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En el acto, la especialista donó alrededor de 150 volúmenes a la BNAH, y fue inaugurada la muestra fotográfica Cazadores de sombras

A lo largo de más de seis décadas de trabajo, la reconocida etnóloga franco-estadounidense Anne Chapman ha buscado reivindicar la riqueza cultural de sociedades consideradas por algunos como “primitivas”, siempre con el afán de resaltar el valor de la diversidad humana en todas sus expresiones y contextos, aun cuando se trate de pequeños grupos. “Una semilla que ella, Anita, arrojó a la tierra y que ha germinado”.

 

Las palabras dichas por la especialista Mechthild Rutsch, resumieron, el agradecimiento y el cariño de todos los amigos y colegas reunidos durante el homenaje que se ofreció a Chapman, en el marco de la XIX Feria del Libro de Antropología e Historia (FLAH). Festejo que congregó, incluso –a través de fotografías–, amistades interrumpidas por la muerte, como la de su informante selk’nam, Lola Kiepja.

 

"Verdaderamente estoy sorprendida porque es muy raro que una persona como yo tenga un reconocimiento entre tantos colegas. Si bien me han realizado algunos homenajes en Honduras o Chile, aquí en México inicié mi vocación en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, de tal manera que me siento en casa”, expresó Anne Chapman.

 

Como parte de la jornada conmemorativa realizada en el Museo Nacional de Antropología, se presentó el libro Etnografía de los confines, andanzas de Anne Chapman, coedición del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (Cemca), y la Universidad Nacional Autónoma de México a través del Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM-IIA).

 

La obra que reúne los artículos de 15 investigadores adscritos a distintas instituciones de investigación, es en primer lugar, a decir de Mechthild Rutsch, de la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, “una dedicatoria a la científica y al ser humano, una introducción a sus pasos y compromisos con indígenas de Chiapas, de Honduras y de Tierra del Fuego: tzotziles, tzeltales, tolupanes, selk’nams, yaganes, haush”.

 

David Robichaux, de la Universidad Iberoamericana y Guilhem Olivier, de la UNAM, hablaron sobre los valores de este libro cuya coordinación estuvo a cargo de los antropólogos Andrés Medina y Ángela Ochoa, y que se divide en cuatro apartados: Trayectoria de Anne Chapman, Intercambio y reciprocidad, Tradición mesoamericana, y Antropología, historia y lingüística en Argentina.

 

En la publicación se encuentran, por ejemplo, las consideraciones de Chapman sobre el carácter extremadamente complejo de las fronteras culturales que en el caso del sur de Mesoamérica llegarían hasta Honduras en sus límites con Costa Rica; o bien sus testimonios recogidos en Tierra del Fuego que dan cuenta de los últimos habitantes originarios y rompen con la falsa idea de una Argentina exclusivamente “blanca y europea”.

 

En ese sentido, comentaron que la conciencia de Chapman de que sus informantes eran los últimos depositarios de una tradición milenaria que estaba en vías de extinción, “le dio un sentido de urgencia y de compromiso”.

 

Inclusive a la investigadora Soledad González –quien también participa en el libro homenaje– le comentó en su momento “que si los jóvenes quisieran volver los ojos hacia el pasado de sus mayores, podrían encontrar en mis libros sus voces y su memoria.

 

La generosidad que caracteriza a Anne Chapman quedó manifiesta una vez más en el homenaje al donar cerca de 150 títulos a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH), de los que aproximadamente 20, son de su autoría, por citar algunos: Donde los mares chocan, la tierra de los antiguos haush, Tierra del Fuego; Evocación a la memoria de Ángela Loij, la última selk'nam, y Lom, amor y venganza, mitos de los yamana, Tierra del Fuego.

 

Cazadora de sombras

 

Una parte significativa de la obra de Anne Chapman no está en forma escrita. “Anne siempre ha sido una gran fotógrafa, ha retratado maravillosamente a sus informantes y ha documentado los rituales que describe en sus libros. Ha registrado el entorno natural en que vive la gente a la que ha estudiado, desde Tierra del Fuego hasta Honduras”, comentó en su oportunidad la antropóloga Ángela Ochoa, del INAH.

 

Esta faceta también está presente en el marco de la XIX FLAH a través de la muestra Cazadores de sombras, fotografías de los selk’nam de Tierra del Fuego, Argentina, 1886-1999, la cual reúne 35 imágenes de miembros de esta cultura, retratados principalmente por el etnólogo alemán Martin Gusinde a inicios de la década de 1920, y por Anne Chapman, a medidos de la de 1960.

 

Ochoa comentó que Gusinde, con la avidez de su cámara, guardó las imágenes de este pueblo, tanto en sus actividades cotidianas como en la organización y desarrollo de la gran ceremonia de iniciación llamada Hain, “pero más allá de las diversas referencias rituales resume el dato etnográfico y nos da la mirada entre asombrada y curiosa, de estos altivos indígenas.”

 

“Los selk’nam llamaban a Gusinde ‘cazador de sombras’, tras sus pasos llegó más tarde otra cazadora de sombras, Anne Chapman, quien en sus andanzas más meridionales retiene la mirada desesperanzada y, sin embargo cálida, de los últimos herederos de lengua y la cultura selk’nam.”

 

Complementada con un audiovisual, la muestra fotográfica concluye con un fragmento del Lamento por los indios de Tierra de Fuego, de Chapman: “Y se comenta, ‘qué lástima nuestro indio fueguino no nos dejó folklore’/ Pero sí, nos dejó el eco de su llanto, lamento por un pueblo al que abatimos y contagiamos, lamento por un pueblo que exterminamos.”