Conferencia Racismos, discriminaciones, desigualdades y xenofobias, que la socióloga Olivia Gall Sonabend dictó en la CNAN-INAH. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** En seminario organizado por el INAH, la socióloga Olivia Gall expuso los orígenes y algunos de los efectos que tales fenómenos han tenido desde finales del siglo XVIII

 

*** Destacó que, en la actualidad, una responsabilidad de la academia es contribuir al diseño de mejores políticas públicas que eviten los actos derivados de dichos conceptos


 


Contrario a lo que debería ocurrir en un mundo globalizado: en el que tendría que haber un derrumbe de fronteras y una mayor conectividad entre individuos de distintos orígenes, la realidad, a casi dos décadas de iniciado el siglo XXI, muestra que los grupos humanos parecen oponerse a dicha universalidad, situación que se manifiesta en el rechazo al ‘otro’ y en el reforzamiento de las identidades nacionales y locales.


Este fue el planteamiento del cual partió la conferencia Racismos, discriminaciones, desigualdades y xenofobias, que la socióloga Olivia Gall Sonabend dictó en la Coordinación Nacional de Antropología (CNAN) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como parte del seminario permanente “Antropología e historia de los racismos, las discriminaciones y las desigualdades”.


La académica del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM y coordinadora de la Red de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Identidades, Racismo y Xenofobia en América Latina (INTEGRA), precisó que tal fenómeno se origina en el temor que muchas personas —imbuidas por su educación o sus contextos socio-políticos y religiosos—manifiestan hacia un mundo que ven cambiar de manera acelerada.


“Ese temor ocasiona una reacción frecuente, que es la necesidad de buscar refugio y asirnos a lo que estamos seguros que somos”.


De este modo, dijo, muchos grupos están regresando a ideas ya superadas desde la ciencia o el debate humanístico, cuyas raíces pueden localizarse en, por ejemplo, el surgimiento de los Estados-Nación a finales del siglo XVIII, cuando la Ilustración creó los principios de pertenencia a las naciones y, derivado de ello, las nacionalidades.


Gall Sonabend ahondó que la configuración en dicha época de los Estados-Nación, implicó la creación de numerosas desigualdades; ejemplo fueron, en primer lugar, todos los individuos que entonces no fueron considerados habitantes de una nación, es decir, los extranjeros, o bien personas a las que de origen les negaron derechos civiles y políticos dentro de los territorios.


“En el siglo XVIII, los derechos civiles y políticos fueron exclusivos para los varones mayores de edad, que fueran propietarios de tierras; luego se amplió a los que tuvieran comercios o negocios, y más tarde —producto de las luchas obreras— a los varones mayores de edad que percibieran salario. Las mujeres, es sabido, accedieron a sus derechos civiles hasta inicios del siglo XX, y a sus derechos políticos hasta mediados o incluso las últimas décadas del siglo pasado”, expuso.


Señaló que otra idea a la que se está volviendo en países como Estados Unidos o regiones como Europa, a menudo como resultado de movimientos extremistas o campañas políticas, es la del racismo científico, que nacida también en la Ilustración, devino en episodios como los genocidios cometidos en contra de colectivos judíos y gitanos durante la Segunda Guerra Mundial, o etnocidios como los ordenados por el Estado mexicano en contra de los pueblos yaquis o los inmigrantes chinos, entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.


“Lo que vemos es que, a pesar de que la genética secuenció en el año 2000 el genoma humano y desmintió la existencia científica de las razas humanas, el racismo no ha muerto”.


Olivia Gall abundó que en la actualidad existen grupos que son objeto de dos o más tipos de discriminación, “un ejemplo claro y reciente en el caso mexicano son las mujeres indígenas migrantes”, citó en torno a las recientes caravanas de migrantes provenientes de El Salvador, Honduras, Guatemala, Haití y otras naciones centroamericanas y caribeñas.


Ante lo anterior, concluyó, la responsabilidad de la academia es propiciar mayores análisis de tales fenómenos y de sus consecuencias, a fin de contribuir al diseño de mejores políticas públicas y programas por parte del gobierno y otras entidades.


Asimismo, recordó que racismo, discriminación racial, xenofobia y desigualdad son conceptos complejos que expresan cualidades distintas, pero que a menudo se entrecruzan y sobreponen en formas que es necesario estudiar desde sus contextos y en sus historicidades para, eventualmente, evitar o revertir sus efectos.

 

 

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  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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