Último nivel de la exploración de la acequia. Se muestra una viga de madera en el fondo y adosados varios pilotes de madera. También se observan in situ objetos cerámicos. Foto: Alejandra González, DSA-INAH.

 

*** En predios ubicados en las calles San Jerónimo y Correo Mayor, se han encontrado restos de sus muros, lo que ha permitido constatar su sistema constructivo

 

*** En el Quinto Coloquio de Arqueología Histórica se abordaron aspectos de este canal que fue vital para la población colonial asentada a lo largo de su trazo diagonal


 


Las acequias fueron elementos urbanísticos de la antigua Tenochtitlan que sobrevivieron a la traza de la ciudad novohispana. La segmentación de los solares, las calles y la construcción de las casas se vieron afectadas por el sinuoso transitar de estos canales, un ejemplo claro fue la acequia de La Merced, que sobrevivió hasta 1788, y cuya historia ha vuelto a “fluir” gracias a salvamentos arqueológicos recientes efectuados por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).


Al menos tres ponencias del Quinto Coloquio de Arqueología Histórica, que se realiza durante esta semana en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, abordaron distintos aspectos de este canal que entre los siglos XVI y XVIII fue vital para la población asentada a lo largo de su característico trazo diagonal —alrededor de 1.5 km del actual Centro Histórico de la Ciudad de México—, desde su primer tramo en el cruce de Isabel la Católica con San Jerónimo, hasta su remate, en las proximidades de la calle República de El Salvador.


La localización de esa sección final de la acequia de La Merced, es una teoría del arquitecto Miguel Ángel Bernabé Huerta, especializado en restauración de monumentos históricos, quien refirió además que el ancho promedio del canal era de 13 varas, cerca de 11 metros, de acuerdo con los trabajos del doctor Alejandro Jiménez Vaca.


El canal presentaba quiebres, por ejemplo, en su trecho inicial en la llamada Casa de la Acequia, donde hoy se localiza la Librería Madero (calle Isabel La Católica N° 97), partían dos ramales. Uno de ellos se unía con la acequia de Montserrat, mientras que el otro continuaba hacia la Plaza de Regina. “Derivado de esta trayectoria, la acequia pasa por los actuales barrios de La Merced y San Miguel, anteriormente las parcialidades de indios de San Pablo Teopan y San Juan Moyotlan.


“Conforme se fue desecando la acequia de La Merced —un proceso que inició en el siglo XVIII ante la falta de mantenimiento y a su limitado uso como transporte—, las propiedades aprovecharon ese espacio para crecer, quedando esa trama acuática debajo de muros llamados limosna o medieros. Aunque las calles presentan rectitud, la estructura interna de las propiedades preservan el trazo diagonal del canal”, explicó Miguel Ángel Bernabé.


En canal y su entorno en San Juan Moyotlan


Huellas de la vida cotidiana alrededor de la acequia de La Merced, en su parte correspondiente al barrio de San Juan Moyotlan, es lo que pudo recuperarse a través de un salvamento arqueológico realizado en los predios de la calle San Jerónimo. En las excavaciones de distintos pozos se registraron testimonios de unidades habitacionales con ocupaciones desde fines del siglo XVI y hasta el XX.


Sin embargo, la arqueóloga Alejandra González López, de la Dirección de Salvamento de Arqueológico (DSA) del INAH, resaltó que uno de los objetivos principales de este proyecto era detectar evidencias de la acequia de La Merced, pues debido a la cercanía de la mencionada Casa de la Acequia, era muy posible que se encontraran restos del primer tramo del canal. Para comprobar su hipótesis y conociendo la orientación de la acequia, ubicaron una cala de 2 por 6 metros dentro del terreno en exploración.


De esta manera, a los 2.19 metros de profundidad “comenzamos a encontrar gran cantidad de basura, fragmentos cerámicos, que nos hizo suponer que acertamos en la ubicación del trazo de la acequia de La Merced. Por debajo de los 3 metros, en el muro sur de la propiedad, se detectó el sistema constructivo de la antigua acequia, el cual está compuesto por rocas volcánicas como parte de la mampostería y pilotes de madera en el fondo.


“A 3. 80 metros de profundidad, en un cajón de lodo formados por tierra distinta a la que se utilizó para cegar la acequia, estaban varias piezas cerámicas semicompletas y dispuestas con cierto orden, entre ellos, lebrillos que contenían restos carbonizados de semillas y huevos de algún tipo de ave.


“La documentación señala que en este tramo de la acequia de La Merced, el canal fue desmontado para utilizar la piedra como sistema constructivo para otras edificaciones. Esto lo pudimos constatar en el muro norte, donde se encontraron evidencias en la estratigrafía que muestran que, efectivamente, fue desmontado con estos fines”, detalló la arqueóloga.


Entre los materiales recuperados dentro de la acequia están los cerámicos: lebrillos, mayólica y porcelana; gran cantidad de semillas, figurillas de barro de uso lúdico que representan soldados y animales, crucifijos y un dije que alude a la Virgen de El Carmen, una hoja de oro (material que servía para dorar obras de arte), restos de masa de maíz, monedas y varios objetos de madera como una flauta. Todos ellos, materiales que hablan de la vida cotidiana en la novohispana Ciudad de México. 


“Gracias a este salvamento arqueológico, sabemos que la traza que podemos observar a través de fotografía aérea, corresponde al muro sur de la Acequia de La Merced. Con esta referencia, si se tiene la oportunidad de explorar en otros predios ubicados en el trayecto del canal, podemos localizarlo con base en estos datos”.


Un canal bajo Correo Mayor


Por su parte, las arqueólogas Samanta Cordero y Liliana Martínez, de la DSA, dieron a conocer los hallazgos relacionados con la acequia de La Merced, documentados en 2016 en el salvamento arqueológico realizado en la calle Correo Mayor, el cual estuvo a cargo de su colega, Andrea Campos Vargas.


Recordaron que anteriormente la arqueóloga Mónica Lugo tuvo la oportunidad de trabajar en un predio cercano, en la calle de Mesones, donde determinó que el sistema constructivo de la acequia de La Merced consistía de un muro de piedra de basalto unido con argamasa, montado sobre pilotes de madera que fueron enterrados en el fondo del lago. Dichos pilotes, diferían de los prehispánicos, tanto en dimensiones como en factura, ya que su extremo inferior finalizaba en forma piramidal.


A partir de esta información, en tres (8, 9 y 13) de los 13 pozos de excavación que realizaron, entre los 3.5 a 4 metros de profundidad, localizaron restos de muro en diagonal en sentido suroeste-noreste. Cabe mencionar que la acequia de La Merced conservó un trazo diagonal, lo cual, era poco común, pues la mayoría conservaban un trayecto de sur a norte, o de oeste a este.


“Pudimos percatarnos que el muro de la acequia se encontraba debajo del muro actual de la casa, y que el sistema constructivo era igual al referido por la arqueóloga Mónica Lugo en el salvamento de la calle Mesones”, señalaron.


Las arqueólogas comentaron que han sido pocos los salvamentos arqueológicos que, a propósito de dar seguimiento a obras de infraestructura urbana, han permitido registrar elementos de dicha acequia, y en general, de otras, las cuales fueron fundamentales para la vida de la ciudad pues servían para el desfogue del agua para intentar mantener los niveles del lago y evitar inundaciones, colectar agua pluvial y conducirla hasta un determinado lugar.


Asimismo, las acequias distribuían agua tanto para los campos de cultivo como para el mantenimiento de distintos sectores de producción; eran vía de transporte de personas y mercancías, y desagüe de las aguas residuales de la ciudad. Sin embargo, en sus últimos años, ante la disminución del nivel de sus aguas, se habían convertido en almacenes de basura y focos de infección. En el siglo XIX algunas serían sustituidas por drenaje subterráneo.

 

 

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