antropólogos y lingüistas, dijo, al referirse a la propuesta sobre la evolución de las lenguas yutoaztecas de Nicholas A. Hopkins, quien considera que cuando estaban muy al norte, en la Gran Cuenca (Great Basin), formaban un grupo que a la larga se desplaza al occidente, hacia California y Oregón (2700 a.C.), pero debido a una gran sequía hubo migraciones al sur, hacia la Sierra Madre Occidental, en el actual territorio mexicano.


Una de las clasificaciones más importantes, señaló, es la que hizo la lingüista Jane Hill, en 2001; para ella las lenguas norteñas son las que forman una gran unidad, y no así las sureñas porque cada una forma un gran grupo y cada una tomó un camino evolutivo distinto.


Valiñas llevó a cabo un estudio léxico para saber si se podía hablar de dos grandes grupos yutoaztecas; es decir, si el gran grupo primigenio se dividió en dos subgrupos. Y, si al menos la evidencia léxica y luego fonológica permitieron, en una primera clasificación, hablar de los norteños (EU) y sureños (México).


Actualmente existen más de 40 idiomas yutoaztecas cercanos entre sí en distintos grados, dijo. Los del norte se encuentran en Estado Unidos, clasificados en cuatro subfamilias. De ellas, la más conocida es la hopi, al noreste de Arizona, de la cual no hay otras lenguas que se le parezcan dentro de la subfamilia; otro grupo es el tübatulabal, ubicado a lo largo del río Kern, en Alta California, igualmente estudiado por la lingüística norteamericana.


Del lado californiano aparece la subfamilia de lenguas tákicas, cuyos hablantes viven al sur de la Alta California, en las cercanías de algunas misiones; otra subfamilia es la de las númicas, que agrupa las hablas shoshone, paiute del norte y del sur, y la comanche, ubicadas desde Oregón y la Alta California hasta el sur de Idaho, Wyoming, Oklahoma y Texas.


Las lenguas de la familia yutoazteca sureñas están distribuidas en un gran continuo por la Sierra Madre Occidental mexicana, entre ellas las de los pueblos cahítas: yaqui, asentada en las riberas del río del mismo nombre, en Sonora; y mayo (Sonora y Sinaloa).


De los tarahumaranas: tarahumara, en Chihuahua; y guarijío, del que hay dos variantes, el del alto río Mayo, en Sonora, y los de la sierra, en Chihuahua, pero los guarijíos que habitan la región del río Mayo identifican a los de la sierra como tarahumaras. Además de las lenguas opatanas, ya muertas, como el ópata y el audeve, en Sonora.


Las tepimanas, distribuidas desde Arizona hasta Jalisco, la cual, por su extensión, hay arqueólogos que han considerado que la gente de esta habla fueron responsables del comercio de artículos como la turquesa. Están asentadas de ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos: pimas y toho o´odham (Arizona y Sonora), tepehuanos norteños y sureños (Chihuahua y Durango), y el tepecano, en Jalisco, el cual se dejó de hablar a principios del siglo XX.


Las estadísticas indican que la lengua o´odham (Sonora) está en peligro de extinción porque actualmente sólo cuenta con alrededor de 106 hablantes; las variantes de pima del norte y del sur (Chihuahua y Sonora) también presentan la misma situación, mientras que la variante del este, en Sonora, goza de gran vitalidad.


El tepehuano es un idioma con bastante vitalidad, su población ronda las 30 mil personas. En tanto, hay dos variantes del tarahumara en peligro de extinción y el resto goza de vitalidad. La lengua guarijío está en una situación buena, lo mismo que la yaqui, pero no así la mayo que también está considerada en peligro.


Otra subfamilia yutoazteca agrupa las lenguas corachol: cora y huichol, ubicadas en la sierra de Nayarit y lugares cercanos a Jalisco y Durango. Las variantes coras tienen vitalidad, lo mismo que la huichol, salvo la del oeste que está en riesgo de desaparecer.


La lengua tubar (Sonora) se dejó de hablar a principios del siglo XX, formaba un grupo aparte, aunque algunos investigadores la han emparentado con las tepimanas o cahítas; el joba (Sonora) fue considerado opatana, pero a partir del análisis lingüístico de un Padre Nuestro en este idioma, Valiñas Coalla advierte que era del subgrupo sonorense, porque es una lengua muerta.


De ahí siguen los grupos nahuas, los yutoaztecas más sureños, ubicados desde el sur de Durango hasta Centroamérica; en El Salvador, donde están los hablantes de la lengua pipil, está considerada en riesgo. Se dice que llegaron en dos oleadas migratorias: la primera, oriental, que abarcó Teotihuacan y la Huasteca, el norte y sur de Puebla, el centro de Guerrero, el sur de Veracruz y el Istmo, la cual dio origen a los pipiles de El Salvador; la segunda, occidental, por los pueblos nahuas que dieron origen a los mexicas.


Para este estudio, los nahuas están agrupados en cuatro dialectos: náhuatl de la periferia occidental, de la periferia oriental, de la Huasteca y del Centro, con diversas variantes en cada región. Hay variantes de esta lengua que gozan de vitalidad y otras en peligro: el del norte de Puebla, el de Tabasco, el de Tetela del Volcán, en Morelos, y el alto y bajo Occidente.

 

 

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