Antropología e historia del occidente de México

La ciudad de Zacatecas fue la sede del Simposio Antropología e Historia del Occidente de México, en el que se dieron a conocer los avances de las recientes investigaciones en materias etnográfica, arqueológica e histórica en torno a las culturas del presente y pasado de esa región, desde la perspectiva de la “larga permanencia”.

 

Organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) —a través de sus centros en dicho estado y en Nayarit—, el foro que se llevó a cabo en el museo Zacatecano sirvió de marco para rendir un homenaje in memoriam de John Lilly (1937-2007), pionero en la investigación de la comunidad huichola y quien logró captar los rituales de los indígenas serranos de Santa Catarina Cuexcomatitán.

 

Del 6 al 9 de diciembre pasado, los especialistas abordaron temas como las Estrategias económicas de los huicholes migrantes, Los 52 cantos de la Judea de los coras, Uso y abuso de la gráfica rupestre. El caso de Altavista, Nayarit; La cuestión caxcana: visión histórica y realidad arqueológica; El sur de Zacatecas y la tradición occidental de las tumbas de tiro. Nuevas consideraciones.

 

Así como, Analogías entre el ceremonialismo prehispánico del noroccidente y los grupos actuales del Gran Nayar; Los topónimos en Zacatecas y sus cambios en los siglos XIX y XX; Vida cotidiana. La experiencia evangelizadora en las misiones jesuíticas de El Nayarit; y La Guerra del Mixtón de 1541: causas y consecuencias.

 

Un territorio simbólico

 

Los indígenas del Gran Nayar (coras, huicholes, mexicaneros y tepehuanos del sur) conforman una región —la zona serrana de la Sierra Madre Occidental, confluencia de las entidades de Nayarit, Jalisco, Durango y Zacatecas— basada en una matriz simbólica nativa, pero que ha incorporado selectiva y progresivamente elementos coloniales, decimonónicos y contemporáneos.


El territorio simbólico de estos grupos incluye Zacatecas, y en particular el sitio arqueológico de La Quemada, el cual es un punto secuencial de la peregrinación huichola hacia la recolección del peyote pues representa el extremo oriental de su quincunce o cosmograma nativo. Otra de sus “paradas” se encuentra en un templo ubicado en la capital del estado.

 

En opinión del antropólogo Jesús Jáuregui —coordinador del evento académico junto con la investigadora Laura Solar—, las características culturales de los grupos del Gran Nayar, en especial sus ciclos rituales y míticos, constituyen la principal base etnográfica para intentar la comprensión etnoarqueológica de los sitios prehispánicos de esta macrorregión, desde el desierto hasta la planicie costera del océano Pacífico.

 

La Guerra del Mixtón, hacia 1541, fue la primera gran reacción de los aborígenes en contra de la invasión española y conjuntó a los grupos de los ahora estados de Durango, Nayarit, Zacatecas y Jalisco. Luego, la Guerra Tepehuana de 1618, originada en los territorios norteños, volvió a integrar a los indígenas de la región occidental en un movimiento de resistencia ante la colonización virreinal.

 

En esta región, anotó el especialista, confluyó el proceso evangelizador mayoritario de franciscanos y, en menor medida, de jesuitas, de tal manera que en el actual reducto indígena del Gran Nayar, dos grupos —coras y mexicaneros, descendientes de los tecualmes— fueron misionados por la orden ignaciana y los otros dos —tepehuanes del sur y huicholes— por la orden seráfica.

 

Cabe anotar —dijo— que la delimitación de las entidades de la República Mexicana no fue trazada con base en diferencias culturales sino que, más bien, a partir del establecimiento de dichos estados se ha enfatizado y promovido la oposición y eventual preeminencia entre los estados vecinos.

        

“No se debe olvidar que la conquista de El Nayarit en 1721-1722, fue encargada por la Audiencia de Guadalajara a zacatecanos y, en especial, a los buenos jinetes jerezanos”.

 

Jesús Jáuregui comentó que la última rebelión indígena se llevó a cabo en colaboración con los pueblos mestizos y los intereses comerciales británicos, representados estos últimos por la Casa Barrón y Forbes de Tepic. El movimiento fue encabezado por Manuel Lozada, conocido como “El Tigre de Álica”.

 

“’El Tigre’ estuvo a un paso de tomar la ciudad de Guadalajara en 1873 y no lo logró, entre otros factores, porque planeó ataques simultáneos a las ciudades de Zacatecas y Mazatlán y dividió, así, a sus contingentes militares”, concluyó

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Gabriel Ulises Leyva Rendón

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