Cerro del Teúl

Diego Prieto, director general del INAH y Alejandro Tello, gobernador de Zacatecas, acompañados de sus respectivas esposas, la restauradora Marisa Gómez y la presidenta del DIF Zacatecas, durante la develación de la placa conmemorativa de la apertura de la Zona Arqueológica Cerro del Teúl. Foto: Héctor Montaño, INAH.

 

*** Parte del centro ceremonial que se distribuye en su ladera nororiental, es ahora la tercera zona arqueológica abierta en ese estado, y la 191 en el país

 

*** Su puesta en valor es resultado de la colaboración permanente del INAH con los gobiernos estatal y municipal, y el apoyo invaluable de la comunidad


  

 

Hasta hace una década, el Cerro del Teúl, al sur de Zacatecas, era en la memoria de sus habitantes sólo uno de los últimos bastiones de los aguerridos caxcanes que sucumbieron a la invasión española, sin embargo, un proyecto de largo aliento fue revelando a “La morada de los dioses” como un sitio que mantuvo una ocupación ininterrumpida de aproximadamente mil 600 años, iniciada un par de siglos antes de nuestra era.

 

El equipo arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sacó a la luz parte del centro ceremonial que se distribuye en la ladera nororiental del cerro: la Plaza Principal, el Patio Hundido y la Cancha del Juego de Pelota, para constituir la tercera zona arqueológica abierta al público en ese estado, después de La Quemada y Alta Vista Chalchihuites, y la 191 en el país.

 

En la ceremonia de apertura del sitio, Diego Prieto Hernández, director general del INAH, y el gobernador del estado de Zacatecas, Alejandro Tello Cristerna, manifestaron que su puesta en valor es resultado de la colaboración permanente entre ambas instancias. A ello se suma el municipio de Teúl de González Ortega, donde el apoyo de su sociedad civil y comunidad en general fue imprescindible, puesto que sus propios habitantes fueron capacitados para excavar y consolidar varias de las estructuras.

 

El titular del INAH expresó que el trabajo desarrollado en Cerro del Teúl es una muestra ejemplar de la forma en que incide la institución: primero, mediante la investigación que brinda sentido, significado y valor a un sitio, y segundo,  socializando ese conocimiento. De esa manera, las poblaciones logran comprender que “el patrimonio arqueológico no es del INAH, sino de la nación, es de todos y en nosotros recae la responsabilidad de su preservación”.

 

Destacó que la permanencia del proyecto de investigación en este lugar a lo largo de una década, permite cristalizar lo que fue un ideal para arqueólogos predecesores como Isabel Kelly, quien ya en la década de los 40 del siglo XX, apuntaba que Cerro del Teúl era fundamental para obtener claves del devenir prehispánico a un nivel macrorregional, entre el occidente y el norte de México. 

 

El gobernador Alejandro Tello dijo que esta nueva zona refuerza la importancia de la arqueología en Zacatecas y diversifica la oferta turística de la entidad, en ese sentido, señaló que Teúl de González Ortega es considerado Pueblo Mágico. Asimismo, se mostró dispuesto a seguir trabajando con el INAH para la puesta en valor de otro sitio que se localiza en el sur del estado: Las Ventanas, en la vecina región de Malpaso y el Cañón de Juchipila.

 

La investigadora Laura Solar Valverde, investigadora responsable del Proyecto Cerro del Teúl, junto con sus colegas, Peter Jiménez Betts y Luis Martínez Méndez, resaltó que esta zona arqueológica “es una obra colectiva” y una muestra palpable de que “el amor al terruño es una fuerza que puede mover montañas”. Todas las personas e instancias que ayudaron a su puesta en valor —continuó— “ponen el ejemplo de que invertir en el patrimonio cultural es una apuesta infalible para regenerar el tejido social”.

 

Por su parte, el director del Centro INAH Zacatecas, Carlos Augusto Torres, puso énfasis en la certeza jurídica con la que cuentan las 36.4 hectáreas que comprenden la poligonal del Cerro del Teúl, considerando el valor natural y cultural de este promontorio desde el cual se domina uno de los valles que se abren a las estribaciones de la Sierra Madre Occidental. Este logro fue posible con el apoyo del Congreso de la Unión en diferentes gestiones.

 

Durante el recorrido de la comitiva por la zona arqueológica, el director general del INAH, Diego Prieto, y el gobernador Alejandro Tello, acompañados de sus respectivas esposas, la restauradora Marisa Gómez y la presidenta del DIF Zacatecas, Cristina Rodríguez, tuvieron la oportunidad de experimentar uno de los aspectos innovadores de la visita: el uso de la app “Explora Cerro del Teúl”. 

 

Miguel Ángel Maciel de la Rosa y Mayra Rivas, jóvenes que desarrollaron la aplicación, explicaron que ésta puede descargarse en el sitio a través de Play Store, y da acceso a información novedosa y a contextos de excavación ya cerrados, mediante el cedulario dispuesto en la zona arqueológica. También en el Centro de Atención a Visitantes, quienes tengan dificultad para realizar el ascenso podrán hacer su visita a través de materiales multimedia como los videos y realidad virtual.

 

Peter Jiménez Betts y Laura Solar Valverde, codirectores del Proyecto Arqueológico Cerro del Teúl, explicaron que la presencia de manantiales en la meseta media del Cerro del Teúl fue un factor decisivo en la elección de este lugar para fundar un centro ceremonial en época prehispánica, pues constituía la materialización de un altépetl o “montaña de agua”, de ahí que en época virreinal, el pueblo fue nombrado San Juan Bautista del Teúl, advocación que se daba a ciertos asentamientos donde se veneraba a una deidad de la lluvia y la fertilidad.

 

Laura Solar indicó que para desplantar el complejo arquitectónico más sobresaliente del sitio, los antiguos teulenses adaptaron cuatro niveles principales en la ladera nororiental del cerro y también diseñaron un sofisticado sistema de canalización del agua que se puede observar en espacios como la Plaza Principal. 

 

La explanada abarca 45 m de longitud por 22 m de anchura, y se integra por dos pirámides, la de menores dimensiones al norte y la mayor al este, más una gradería que pudo usarse para ceremonias públicas en las que se conmemoraban algunos mitos de creación. Al centro de la misma se recuperaron restos de un altar circular, y cerca de él los vestigios de un fogón.

 

La orientación de los basamentos es coincidente con el eje que guardan, por ejemplo, las pirámides principales y la Calzada de los Muertos de Teotihuacan: cuestiones simbólicas y cosmogónicas provenientes del Centro de México están presentes aquí, pero no en materiales o manifestaciones, hablamos más bien de emulaciones locales de cosas que los señores de El Teúl estaban utilizando en una parafernalia ritual.

 

La evidencia arqueológica contrastada con datos etnográficos de los grupos indígenas del Gran Nayar, una región próxima, permiten acercarse a la función de los espacios, así, mientras la pirámide mayor con su orientación al equinoccio representaba a la montaña sagrada que ayudó al Sol a ascender al firmamento en el primer amanecer del mundo, el canal serpenteante que corre a sus pies simbolizaba a la serpiente acuática del inframundo que fue vencida por el astro rey. 

 

Un pasaje conecta a la Plaza Principal con el Patio Hundido, el cual es de planta casi cuadrangular (45 m x 45 m) y está delimitado por muros altos. En ese lugar, donde también debieron recibirse peregrinaciones, se localizaron entierros con ofrendas de vasijas y objetos de cobre, algunos individuos presentaban modificaciones culturales como el limado dental y la deformación craneal.

 

La visita por el Cerro del Teúl concluye en la Cancha del Juego Pelota, conformada por dos muros laterales y dos cabezales que forman la tradicional I latina. Uno de sus rasgos distintivos fue el hallazgo de un par de esculturas en piedra que representaban a jugadores (debieron ser cuatro en total), mismos que remataban sus extremos y servían de marcadores. Este espacio y sus monolitos ya habían sido descritos en ilustraciones del siglo XIX por personajes como el topógrafo militar Carl de Berghes y el ingeniero Juan Ignacio Matute.

 

El Cerro del Teúl es un sitio vivo, bajo esta lógica continuará la excavación y consolidación de algunos elementos, como el muro oriente del Juego de Pelota y parte de la gradería del Patio Hundido.

 

 

El devenir de un altépetl

 

En una peña que rodea al Cerro del Teúl existen manifestaciones gráfico-rupestres que dan testimonio de la estancia periódica de nómadas, no obstante, a inicios de nuestra era fue ocupado por grupos sedentarios que adoptaron de occidente la práctica agrícola y algunos patrones culturales, como el enterramiento en tumbas de tiro (fosas circulares a las que se ingresa por un conducto) que hay en este promontorio.

 

Los arqueólogos explican que a mediados del primer milenio de nuestra era, en una época de cambios estructurales suscitados por el apogeo y posterior declive de Teotihuacan, el sitio tuvo un viraje. De este periodo data la primera fase constructiva del centro ceremonial y su relación con los sitios norteños La Quemada y Alta Vista Chalchihuites, al igual que Las Ventanas, su vecino del Cañón de Juchipila.

 

Cerro del Teúl mantuvo ocupación durante cuatro o cinco siglos antes que La Quemada y Alta Vista, y fue contemporáneo y aliado de éstos entre 700 y 900 después de Cristo, compartieron muchos rasgos culturales como la cerámica del tipo pseudo-cloisonné y su iconografía (por ejemplo, las primeras representaciones conocidas del águila devorando a la serpiente, que hoy es el símbolo nacional).

 

Fue en estos siglos que se configuró el centro ceremonial en toda su complejidad espacial, incluyendo la introducción de la cancha para el juego de pelota. Cerro del Teúl tuvo su auge de 900 a 1300 d.C., al incorporarse a la intensa red de interacción con las sociedades de la llanura costera del Pacífico, de esa época data uno de los hallazgos más relevantes del proyecto: los restos de un horno para la fundición de cobre, el más antiguo del México prehispánico, reportado hasta ahora.

 

Laura Solar y Peter Jiménez refieren que se desconoce cómo se nombraban a sí mismos los antiguos habitantes del Cerro del Teúl, pero sus descendientes fueron conocidos como caxcanes, un grupo de raíces nahuas que lo utilizó como lugar de culto en los siglos XV y XVI. En el marco de las rebeliones indígenas de la Guerra del Mixtón, los tlaxcaltecas, aliados de los españoles, quemaron el sitio en respuesta a la resistencia de los caxcanes, por lo que son escasos los vestigios de su último periodo.

Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (2018_368.pdf)Boletín 368[Descargar]

Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

Foto del día

Pirámides, Montañas Sagradas