Diego Prieto, durante su participación como ponente, dentro del Seminario de Análisis del Patrimonio Cultural Mexicano. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** La tarea del instituto en este gobierno es otorgar de reconocimiento a la diversidad cultural y dar voz a los distintos grupos sociales

 

*** Diego Prieto, titular del INAH, ofreció una charla dentro del Seminario de Análisis del sobre la Gestión del Patrimonio Cultural Mexicano


 


“Si el siglo pasado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tuvo como tarea fortalecer la identidad de los mexicanos dando al país sentido de origen, orgullo patrio y reconocimiento a las civilizaciones gloriosas que nos antecedieron; ahora, cuando ya está definido constitucionalmente como país pluricultural, su tarea es reconocer las diversas identidades que hay en México y dar voz a los distintos grupos sociales, por lo que apelo a tener una mirada mucho más amplia del patrimonio”, expuso el director general del INAH, Diego Prieto Hernández, al participar en el Seminario de Análisis del sobre la Gestión del Patrimonio Cultural Mexicano.


En la actividad académica dirigida a todo público, que lleva a cabo el Museo de El Carmen con motivo del 80 aniversario de la institución y que consta de una serie de pláticas con personajes señeros, el titular del INAH compartió con los asistentes sus experiencias profesionales con una visión personal y humana, desde sus comienzos en las aulas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), a donde llegó siendo estudiante de Economía en la UNAM, en busca de los mejores profesores de Marxismo, hasta asumir la dirección de una de las instituciones culturales más importantes de México.


Bajo la premisa de que las piedras y los objetos no tienen memoria, pero las personas sí, el seminario 2019 se avoca a la presentación desde la parte humana, en tanto que es desde ahí donde se puede reconstruir la labor tan noble que realiza este instituto en México.


En la segunda sesión, el antropólogo Diego Prieto destacó que el siglo pasado, el INAH tuvo la tarea, bien cumplida, de fortalecer la identidad; “hoy le toca trabajar para que se reconozcan todas las identidades que conforman la sociedad mexicana y dar voz a los distintos grupos lingüísticos, étnicos, culturales, regionales y sociales en general; por eso apeló a adoptar una mirada integral del patrimonio, en la que no sólo se continúe cumpliendo con la tarea de investigar, conservar y difundir el patrimonio arqueológico, histórico y paleontológico, como lo marca la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972, sino que se investigue, conserve y difunda el patrimonio vivo e inmaterial.


“El patrimonio simbólico —continuó—, industrial, biocultural, los paisajes, los sistemas alimentarios; es decir, debemos tener esa visión amplia del patrimonio y cuidar a la gente que guarda en su memoria el valor de nuestras ‘piedras’”.


Asimismo, en una reflexión a 100 días de iniciado el gobierno de la 4T, dijo que hay una afinidad de mirada en el sentido de que el país se debe transformar y el INAH tiene mucho que aportar porque es una institución cercana a las comunidades; “en este momento debemos acercarnos más todavía”, señaló tras considerar necesario fortalecer el programa de museos comunitarios.


Hoy dijo, el INAH puede contribuir en el combate a la corrupción porque si hay gente que cometa actos deshonestos dentro del instituto lo vamos a corregir. “A la reconstrucción de los tejidos sociales para pacificar al país, en la lucha para que haya menos violencia y le ganemos la partida a la delincuencia en el ámbito de los valores; ahí el INAH, con todo el discurso del patrimonio puede y debe contribuir enormemente a que las identidades de barrios, pueblos, comunidades, de grupos se fortalezcan, se recompongan, se reconstituyan”.


La idea de que los jóvenes se sumen al trabajo productivo, añadió, en el INAH puede ser importante para fortalecer el trabajo arqueológico o el cuidado del patrimonio. Respecto a la conformación del Estado de derecho, “me parece que en el INAH tenemos que usar mejor nuestros criterios en el cuidado del patrimonio arqueológico, paleontológico, antropológico, histórico de manera que nos apoyemos a la norma. Acerca del tema del desarrollo, en megaproyectos como el Tren Maya, el INAH tiene que acompañar siempre con el criterio de aplicar la norma y cuidar el patrimonio, sin consideración y sin debilidades”.


Diego Prieto mencionó que el tema de la desigualdad es la signatura más grave del país, a casi 200 años desde 1821 tras la Consumación de la Independencia, “el país ya no podía seguir por la ruta de la desgarradora desigualdad que en mucho explica la polarización, la violencia y tragedias lamentables, ahí el INAH tiene mucho que aportar en buscar la construcción de una sociedad al mismo tiempo justa igualitaria y plural, incluyente”.


El titular del INAH recordó que dirigir el Centro INAH Querétaro le dejo una experiencia importante. Radicado siempre en la Ciudad de México tuvo que mudarse a provincia debido a la salud de su hijo, pero estando allá pudo armar un programa de investigación y trabajo que lo acercó a los pueblos indígenas, en una entidad donde hasta entonces se habían invisibilizado considerablemente.


Hasta ese momento, el antropólogo Diego Prieto se había interesado en la lucha obrera y los movimientos urbanos, en mucho influenciado por su hermano mayor a quien le tocó vivir el movimiento del 68. Su llegada al Centro INAH Querétaro coincidió con el nacimiento del Proyecto Nacional de Etnografía de las Regiones Indígenas, que le tocó impulsarlo en el estado en 1996 y 1997, pues a partir del levantamiento zapatista de 1994, toda la sociedad volteó los ojos a los pueblos indígenas, en una época en que el INAH había descuidado la investigación etnográfica con poblaciones vivas.


De ahí que el antropólogo Prieto Hernández considere que los Centros INAH constituyen la estructura básica territorial del INAH, y sean herramientas que acercan a la diversidad geográfica y étnica de nuestro país.


Son una especie de instituto en pequeño, dijo, que combinan las tareas de arqueología, monumentos históricos, restauración, museos, el manejo de zonas arqueológicas, pero también la relación con los gobiernos de los estados, los municipios y los grupos sociales; “en el caso de Querétaro tuve que emprender esta tarea de visibilizar y darle lugar a los pueblos indígenas, sobre todo pueblos originarios del sur del estado, en el semidesierto y la Sierra Gorda, que para mí en lo personal fue importante”.


Al frente del Centro INAH, aunó, logramos tres inscripciones en la Lista de Patrimonio Mundial: su Centro Histórico (1996), las Misiones franciscanas de la Sierra Gorda (2003) y el Camino Real de Tierra Adentro (2010), así como otra más en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: Lugares de memoria y tradiciones vivas de los pueblos otomí-chichimecas de Tolimán. La Peña de Bernal, guardián de un territorio sagrado (2009); es decir, dirigir los Centros INAH también supone introducirse a los temas de patrimonio mundial y vincularse con la sociedad local para lograr el reconocimiento a los valores patrimoniales del estado.


“Mi gestión en el Centro INAH Querétaro se acompañó del desarrollo de un Consejo Estatal de Pueblos Indígenas. Se trabajó en la red de museos, cuando llegué prácticamente había sólo dos: el Museo Regional de Querétaro y el Museo de Arte de Querétaro; logramos una coordinación cercana para el cuidado del Centro Histórico, pero sobre todo logramos prestigiar al INAH”.


Por lo anterior, Diego Prieto considera que es necesario que los Centros INAH tengan mayor estructura, más investigadores, más trabajadores e hizo votos porque en la 4T quede atrás la política de los años 90 cuando dejaron al INAH rígido, “ya no hubo plazas, no hubo crecimiento de estructura, se congelaron sueldos de mandos medios y de ahí viene el déficit laboral de hoy: trabajadores eventuales, contrataciones irregulares; porque el INAH no puede dejar de crecer, hay nuevas zonas arqueológicas, nuevos museos que atender, entonces mucho tiempo se dio soluciones provisionales que se convirtieron en definitivas”.


Resaltó que el INAH tiene dos fortalezas: su gente, sus trabajadores en todos los niveles y en todas sus especialidades, y su prestigio, “pues cuando Alejandra Frausto hizo una encuesta de instituciones culturales, los resultados arrojaron que la más conocida es el INAH, que nos conozca el 45 por ciento de los mexicanos es un privilegio, y además resultó que es la mejor valorada por la sociedad.


“En épocas más fuertes del neoliberalismo, si los gobernantes querían pegarle a una institución, lo que hacían era desprestigiarla, así sucedió con la Comisión Federal de Electricidad y Pemex, así lo estaban haciendo con la UNAM en 1999, pero la máxima casa de estudios logró recuperar prestigio; el INAH también ha logrado recuperar su prestigio. El propio presidente de México y la Secretaría de Cultura han demostrado que le tienen confianza al instituto”, finalizó.

 

 

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