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Tiene un alto valor patrimonial

Característico por su traza elíptica, única en la Ciudad de México, el Parque México es uno de los sitios públicos con alto valor patrimonial, al reunir diversos aspectos urbanos, sociales, estéticos e históricos del modernismo originado hacia la segunda mitad de los años veinte, así lo señaló Víctor Ramírez Alvarado, especialista de la UNAM, cuya investigación fue recientemente galardonada con el Premio Francisco de la Maza, que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
 
En su estudio titulado El Parque México: Génesis y Trascendencia: valoración patrimonial de un espacio público, el docente de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, brinda un análisis histórico sobre este sitio cuya construcción se inició en 1926 bajo un diseño naturalista, que representó una obra pionera en esa época.
 
“Fue el primer parque creado a partir de lo que hoy se denomina como arquitectura del paisaje, y el primero que dejó de ser una copia de los jardines europeos, lo que marcó un parte aguas dentro de la etapa del modernismo de la ciudad”, explicó el investigador al referir que desde el punto de vista urbanístico, este espacio representa el eje a partir del cual se erigió la colonia Hipódromo.
 
Con una extensión de cerca de nueve hectáreas, este espacio de recreo cuenta con una forma semicircular que recuerda a la forma antigua del hipódromo que existió en ese lugar, refiere Ramírez Alvarado en su estudio premiado por el INAH, en la categoría de Conservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico.
 
 “El proyecto de construcción fue diseñado por los arquitectos José Luis Cuevas Pietrasanta y Eugenio Noriega, donde el parque formaba parte de todo un plan integral de creación del fraccionamiento de la colonia Hipódromo”.
 
“De esta manera, la traza urbana de la colonia se dio a partir del parque, cada una de sus calles nacen de éste, razón por la cual también este fraccionamiento es elíptico”, detalló el investigador.
 
A diferencia de otros espacios públicos como la Alameda o el Parque España cuyos senderos son diagonales, los del México son más ‘orgánicos’, es decir, son curvos lo que permite a los paseantes disfrutar de diversos ambientes visuales, en lugar de geométricos, abundó.
 
Ubicado en la avenida México, este lugar de esparcimiento, —continuó—, desde el punto de vista estético presenta un estilo art-decó al igual que varias de las casas que hay alrededor. El mayor ejemplo de ello, se observa en su teatro al aire libre que es circundado por pérgolas en forma de serpiente y cinco pilares que rematan con una marquesina.
 
Asimismo, se complementa con elementos de tipo naturalista como fuentes, estanques, cascadas y un lago, a los que se suma el mobiliario y luminarias cuyos diseños simulan troncos de madera.
 
En el ámbito artístico el Parque México resguarda la pintura mural del artista Roberto Montenegro, cuya obra titulada Alegoría al Teatro, se  divide en cuatro secciones del teatro al aire libre; así como una escultura de una mujer desnuda que porta dos cántaros del maestro José María Hernández Urbina y una torre radio-reloj, que ya no transmite música clásica como en antaño y sólo marca la hora.
 
Al estar basado en un diseño naturalista, este parque contaba en sus inicios con flora semejante a los jardines mediterráneos y de zonas húmedas. Entre las especies originales que tuvo se encontraban cedros de Líbano, mimosas, helechos, platanares, bambúes y palmeras. En las aceras perimetrales se plantaron jacarandas que han sobrevivido hasta nuestros días.
 
Desde el punto de vista social, el Parque México ha sido sede de un sinfín de actividades que van desde sitio de recreo y deporte, lugar para ferias, presentaciones, conciertos y exposiciones, punto de reunión para juntas vecinales e incluso mítines políticos.
       
El estudio comprendió la investigación en los archivos General de la Nación, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el Histórico del Distrito Federal y la Fototeca Nacional del INAH.