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Estudio histórico reciente

Debido a la amplia ocupación habitacional de la capital, los avances arqueológicos en torno al conocimiento de los barrios que conformaron la ciudad de México-Tenochtitlán son paulatinos, no obstante un reciente estudio de carácter histórico brinda mayores luces sobre aspectos tan importantes como las formas de propiedad y usos de suelo en la metrópoli mexica.
 
En la investigación Las zonas residenciales de Tenochtitlán según las fuentes coloniales, por la que obtuvo el Premio “Francisco Javier Clavijero” del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) —en la categoría de licenciatura—, el historiador Alejandro Alcántara Gallegos clasificó el tipo de predios que podían encontrarse dentro de un mismo barrio tenochca, a partir de los planos de 29 de ellos.
 
En opinión del académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), si bien se han dado adelantos importantes gracias a los trabajos del Programa de Arqueología Urbana (PAU) del INAH, la información acerca de este tema es fragmentada y se centra sobretodo en el centro ceremonial representado por el sitio del Templo Mayor. 
 
“Existe información arqueológica sobre dos o tres predios, pero esto no permite tener una visión de conjunto de las áreas residenciales, es decir, del común. En la investigación se exponen 29 predios con sus respectivos planos, los cuales se describen y proporcionan información que brinda un amplio panorama”.
 
Para ello, Alejandro Alcántara se dio a la tarea de indagar en fuentes del periodo virreinal, principalmente a resguardo del Archivo General de la Nación (AGN): crónicas de los frailes Bernardino de Sahagún, Agustín de Vetancurt y Juan de Torquemada así como diversos planos entre ellos el atribuido a Hernán Cortés, el de Santa Cruz y del Alferez Iniesta Bejarano. Además de realizar la traducción del náhuatl y paleografía del castellano.
 
“En los archivos coloniales del AGN se puede llevar a cabo un seguimiento de la propiedad de muchos de estos predios, incluso desde antes de la Conquista hasta  1790-1800. Lo anterior permite observar cómo a pesar de los cambios que supuso la sociedad colonial, en lo fundamental se conservaron los rasgos de estos predios por lo menos hasta la entrada de las Reformas Borbónicas hacia la segunda mitad del siglo XVII.”
 
“El predio más temprano localizado data de alrededor de 1550, la mayoría corresponden al siglo XVI, algunos se escapan a los siglos XVII y XVIII. Las fuentes señalan la manera en que los indios regresaron y reconstruyeron sus casas. Pese algunas transformaciones, los límites de los predios siguieron siendo los mismos, y la organización comunal, a través de los calpullis, tampoco varió sino hasta décadas más tarde”.
 
El especialista explicó que respecto a los predios mexicas se puede hablar de un modelo “único”, el cual, sin embargo, iba adquiriendo formas diferentes en cada momento. Este prototipo consistía en islotes artificiales o tlaxilacallis, caseríos rodeados por alguna calzada, camino, canales o hilera de chinampas, cuya forma podía ser regular o mixtilínea.
 
Probablemente por presiones demográficas, hubo subdivisiones en los predios  y aglomeración, para conformar callejones que parecían derivar en forma de laberinto, tal y como se puede ver hasta hoy día en pueblos de algunas delegaciones como Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta. Esto demuestra que dicho modelo era general para todo el Valle de México.
 
“En estos callejones estrechos, incluso de una braza de ancho, se distribuían predios con características muy distintas, pues cada grupo tenía la libertad de disponer sobre su espacio”. Alejandro Alcántara brinda en su trabajo una clasificación de dicho uso, ordenación por medio de cuatro tipos:
 
El primero de ellos era de utilidad exclusivamente residencial; el segundo refiere aquellos predios con chinampas domésticas, mientras un tercero comprendía  alguna instalación de carácter productivo o de servicio —temazcal u hornos, éstos últimos se extendieron hasta la Colonia para la cocción del pan—; y, por último, los predios “multi-utilizados” que incluían los aspectos anteriores.
 
De acuerdo con el historiador, los barrios se concentraban en las cuatro parcialidades de México-Tenochtitlán: Atzacoalco, Cuepopan, Teopan y Moyotlan, donde sobre los templos locales se erigieron las iglesias de San Sebastián, Santa María de la Asunción o de la Redonda, San Pablo y San Juan Bautista, respectivamente. Éstas, en parte, sirven como referente para delimitar hasta hoy día las inmediaciones de la antigua ciudad.
 
“En la época prehispánica, al centro de los señalados islotes artificiales que por sí mismos eran barrios, existía una plaza que fungía como centro de reunión, con su pequeño templo y algunas instalaciones, entre ellas la casa de tequitlalli, donde se reunían el consejo de ancianos. Esta disposición corresponde todavía con algunas iglesias y plazas relativamente cercanas al Centro Histórico: San Salvador el Verde, San Antonio Tomatlán, Atlixco, La Candelaria…”
 
“Probablemente la parcialidad de Moyotlan era una zona más urbanizada en contraste con Atzacoalco, donde había áreas verdes y de cultivo, y hasta para la caza. Cuepopan, por su parte, servía como lugar de paso para el mercado de Tlatelolco, poseía embarcaderos y más calzadas que los otros cuadrantes; mientras, algunos autores, señalan a Teopan como el sector más extenso en dirección sur”.
 
Según Alejandro Alcántara Gallegos, contrario a la idea generalizada sobre la transgresión del sistema de propiedad indígena, por parte de los españoles, “existen datos en las fuentes coloniales, en las que se establece la indemnización que debió dar algún español al indígena, por su predio; o alguna modificación que el propio extranjero debió parar porque afectaba el terreno del mexica.”
 
“Por lo demás, la estructura de esos barrios siguió siendo la misma, pero mucha población indígena diezmó a causa de las epidemias y otra más emigró, de tal suerte que se fue despoblando el territorio y los predios comenzaron a entrar en manos de españoles y de la iglesia, ya para 1760 con las Reformas Borbónicas se dan los verdaderos cambios en la traza urbana de la Ciudad de México”, concluyó.