Exposición El noroeste de México, 20 años de etnografía en el INAH. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Abre al público la exposición Noroeste de México, 20 años de etnografía en el INAH, que presenta 110 piezas etnográficas por primera vez reunidas

 

*** Reúne instrumentos para pesca seri, máscaras de pascolas, indumentaria de la danza del venado, el fogón de las mujeres ralámuli y la palma sagrada de los guarijó


 


El profundo universo mítico de los pueblos comca´ac (seri), mayo, yaqui, ralámuli y guarijó podrá ser explorado por el gran público en estas vacaciones de Semana Santa a través de la exposición El noroeste de México, 20 años de etnografía del INAH, que presenta 110 piezas etnográficas por primeras vez reunidas para ofrecer un recorrido de la costa de Sonora a la sierra de Chihuahua, en la Media Luna del Museo Nacional de Antropología (MNA).


Con esta muestra, el equipo de investigadores de la región noroeste, del Programa Nacional de Etnografía de los Pueblos Indígenas de México, celebra 20 años compartiendo con el público los resultados de algunas de sus pesquisas sobre estos pueblos, asentados en una de las regiones menos conocidas del territorio nacional, de los que ha elaborado etnografías de vidas, celebraciones y significados.


La exhibición se trabajó conjuntamente con la Subdirección de Etnografía del Museo Nacional de Antropología, bajo la curaduría de Donaciano Gutiérrez Gutiérrez y Claudia Harriss Clare; el primero, curador de la Sala de Etnografía Noroeste, del MNA, y la segunda, miembro del equipo noroeste del Programa Nacional de Etnografía, que se desarrolla desde 1998 en la Coordinación Nacional de Antropología del INAH.


La muestra se divide en seis módulos de acuerdo con las temáticas de investigación y se acompaña con datos de distintos poblados, piezas etnográficas y fotografías ilustrativas, así como un mapa de gran formato que fue elaborado por artistas plásticos cuando se creó el museo.


El recorrido parte en la costa de Sonora, donde habita el pueblo comca´ac (seri). Esta sección resalta la pesca y explica cómo en tiempos históricos se capturaba tortuga marina, totoaba, mantarraya y tiburón, y el modo en que la modernización pesquera ha vulnerado las posibilidades de subsistencia de los indígenas.


Se aprecian figuras de flora y fauna del mar y el desierto, elaboradas en palo fierro (ziixacchacj) por los comca´ac de Punta Chueca y Desemboque; varios anzuelos (heen icahit) aún utilizados por algunos pescadores, y la reproducción de una balsa tradicional (haascam) elaborada con carrizo y amarrada con raíces de mezquite, así como una red.


Enseguida, la muestra conduce a los valles de Sonora, donde habitan los yaquis (yoeme) y mayos (yoreme); y de Sinaloa, con los mayos (yoleme). Rituales, mitos y vida cotidiana permiten conocer los diferentes universos que marcan una forma de ver el mundo. De los yoeme destacan deslumbrantes piezas de máscaras de pascolas y algunos de sus instrumentos musicales, sobre todo relacionados con tiempos precolombinos, como raspadores (jirúkias), la flauta de carrizo de dos piezas, las sonajas del danzante de venado y el senaso que percuten los pascolas en sus manos.


De los yoreme se explora, entre otros aspectos, la importancia de algunos elementos de juyya ánia (mundo del monte) dentro del aspecto religioso, ritual y cotidiano de la vida, como el uso de los capullos de mariposas, llamados ténabaris, que forman parte de su vestimenta ceremonial como instrumentos sonoros para la danza del pascola y venado, sujetados en las pantorrillas para los primeros, y en el tobillo para el segundo; ahora también elaborados con aluminio de botes de cerveza (botenabaris).


El tema central de los mayos de Sinaloa es el ritual de la Semana Santa debido a su riqueza cultural e importancia en la identidad de estos pueblos. Se aprecia una máscara miniatura de judío que sólo se pone el Viernes de Cuaresma y durante Semana Santa; está elaborada en madera y tiene piel de chivo.


La exhibición conduce a la Sierra Madre Occidental, donde los ralámuli son abordados desde el mundo de las mujeres: pone en realce su relevancia en la cosmovisión de este pueblo y cómo se relacionan con la deidad solar Rayenari. Aquí se representa una escena cotidiana: un comal de barro colocado sobre tres piedras y una canasta (tobeke) hecha de la planta de sotol, donde se van echando las tortillas para que estén calientes.


La mujer es como el sol porque da calor y sostiene el mundo, y el fogón que la mujer atiza es el centro de la familia ralámuli. Todos los elementos de la cocina tienen su contexto simbólico: la explicación del origen del mundo está asociada con la elaboración de la tortilla; en tanto, el fogón es el sol, preserva el fuego vital que mantiene unidos a los tres planos del mundo: inframundo, terrestre y celeste, los cuales son representados por las tres piedras que sostienen el comal.


El recorrido museográfico termina con el apartado “La palma y los guarijó”, que resalta la importancia de este material como parte de las principales expresiones del patrimonio biocultural de dicho pueblo. Los objetos confeccionados en palma mantienen un uso práctico, cotidiano y religioso; la palma es considerada un regalo de Dios que los protege durante los chubascos, en la milpa o cuando duermen. El petate de palma —que es usado para dormir— también sirve para envolver a sus muertos, y portar el sombrero de este material es un símbolo de su identidad.


Con las presiones sobre su territorio tradicional por la expansión de la propiedad privada, las minas y carreteras, acceder a los nichos ecológicos donde abunda la palma se vuelve cada vez más difícil, de modo que a veces dependen del apoyo de programas para obtener el material.


A lo largo de la muestra se aprecia gran cantidad de piezas en miniatura; son expresiones de las diferentes identidades culturales del noroeste: mientras para los seris representan la pesca y el medio ambiente, las máscaras de pascolas de yaquis y mayos se asocian al chivo, a la serpiente y al “viejo de la fiesta”, pero sus máscaras chapayecas —de tamaño real— se consideran poderosas, de modo que existen prohibiciones para su comercialización, en tanto, las miniaturas no tienen la misma potencia y pueden estar a la venta.


Las figuras tarahumaras se distinguen por representar elementos de la cocina y la vida de las mujeres; y las de los guarijó se confeccionan de la palma y son consideradas útiles para la protección de la gente.


Un cincuenta por ciento de los acervos de la muestra pertenece a las colecciones de etnografía del Museo Nacional de Antropología, y el otro cincuenta restante a colecciones de los propios investigadores del Programa Nacional de Etnografía, algunas de ellas de un valor estimativo especial que en esta oportunidad de celebración comparten con el público al lado de sus conocimientos, ambos recabados durante años de trabajo y con una gran pasión por lo que hacen.


El guión científico de la exposición fue elaborado con información de quienes han formado parte del equipo noroeste: Milton Hernández García, quien estudia a los comca´ac; José Luis Moctezuma Zamarrón, especialista en yaquis; Pablo Sánchez Pichardo, estudioso de los yoreme; Hugo López Aceves, de los yoleme; Ana Paula Pintado Cortina, de los ralámuli; y Claudia Harriss Clare, de los guarijó.


La muestra se presenta en la Media Luna del vestíbulo del Museo Nacional de Antropología, de martes a domingo de 9:00 a 19:00 horas, hasta el 31 de mayo. Entrada libre.

 

 

Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (20190414_boletin_99.pdf)Boletín 99[Descarga]

Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

Foto del día

Xochiquetzal