Claude Stresser-Péan presentando los tres tomos sobre Vista Hermosa. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Se publicó la gran obra monográfica del sitio, a partir de las exploraciones de Guy y Claude Stresser-Péan, arqueólogos de la Misión Francesa de 1960

 

*** Vista Hermosa no había sido referente en la arqueología mexicana, la publicación de tres volúmenes la convierte hoy en uno ineludible de la Huasteca


 


En su tiempo, el asentamiento prehispánico de Vista Hermosa, ubicado al suroeste del actual estado de Tamaulipas, seguramente no fue más que un pueblo común del límite occidental de la Huasteca, pero gracias a las excavaciones de la Misión Arqueológica y Etnológica Francesa (MAEFM), encabezada por Guy Stresser-Péan en la década de 1960, el sitio se coloca hoy como el lugar que más información brinda sobre los huastecos de poco antes de la Conquista.


Así se vislumbra en los tres volúmenes de la gran obra monográfica recién publicada en coedición por el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) de Francia, la Fundación Stresser-Péan y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH): Vista Hermosa. Nobles, artesanos y mercaderes en los confines del mundo huasteco. Estudio arqueológico de un sitio del Posclásico Tardío del municipio de Nuevo Morelos, Tamaulipas, México, presentada en el cierre del Coloquio Internacional “Vida y Creencias en la Huasteca Posclásica”, que tuvo lugar el 13 y 14 de noviembre, en el Museo Nacional de Antropología.


Y así lo advierte el arqueólogo Dominique Michelet, director emérito de investigación en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), la institución de investigación más importante de Francia, quien forma parte del equipo selecto que eligió Claude Stresser-Péan, coordinadora de la obra editorial, para llevar a cabo los análisis, múltiples y detallados, de la información recabada en campo por la pareja Stresser-Peán, entre 1965 y 1967.


Los resultados de tales estudios están vertidos en los tres libros, dos de más de 400 páginas y uno de 220 folios, con mapas, planos, gráficas, fotografías y una gran cantidad de dibujos que ayudan a comprender la información dividida para su publicación en tres grandes dominios: Camino al inframundo (volumen I), que aborda el sitio, su arquitectura y sus sepulturas; Quetzalcóatl-Ehécatl y el universo huasteco (volumen II), que trata de la población vista a través de la cerámica; y El arte y la vida en la Huasteca posclásica (volumen III).


Durante la presentación, la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, dijo que Vista Hermosa no había sido hasta hoy referente en la arqueología mexicana, es claro que la trascendencia de los sitios prehispánicos, en ocasiones, no ocurre por su jerarquía, sino por su estudio y difusión: hay sitios que fueron absolutamente relevantes en el devenir histórico del tiempo prehispánico y por falta de estudios y consecuente publicación y difusión ha significado permanecer sin existencia. A partir de ahora, Vista Hermosa se convierte en un referente ineludible de la arqueología huasteca.


La rectora destacó que este trabajo bibliográfico se debe gracias al trabajo intenso, comprometido y luminoso de Guy y Claude Stresser-Péan, quienes a través de la fundación que lleva su nombre entregan a México información valiosa.


Ladrón de Guevara presentó el volumen correspondiente Quetzalcóatl-Ehécatl y el universo huasteco, conformado por cuatro capítulos, varios anexos y la bibliografía, así como un disco compacto con un video realizado por la pareja en 1975, sobre Dionisa, una alfarera otomí.


La titular de la Universidad Veracruzana subrayó una característica del segundo volumen, que dijo, le ha cautivado porque a diferencia de los otros tomos, éste es resultado del trabajo de mujeres: la coordinación y colaboración de Claude Stresser-Péan y Elsa Jadot; el arte de Andy Seuffert, quien reprodujo en gouaches algunas de las más bellas cerámicas encontradas en las excavaciones de la MAEFM; la traducción de Erika Gil Lozada y el recuento bibliográfico testimonial que relata la vida de una mujer: la alfarera Dionisia que se ve rodeada del trabajo y la colaboración de otras mujeres.


La rectora comentó que la participación de las mujeres en la arqueología  y en general en la ciencia ha permitido establecer perspectivas novedosas que habían sido soslayadas por los colegas varones. La mirada y sensibilidad de Claude al lado de Guy en la Huasteca enriquecieron los trabajos arqueológicos, y hoy editoriales para fortuna de la arqueología mexicana.


A lo largo de las páginas de este volumen se da cuenta de los quehaceres propios de las mujeres en la esfera de la división social del trabajo que imperaba en la época prehispánica: la alfarería, el hilado, el tejido y las artes culinarias, señaló Ladrón de Guevara. Los enterramientos de las mujeres iban acompañadas de las herramientas propias de sus labores: malacates, molcajetes, metates y vasijas que eran manufacturadas por ellas mismas; así, en la cosmovisión indígena, después de la muerte no seguía el descanso eterno, sino la labor cotidiana.


Camino al inframundo fue comentado por Gabriela Uruñuela, profesora de la Universidad de las Américas, Puebla, quien ofreció un recorrido por las ocho secciones que componen el volumen; destacó que es resultado de la colaboración de arqueólogos franceses y mexicanos, y prueba de una amistad profunda entre ambos países.


Uruñuela puso énfasis en la imagen literaria con la que abre el volumen: la letra de un corrido escrito por el tamaulipeco Juan Espinosa González dedicado a los arqueólogos franceses que llegaron a Vista Hermosa, muestra de la excelente relación que los científicos llevaron con los pobladores.


Después de la introducción a los trabajos de exploración y al sitio, el volumen se dedica a la descripción de las exploraciones y de los edificios por ellas expuestos, así como las excavaciones “clandestinas”; es decir, hechas por habitantes locales que entregaron a los arqueólogos los materiales, algunos espectaculares: pectorales de concha grabados y una vasija de Quetzalcóatl sentado en un banco y tocando música en un caparazón de tortuga; los contextos de estos materiales no se tienen, pero los objetos complementan la información de los que sí fueron recuperados mediante excavaciones controladas.


En tanto los capítulos 2 al 4, a cargo del antropólogo Gregory Pereira, se dedican a la descripción de las 148 sepulturas encontradas en el sitio, así como la interpretación de las prácticas funerarias y los análisis de las características bioculturales de los esqueletos de los entierros. Ofrece el catálogo de todos los depósitos mortuorios descubiertos en tres temporadas de campo.


El tercer volumen, El arte y la vida en la huasteca posclásica, fue explicado por Kim Richter, especialista Superior de Investigación del Instituto Getty de Investigación, quien resumió los contenidos del volumen sobre la utilización material y simbólica de los animales, cuyos restos óseos se encontraron en gran cantidad durante las exploraciones; se inventariaron dos mil 266.


Asimismo, mencionó lo relativo a materiales usados como ornamento, entre éstos las conchas; la utilización de la obsidiana y del metal: los elementos de bronce y oro recuperados abrieron pistas importantes sobre la práctica de la metalurgia en la Huasteca, en tiempos previos a la Conquista.


En 1964, un miembro de la misión francesa, que buscaba cuevas con cerámica llegó a Santa Cruz del Toro, en Nuevo Morelos, Tamaulipas; ahí le hablaron de Vista Hermosa. El lugar —con numerosos edificios aún visibles— tenía fama de haber proporcionado a saqueadores materiales en buen estado de conservación y alta calidad. Antes de que continuara la depredación era necesario intervenir allí, el gobierno de México le había pedido a la misión francesa, recién creada, que se enfocara en la región poco estudiada.


El sitio elegido por la misión francesa para trabajar en 1964 es de tamaño medio, apenas 40 hectáreas con 120 estructuras y se estima que sus habitantes nunca rebasaron las mil personas. Su ocupación ocurrió entre 1350 y 1450 d.C., es decir, que fue de tres o cuatro generaciones. Lo anterior, aunado a la relativa contemporaneidad de los vestigios, de acuerdo con Dominique Michelet, ha permitido que la arqueología tenga una visión bastante precisa de esta población y sus formas de vida.


Casi la totalidad de los materiales descubiertos corresponden al periodo Posclásico Tardío, en 13 sectores distintos se hallaron 148 entierros. El material que proporcionó el sitio, explorado en tres temporadas de campo, es de extrema riqueza: restos óseos humanos y animales, lítica, concha, cerámica, metal, materia carbonizada… Fueron necesarios muchos años para estudiarlos, por eso con el fin de publicar los descubrimientos, la pareja Stresser-Péan solicitó la colaboración de numerosos arqueólogos, los resultados de esos análisis aparecen en las páginas de esta obra.


En la presentación de los tres volúmenes estuvo el director del CEMCA, Bernard Tallet, quien destacó la participación de investigadores franceses y mexicanos de diferentes generaciones, en los estudios de los materiales de Alta Vista, lo que habla de que Claude y Guy han hecho escuela y están pasando la estafeta del conocimiento a las nuevas generaciones.


Claude Stresser-Péan, de 89 años de edad, está contenta con el resultado, porque para ella era un deber terminar el trabajo que comenzó con Guy en 1960; “él no pudo concluirlo porque enfermó pero si nos ve de arriba, está contento también...”. Guy Stresser-Péan falleció en noviembre de 2009, considerado como el primer huastecólogo de México, durante más de seis décadas realizó trabajo de investigación etnológica, etnohistórica y arqueológica de la región. Hoy es referente ineludible.

 

 

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