Emiliano y Eufemio Zapata acompañados de sus esposas, reprografía. Fototeca Nacional. Sinafo.INAH.

 

*** La muestra fotográfica Emiliano Zapata. A cien años de su muerte, ahonda en uno de los frentes más inspiradores de la Revolución: la defensa de la tierra

 

*** Alrededor de 30 imágenes revelan la evolución del zapatismo, de sus protagonistas y seguidores; sus antecedentes, motivaciones y su declive


 

 

A lo largo del siglo XX, Emiliano Zapata pasó de ser tildado “Atila del Sur” a erigirse en el panteón nacional de los héroes. En este nuevo siglo, una lectura más equilibrada al personaje y al movimiento que encabezó, es la que impulsa la exposición Emiliano Zapata. A cien años de su muerte, presente en la Galería de Historia. Museo del Caracol, hasta el 1 de agosto de 2019.

 

            El centenario luctuoso del “Caudillo del Sur”, permite a este espacio ahondar en uno de los frentes más inspiradores de la Revolución mexicana: la defensa de la tierra. La muestra se encuentra al finalizar el recorrido del museo, justo tras visitar la sección dedicada a la gesta revolucionaria, “el último de los momentos fundacionales del México moderno”, señala el historiador Pavel Luna Espinosa.

 

El jefe de Investigación y Difusión de la Galería de Historia, comenta que en virtud del público mayoritariamente escolar que recibe, el recinto planteó la exhibición de una treintena de fotografías procedentes del Fondo Casasola de la Fototeca Nacional. A través de estas imágenes y del guion curatorial, queda patente la evolución del zapatismo, de sus protagonistas y seguidores; sus antecedentes, motivaciones y decaimiento.

 

“En la prensa de la época, sobre todo la capitalina, Zapata fue calificado de bárbaro, como un ‘Atila del Sur’; estigma que mantuvo por años, hasta que la narrativa cambió y se volvió un personaje digno de una hagiografía. Lo trasladamos al otro extremo, al panteón nacional. Su centenario luctuoso es una buena oportunidad para llamar a una reflexión más justa, pensar a la figura en su contexto, y no sólo a él, sino a todos los hombres y mujeres que lo acompañaron en la lucha”, expresa Pavel Luna.

 

Con un marco temporal que cubre casi una década, hasta la emboscada en la Hacienda de Chinameca, donde Zapata cayó abatido el 10 de abril de 1919, la exposición fotográfica incluye imágenes de, por ejemplo, la gira que realizó Francisco I. Madero en Morelos, en un momento en que iniciaban las fricciones con el general; la avanzada zapatista en los alrededores de Xochimilco o el desayuno de militantes en el restaurante Sanborns, en el centro de la Ciudad de México.

 

Además de algún retrato de Zapata, aparecen los rostros de Otilio Montaño, Amelia Robles, Gildardo Magaña y Jesús Guajardo, el militar que ejecutaría aquel crimen de Estado, como ha sido estudiado el asesinato del caudillo.

 

“Hacemos una revisión de todo el movimiento armado y vamos más allá, detallando las profundas raíces del problema de la tierra en Morelos; el auge del zapatismo entre 1913 y 1914, cuando representaron una férrea oposición junto con los villistas; y los siguientes dos años en que sobrevino un estancamiento. Algunos abandonarán sus filas, un caso emblemático es el de Otilio Montaño, quien fue fusilado, acusado de traidor.”

 

“La muestra detalla cómo los zapatistas fueron perdiendo posiciones en el entramado de la Revolución mexicana, y la manera en que la balanza se inclinó al lado carrancista tras al desconocimiento de la Soberana Convención Revolucionaria. Ya con Venustiano Carranza como presidente, empezó una ofensiva brutal, una campaña sangrienta a manos de Pablo González, y de ésta, se desprendió la traición de Guajardo”, relata el curador.

 

El conjunto visual de la instalación Emiliano Zapata. A cien años de su muerte, muestra la participación activa del campesinado que se unió al general, un pueblo que se había forjado una identidad propia a lo largo del siglo XIX, construyendo formas de organización que no existían en otras regiones agrícolas. Sobre los antecedentes del problema agrario, el investigador agrega: 

 

“Para los indígenas prehispánicos, la tierra era sagrada, y aunque el virreinato supuso un cambio drástico en su forma de vida, los indígenas se mantuvieron aparte de la estructura social novohispana y, en cierta medida, contaron con la protección de sus tierras comunales.”

 

“El problema se agravó en el México independiente. Con las Leyes de Reforma se cambió la manera en que trabajaban la tierra y esta desamortización continuó en el Porfiriato, beneficiando a las grandes haciendas. Morelos es el caso más emblemático de este proceso porque allí se establecieron los ingenios azucareros y se construyó una línea de ferrocarril que agravaría aún más el despojo de la propiedad indígena y las comunidades campesinas”. 

 

Zapata creció viendo esta realidad, y al estallar la lucha maderista en 1910, vio una oportunidad para “presentar” estas demandas en defensa de la tierra, por un lado, con el Plan de Ayala y, por el otro, con la organización del Ejército Libertador del Sur. La fricción con Madero partió de dos visiones distintas, explica el historiador, ya que “para el maderismo el fundamento de la Revolución era político, mientras para los zapatistas, el cambio tenía que ser social”.

 

Aunque con una zona de influencia que abarcó Morelos, partes de Guerrero, Estado de México, Puebla, Oaxaca, y en cierta medida el sur de la Ciudad de México, el aislamiento propio del movimiento fue un aspecto que contribuyó a su declive. “Su lucha era demasiado concreta: la restitución de las tierras, en ese sentido, nunca trató de integrarse totalmente con otros movimientos, a menos que aceptaran los principios establecidos en el Plan de Ayala”.

 

A pesar de que el movimiento de los pueblos de Morelos no logró los objetivos militares y muchas de las reivindicaciones que planteó en un comienzo, su gesta se convirtió en un símbolo de lucha contra la injusticia y de resistencia de los débiles frente a los poderosos, concluye Pavel Luna.

 

Emiliano Zapata. A cien años de su muerte, permanecerá hasta el 1 de agosto en la Galería de Historia. Museo del Caracol (rampa de acceso al Castillo de Chapultepec, 1raSección del Bosque de Chapultepec). El acceso al área de la muestra es libre.

 

 

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