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Vista de la calle 59. Foto: Alejandro Navarrete, INAH.

 

*** El libro Campeche. Zona de Monumentos Históricos, se presentó en el marco de las actividades que en esa entidad se realizan con motivo del 80 aniversario del INAH

 

*** Se integra por 11 artículos escritos por investigadores del instituto en la entidad, así como por expertos en la historia, cultura y vida cotidiana de la ciudad amurallada


 


En marzo de 1517, el capitán español Francisco Hernández de Córdoba, quien exploraba una península que creía isla, atracó sus navíos en una bahía calurosa y entabló contacto con un poblado maya que era llamado Ah Kim Pech, donde permaneció tres días abasteciéndose de vitualla e intercambiando enseres con los gobernantes del asentamiento.


Aquel episodio que marcó el inicio del mestizaje cultural que hoy distingue a la ciudad de San Francisco de Campeche, es también el punto de partida del libro Campeche. Zona de Monumentos Históricos, que editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue presentado ayer en el Centro Cultural El Palacio; recinto icónico al interior de la urbe amurallada.


Dada a conocer en el marco de las actividades que en Campeche se organizan con motivo del 80 aniversario del INAH, la nueva publicación es el onceavo título de la serie Patrimonio, editada por el instituto desde 2013 para difundir la riqueza de las áreas del país que han sido declaradas Zonas de Monumentos Históricos.


En el caso de la capital campechana, el espacio reconocido con dicha categoría desde 1986 y que en 1999 fue igualmente incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, abarca una superficie de 1.81 km2, en la cual se ubican 163 manzanas con edificios y monumentos históricos edificados entre los siglos XVI y XIX.


La obra en comento se integra por 11 artículos escritos principalmente por investigadores y colaboradores del Centro INAH Campeche, así como por expertos en la historia, las costumbres y la vida cotidiana de la ciudad, quienes acompañan sus textos con profusas fotografías contemporáneas y de época.


En un primer apartado, el arquitecto Pablo Trujillo García, de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH) del INAH, ofrece una introducción a la ubicación geográfica y el desarrollo histórico de la urbe y la entidad homónima, a la vez que pormenoriza las antecitadas declaratorias.


Luego, el historiador Fernando Álvarez Aguilar y el arqueólogo Heber Ojeda Mas, reconstruyen –a través de fuentes documentales y datos arqueológicos– los asentamientos que antecedieron a la Conquista; en el capítulo: Cruce de civilizaciones en una provincia maya, rememoran las acciones militares que tres españoles llamados Francisco de Montejo –‘el adelantado’, ‘el mozo’ y ‘el sobrino’– emprendieron para controlar la región en la primera mitad del siglo XVI.


El arquitecto Carlos Huitz Baqueiro explica en su artículo Traza urbana de la ciudad y puerto de San Francisco de Campeche, cómo fue conformándose la población virreinal alrededor de su plaza principal y dónde se levantaron tanto los edificios representativos del poder, como los barrios periféricos de indios, mestizos y negros.


Un apartado posterior, autoría de la también arquitecta Dolores Cú Sánchez, aborda las características constructivas y de funcionamiento que los edificios domésticos de la villa de San Francisco de Campeche tuvieron en el siglo XVIII.


Se dedica el capítulo del arqueólogo y arquitecto Miguel Cárdenas Barrera, titulado Fortificación y sistema defensivo, a exponer cómo los múltiples ataques de piratas europeos y caribeños, llevaron a los vecinos y autoridades de Campeche a iniciar, a mediados del siglo XVII, la construcción de un recinto amurallado y un aparato militar que, en su esplendor, se compuso por ocho baluartes, tres baterías y dos fuertes.


La historiadora Miriam León Méndez se sumerge en el mundo de Las haciendas: vestigios históricos y culturales, y de las maneras en que éstas refieren la historia de la explotación de recursos naturales y humanos de una época, a la vez que evocan el poder económico que algunas familias ostentaron entre los siglos XIX y XX.


El tema de la importancia de Campeche como puerto comercial es abordado por la arqueóloga Helena Barba Meinecke y el historiador Abiud Pizá Chávez. En el texto Producción y comercio virreinal en el puerto de Campeche. Una visión desde el patrimonio cultural subacuático, explican que, de acuerdo con el análisis de pecios encontrados en sitios arqueológicos subacuáticos de la región, se pueden inferir los tipos de embarcaciones que surcaban la sonda de Campeche y los productos que transportaban.


Dos secciones del libro: La cocina campechana: su origen y evolución, del maestro en gestión de empresas turísticas Enrique Meneses López, y Tradiciones campechanas, espejo de identidad, del historiador Manuel Alcocer Bernés, abordan la riqueza culinaria y festiva que a nivel mundial distinguen a la urbe histórica.


Se dedica el capítulo El Santo Sepulcro de la Catedral, de la historiadora Érika Blanco, la restauradora Leticia Jiménez y la maestra en Ciencias Marinas, Diana Arano, a detallar la importancia de la que, mencionan, es sin duda una obra de arte barroca única en la península de Yucatán, en lo referente a ornamentación, historia y devoción.


La edición termina con un artículo de la comunicóloga Marilyn Domínguez Turriza y la historiadora Verenice Ramírez Rosado: Remembranzas del 7 de Agosto, donde se relatan las anécdotas que ocurrieron en ese popular mercado –inaugurado en 1933 y demolido en los años 60–, y se retoman las experiencias de comerciantes que laboraron en el sitio que ahora sólo vive en sus recuerdos.

 

 

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