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Realizan trabajos de conservación. Foto CNCPC.

 

*** El fondo, localizado en Morelia, Michoacán, está conformado por mil 507 volúmenes impresos entre los siglos XV al XIX

 

*** Los libros se encontraban embalados y presentaban deformaciones estructurales, ataque de microorganismos, entre otros deterioros


 

 

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) trabajan en el proceso de estabilización del Fondo Conventual del Museo y Archivo Histórico Casa de Morelos, localizado en Morelia, Michoacán, integrado por mil 507 volúmenes impresos entre los siglos XV y XIX, que sirvieron para la formación espiritual de las órdenes franciscanas, agustinas, mercedarias, capuchinas y jesuitas que se asentaron en la antigua ciudad de Valladolid, durante la época colonial.

 

Jaime Reyes Monroy, director del Museo Regional Michoacano y quien estuvo al frente del Museo y Archivo Histórico durante 10 años, informó que el conjunto de impresos en latín aborda temáticas de teología, moral, doctrina, catecismo, derecho canónico y sermones.

 

Una particularidad del fondo, dijo, son las marcas de fuego que hacen referencia a su origen, por ejemplo hay libros que pertenecieron a los colegios de San Buena Ventura y de San Francisco Javier, al Seminario Tridentino y a los  conventos de la Merced, del Carmen, San Francisco, San Agustín y Santa Catalina de Siena, en Valladolid.

 

Algunos de los títulos que comprende son: La Summa theologica, de Tomás de Aquino; libros de fray Alonso de la Veracruz, como Speculum coniugiorum, impreso en Alcalá de Henares, España, en 1572, así como obras publicadas en Francia, Venecia, Roma, Salamanca, Basilea, Amberes y Lisboa.

 

“A través de esas obras —prosiguió el director del Museo Regional Michoacano— nos podemos dar cuenta de la riqueza literaria existente en los conventos de Valladolid, que eran de los más ricos académicamente hablando, por la cantidad de libros, lo que da una idea de una vocación educativa fuerte durante la época colonial en los diferentes colegios y conventos de la ciudad, además permite apreciar una ciudad ilustrada”.

 

En 2016, se llevó a cabo un diagnóstico del estado de conservación del Fondo Conventual de Casa de Morelos y de la parte que se resguarda en el Ex Convento de Cuitzeo, como parte de los trabajos del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Documental, encabezado por Teresita Bernarda Díaz Villanueva, restauradora perito de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC).

 

Al dictaminar el acervo que se alberga en la Casa de Morelos, las restauradoras encontraron, principalmente, deformaciones estructurales provocadas por el embalaje, como lomeras invertidas, así como ataque de microorganismos y de insectos xilófagos, faltantes de carteras y de hojas en los cuadernillos, mutilaciones y elementos sueltos, por lo que se inició un proceso de estabilización en julio pasado.

 

“Hasta el momento se han intervenido 300 libros en dos temporadas de trabajo, una realizada en julio y otra en septiembre”. Las restauradoras Marlenne López Torres y Aura Ortiz Garnica, adscritas al Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Documental, son las encargadas de la intervención in situ, con apoyo de Tania Estrada, Ana Rosa Toca y Ariadna Rodríguez, del Taller de Documentos Gráficos de la CNCPC

 

Marlenne López Torres relató que el trabajo comenzó con el cotejo de libros que estaban resguardados en cajas y el listado que tenía el museo. Luego se registró la técnica de factura de cada uno, sus medidas y estado de conservación; posteriormente se emprendieron acciones de conservación que incluyeron limpieza superficial o media, dependiendo del grado de suciedad de cada volumen. 

 

Además, se hizo una fumigación puntual en aquellos libros que tenían presencia de microorganismos y se elaboraron guardas de primer nivel para aislar dicho ataque, al igual que para los que carecían de tapas o tenían algún elemento suelto o a punto de desprenderse. Por último se hizo un registro fotográfico. Una vez que los libros quedaron estabilizados se acomodaron dentro de la estantería móvil con que cuenta el archivo histórico.

 

Por su parte, la restauradora Aura Ortiz Garnica señaló que los volúmenes están elaborados con hojas de papel de trapos, carteras de piel o pergamino, varios con soporte de madera en las tapas y casi todos son tamaño folio, sólo algunos son pequeños.

 

La restauradora Teresita Bernarda Díaz indicó que los trabajos quedarán concluidos el año próximo, dado a que sólo se limitan a procesos de conservación preventiva, limpieza, elaboración de guardas, fumigación local y, en ocasiones, una intervención menor cuando hay elementos sueltos, así como el acomodo correcto en las estanterías.

 

“Nuestros procesos están encaminados a la conservación preventiva del fondo de manera integral y no de piezas en específico. El objetivo de la estabilización es detener el deterioro para que el acervo pueda ser consultado”, concluyó.

 

Cabe destacar que el fondo conventual —de acuerdo con la obra Archivo Capitular de Administración Diocesana Valladolid, de Óscar Mazín— fue incautado a la Iglesia entre 1914 y 1917, y quedó bajo resguardo del Museo Michoacano en 1932, cuando el entonces secretario de Educación, Narciso Bassols, solicitó al gobierno del estado que se catalogara para permitir su libre consulta; en ese año se decidió trasladarlo a la Casa de Morelos, su actual sede.

 

En esa época se dividió en tres apartados: uno bajo resguardo de la Biblioteca Pública de la Universidad Michoacana, y los otros dos quedaron bajo custodia del INAH, en el Ex Convento de Cuitzeo y en la Casa de Morelos.

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