Hay exteriores nevados y brumosos, de paisajes secos con árboles de ramas desnudas que contrastan con uno lleno de flores, además de vistas nocturnas que funden el cielo estrellado. Foto: Edith Camacho, INAH.

 

*** La exposición El guardián de las palabras, compuesta por 45 imágenes, son un ensayo fotográfico que tiene como protagonista a uno de los mayores representantes de esa cultura indígena

 

*** La exhibición abrió al público en la galería del primer piso del recinto; en el marco de la inauguración también se presentó el libro-catálogo de la muestra


 


Erasmo Palma Fernández fue un poeta, compositor, violinista y promotor de la cultura tarahumara, autor de más de 600 canciones en lengua rarámuri y Premio Nacional de Ciencias y Artes, en 2002. Los pasos del fotógrafo italiano Nicola Lorusso se encaminaron en 2014, a la casa que habitó el bardo indígena con su familia, en la sierra de Chihuahua, y ahí surgió un ensayo fotográfico que ahora presenta al público el Museo Nacional de Antropología (MNA).


El guardián de las palabras es el título de la exhibición integrada por 45 imágenes a color, impresas en papel de algodón, captadas en el poblado de Tucheachi, en 2015, luego de dos estancias cortas en la primavera y el invierno, tiempo en el que Lorusso buscó los rastros del defensor rarámuri en los paisajes que fueron alimento para sus ojos, en el territorio que compartió con plantas y animales, y en las moradas donde convivió con su comunidad.


Los resultados de aquel encuentro entre el fotógrafo y el poeta son esta exposición y un libro-catálogo, publicación que, además de la impresión impecable de alrededor 70 imágenes del ensayo, en mediano formato y papel magno satín, presenta una selección de textos originales de Erasmo Palma, reproducidos también fotográficamente y religiosamente acomodados en una guarda a manera de sobre, colocado en el interior de la contraportada.


El trabajo de Lorusso fue comentado la víspera en el MNA, por Fernando Zurita, escritor; Alejandro Castellanos, investigador del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL); y Donaciano Gutiérrez, curador de la Sala Etnográfica del Noroeste, del recinto museístico.


El primero señaló que Lorusso no retrata a los tarahumaras con sus vestidos de colores deslumbrantes, rostros sonrientes o miradas satisfechas, fotografías que parezcan tomadas para un calendario. Su trabajo es arte, pero también denuncia, es una muestra de solidaridad y respeto por esta cultura, y una llamada de atención sobre las condiciones en las que se encuentra.


Las imágenes gritan al observador, y reflejan la fuerza de la comunidad ante la tristeza y desamparo vivido por años: la realidad, no de manera cruda o descarnada, sino casi sutil. El trabajo de Lorusso es un estudio antropológico visual, envuelto en un retazo de arte que esboza el encanto y la complejidad —aún dentro de la sencillez— de esta comunidad.


“Nos muestra lo que ve Lorusso, pero sobre todo lo que no se ve, porque hay una parte que se percibe casi de manera intuitiva, con el inconsciente: son historias que se sienten”.


En su intervención, Alejandro Castellanos dijo que la fotografía mexicana tiene la peculiaridad de que no sólo ha sido realizada por mexicanos, sino por gran cantidad de autores que han venido desde otras latitudes a trabajar aquí, mostrando una mirada diversa y rica del país, entre ellos Nicola Lorusso, y su compatriota Tina Modotti, “lo que ha enriquecido de manera especial este arte”.


El investigador del INBAL recordó las obras publicadas con anterioridad por Lorusso: La casa dei girasoli (Polistampa, 1999); Diario del mar (ed. Artes de México. 2013); Dédalo (ed. Los libros del sargento, 2014); Estudio Rojo (ed. Auieo, 2014; así como Plaza de la República (ed. Contornos, 2011), esta última, dijo, en el conjunto de sus obras, acabó por convertirse en el testimonio de su aportación primigenia a la fotografía en México. La diferencia entre las publicaciones anteriores y El Guardián de las palabras es el encuentro con el otro. “En los trabajos previos, el encuentro es solo espacial, pero en El guardian… el espacio no puede disociarse de Erasmo Palma; en Lorusso hay una necesidad de la comprensión del otro”.


A su vez, Donaciano Gutiérrez comentó que esta exposición es una oportunidad para acercarse a un mundo alejado y difícil de aprender. El tarahumara, refirió, es uno de los grupos indígenas más importantes, estudiados y fotografiados, integrado por 68 mil personas, lo que lo convierte en el más numeroso de Norteamérica. Viven en la sierra, hasta a 2500 msnm, son autosuficientes y habitan en rancherías alejadas, donde a veces hay que caminar hasta 10 horas de una a otra.


Las imágenes captadas por la lente de Lorusso son una discreta ventana a espacios íntimos que ofrecen una breve mirada de la cotidianidad de Erasmo Palma; retratos de su familia cercana y sus animales domésticos, en Tucheachi.


Hay exteriores nevados y brumosos, de paisajes secos con árboles de ramas desnudas que contrastan con uno lleno de flores, además de vistas nocturnas que funden el cielo estrellado con las montañas y detalles que captan la luz del espacio, sin el uso de flash.


Erasmo Palma Fernández nació el 10 de agosto de 1928, en esa comunidad del municipio de Guachochi, y murió en octubre de 2016. Es uno de los mayores representantes de la cultura indígena de Chihuahua, cuyo talento multidisciplinario destacó en la creación de obras musicales, la literatura y la pintura.


En un cuarto en penumbra, al fotógrafo Nicola Lorusso se le reveló el don de la palabra de aquel patriarca de 86 años de edad y no tardó en entender que mediante esa voz —que sabía volverse música, pintura y escritura— se manifestaban tanto la imaginación de una persona, como los mitos y las tradiciones de sus ancestros, y le llegó la idea de realizar una serie de imágenes alrededor de esa figura anciana, conciente de estar frente a una memoria histórica viviente, dijo el autor durante la presentación.


Así nació El guardián de las palabras, un ensayo fotográfico que tiene como protagonista a Erasmo Palma, promotor y defensor de una cultura ancestral que ha logrado pervivir hasta nuestros días.


Una década antes de decirse a residir en la Ciudad de México, Lorusso realizó viajes que le permitieron tomar conciencia de la vastedad geográfica y la diversidad étnica de nuestro país. Uno de ellos le condujo a la región donde habitan los rarámuri, en la sierra Tarahumara, Chihuahua. En Norogachi tuvo su primer acercamiento a las maneras de vivir y a las ceremonias religiosas del pueblo de “los pies ligeros”. Ahí conoció a Carlos Palma, el segundo de los cinco hijos de Erasmo, quien lo condujo a las profundidades de Tucheachi.


Una selección de 16 impresiones en formato postal de aquel primer trabajo fotográfico, realizado en blanco y negro, se puede apreciar en desplegados al final del libro-catálogo.


Nicola Lorusso (Florencia, Italia, 1959) se ha hecho acompañar de una cámara desde los 17 años, cuando aprendió a conducir y a perderse por carreteras. Se mudó a México en 2001. Ahora reside y trabaja en la Ciudad de México. En la primavera de 2014, volvió a encontrarse con este pueblo, en esa ocasión para seguir los pasos de Erasmo Palma Fernández, el rarámuri que ahora se hace presente en el Museo Nacional de Antropología, mediante esta exhibición.


El guardián de las palabras puede visitarse durante julio y agosto de 2019, en la galería del primer piso del recinto ubicado en av. Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec. Entrada libre a esa área del museo.

 

 

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