Comparte los primeros minutos del hallazgo, hace 30 años

“Ver por primera vez a la Coyolxauhqui fue una impresión sensacional.  Con una luz rasante y de noche, vi surgiendo de entre el lodo una gran cantidad de relieves y de formas. Nadie la había limpiado, apenas le separaron la mezcla de tierra y agua, con cuñas de madera. No estaba raspada ni molestada”, así recapitula los primeros minutos del hallazgo del monolito, Raúl Arana, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
 
Recuerda: “Sentí cosas impresionantes. Sencillamente es algo indescriptible. La primera sensación fue de transportarme al pasado, de ubicarme en el momento en que la pieza era venerada. En ese instante supe que no era una pieza movida de su lugar original, que no estaba maltratada, que debía formar parte del edificio y que correspondía a un personaje muy importante. No sabía en ese momento, si era hombre, mujer o qué”, aunque aclara que ya se le veía la grieta que originalmente aparece y que la corta por la mitad en la actualidad, misma que fue ocasionada por la presión existente en el suelo, cuando se le liberó de peso.
 
Hace 30 años, durante 10 minutos el arqueólogo Raúl Arana contempló el recién descubierto monolito, que le había reportado entonces el ingeniero Orlando Gutiérrez, de la Compañía de Luz, quien efectuaba obras de excavación para  construir un pozo de sondeo donde se instalaría un transformador mayor para retroalimentar de luz el área del Centro Histórico, exactamente en la esquina de Guatemala y Argentina. “Le gustó hacer la obra exactamente arriba de la piedra”, recuerda el especialista.
 
Descubrimiento maravilloso

 
Raúl Arana recordó que se le preguntó por la importancia del hallazgo. “Le respondí: Es maravilloso, no tiene usted idea lo que ha descubierto y me dijo si podría seguir trabajando, a lo cual le contesté que jamás, en su vida volvería a  tocar la piedra. Me dijo: ¿De veras es importante? y le aclaré: No sabe la bomba que ha destapado”.
 
Raúl Arana, fue claro al comentarle: “Usted no tiene nada que estar haciendo aquí, está arriba de una zona arqueológica explorando”. Lo anterior, porque días antes un grupo de personas trabajan de noche y por la mañana cubrían un hoyo –de unos dos metros de profundidad- con maderos y con vigas, para que la circulación continuara.
 
Raúl Arana, entonces ex Coordinador de las Excavaciones del STC Metro, segunda etapa, líneas 4, 5 y 6, acudió al hallazgo acompañado por Ángel García, ex jefe de la oficina de Salvamento Arqueológico del INAH. Ambos, contemplaron la gran piedra toda la noche. A partir de ese momento, los obreros se fueron para siempre del sitio. “Ya no pude cuestionarle cuándo habían empezado los trabajos”.
 
Más 500 años intacta
 
Raúl Arana, agrega: “La Coyolxauhqui nunca fue tocada. Se mantuvo intacta 500 años. La piedra fue cubierta por los mismos mexicas con un sedimento muy fino, de 15 centímetros, el cual encontramos. La piedra la hicieron los mexicas, la veneraron y la depositaron en el año de 1480 aproximadamente. Afortunadamente hasta ahí llegó la agresión del hombre, durante esos 500 años. Solo apenas hasta 15 centímetros del monolito y nunca más cerca de esa distancia”, recuerda.
 
Foto: Medios/INAHAsí entonces, Coyolxauhqui sobrevivió intacta a la destrucción de las pirámides en la época de la colonia y también en el año de 1900, cuando se intensificó la construcción de toda la infraestructura que existe bajo del pavimento del Centro Histórico de la ciudad de México.
 
Parteaguas en investigación
 
El anterior evento arqueológico, marcó el inicio del Proyecto Templo Mayor y del Proyecto de Arqueología Urbana en la antigua ciudad de México-Tenochtitlan. Para el investigador, la base de todas las pirámides del conjunto del Templo Mayor están a 18 metros de profundidad, donde comenzaron a construir los mexicas. “La base de la pirámide de Quetzalcóatl está debajo de la Catedral Metropolitana”.
 
Recordó que donde más construían y había más peso, se iba hundiendo la ciudad más rápido. “No se les olvide que por aquí pasa el metro de la línea 2, la cual hizo sus excavaciones hasta 20 metros de profundidad. Había restos de pirámides”.
 
No somos sus dueños
 
Recuerda que en arqueología, los expertos no son dueños de los hallazgos sino que corresponden a toda la humanidad. “Nosotros solo tenemos la posibilidad de trabajar en muchos proyectos. No obstante, me tocó un hallazgo destacado, del que no hay ningún otro semejante”.
 
Resurgirán las pirámides
 
Raúl Arana recuerda que en algún tiempo se mantuvo estable el suelo del Centro Histórico porque existía un conjunto de grandes edificios que mantenían a las pirámides presionadas. No obstante, cuando se han ido derrumbando y se libera de peso, comienzan a resurgir los monumentos prehispánicos.
 
“A veces me pregunta los motivos de que no exploramos los restos y las pirámides de los mexicas y de nuestros antepasados, en vez de todas las construcciones actuales. Lo único que les contesto es que no perdamos la paciencia, porque ellos solitos emergerán y tirarán los edificios que los rodean”, concluyó.

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Gabriel Ulises Leyva Rendón

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