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Gobernantes y sacerdotes mexicas

Las exhaustivas investigaciones realizadas en la zona arqueológica del Templo Mayor, desde el hallazgo del monolito de la Coyolxauhqui, el 21 de febrero de 1978, han permitido determinar que los rituales funerarios efectuados en la época prehispánica en ese recinto sagrado de la antigua Tenochtitlan, estaban relacionados con los personajes más importantes de la élite mexica, como gobernantes y sacerdotes.
 
Así lo refiere la arqueóloga Ximena Chávez Balderas, en su libro Rituales Funerarios en el Templo Mayor de Tenochtitlan, próximo a presentarse y en el que ofrece un amplio análisis de las sepulturas y ofrendas que se han hallado en el sitio, entre las que destacan restos óseos cremados que permiten afirmar que esta práctica era exclusiva para los individuos de alta jerarquía o estatus social.
 
La recuperación de 121 ofrendas excavadas hasta hoy, entre las que se encuentran siete contextos funerarios localizados en el área conocida como adoratorio a Huitzilopochtli, principal deidad de los mexicas, ha permitido el desarrollo de una serie de estudios interdisciplinarios para determinar los tipos de rituales fúnebres que solían efectuarse en el sitio y hablar de la probable identidad de los individuos.
 
“En dichas sepulturas el tratamiento funerario fue la cremación, cuyos restos depositados en urnas de inigualable factura remiten a que se trató de dignatarios”, indicó la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tras referir que pese a la destrucción parcial de los huesos expuestos al fuego, estos representan una fuente valiosa de información para determinar el sexo, edad y patologías óseas de los individuos al morir, así como aspectos relativos a los rituales fúnebres y la jerarquía del difunto.
 
“De acuerdo con las fuentes históricas, generalmente se pensaba que la cremación se efectuaba en individuos que morían por vejez o enfermedad, sin embargo el análisis sistemático de los contextos, ajuares funerarios y su ubicación, permiten determinar que la incineración se destinó a los personajes de mayor estatus, porque además se trataba de un tratamiento caro que no debió emplearse para cualquier persona”, explicó en entrevista Chávez Balderas.
 
Prueba de ello, —abundó—, son las siete sepulturas que se encontraron a principios de los años ochenta, todas con restos óseos quemados y halladas en la mitad del adoratorio a Huitzilopochtli, espacio que estaba destinado exclusivamente para el depósito de los restos mortales de los tlatoanis o gobernantes, familiares de éstos o sacerdotes.
 
Los siete sepulcros funerarios que presentan estas particularidades corresponden a las etapas constructivas II (1375 -1427 d.C) y IVb (1469 – 1481 d.C) del Templo Mayor, llamadas ofrendas 3, 10, 14, 34, 37, 39 y 44, mismas que fueron excavadas entre 1978 y 1980, tras el hallazgo del monolito de la diosa Coyolxauhqui y la creación del Proyecto Templo Mayor.
 
Pese a la extrema fragmentación y la mezcla de los huesos humanos con los de fauna, así como por el estado de cremación del material óseo, los estudios efectuados conjuntamente con la consulta de fuentes históricas, permitieron deducir algunas hipótesis sobre la posible identidad de los personajes inhumados.
 
En este sentido, la arqueóloga refirió que de acuerdo con los análisis osteológicos, datos históricos y el registro arqueológico se podría afirmar que dos de los individuos enterrados en el espacio dedicado a Huitzilopochtli, ocupaban la cima de la pirámide social mexica, es decir, pertenecían a la más alta esfera política y religiosa.
 
En La Crónica X, Fray Diego Durán indica que los restos de los gobernantes de Tenochtitlan eran enterrados a “los pies de Huitzilopochtli”, es decir, debajo de la imagen del dios, misma que se encontraba en el adoratorio de Huey Teocalli o morada de la deidad de la guerra.
 
De acuerdo con la cronología establecida por el arqueólogo Matos Moctezuma, los gobernantes que corresponden a la Etapa II del Templo Mayor, son Acamapichtli (1375 –1395); Huitzilíhuitl (1396 – 1417) y Chimalpopoca (1417 – 1427).
 
A partir de los análisis se determinó que uno de los individuos cuyos restos fueron depositados en las ofrendas 34 y 39, tenía entre 21 y 24 años de edad al momento de morir, por lo que no corresponde a ninguno de los dos primeros gobernantes mexicas, debido a que las crónicas indican que Acamapichtli debió fallecer entre los 40 y 60 años, mientras que Huitzilíhuitl a los 30 ó 40.
 
“Tal vez correspondería a Chimalpopoca, sin embargo en las fuentes hay muchas contradicciones porque algunos dicen que este gobernante asumió el poder cuando tenía sólo diez años y murió muy joven, mientras que otras refieren que fue asesinado y que al momento de fallecer incluso ya tenía un hijo adulto”.
 
“Estas diferentes versiones de los hechos  no permiten establecer la edad precisa en que murió dicho tlatoani, y por tanto no se puede asegurar que los restos estudiados correspondan a Chimalpopoca, sólo es una hipótesis, pero sí se puede inferir que fue un personaje de la élite mexica”, sentenció Chávez Balderas.
 
Por otra parte, dijo, se precisó que las ofrendas 37 y 44 contenían también los restos de un mismo individuo, que se descartó correspondieran a un gobernante debido a la poca cantidad y calidad de objetos funerarios asociados. “Es probable como lo ha señalado el arqueólogo Leonardo López Luján que se tratase de algún sacerdote supremo o integrante de la familia real”, explicó.
 
Por lo que respecta a otras tres urnas funerarias (3,10, 14) encontradas en la Etapa IVb, la arqueóloga indica en su obra que en un principio se supuso que se trataba de los restos de Motecuhzoma I, de acuerdo con la presencia de una fecha en la lápida y que corresponde al año en que feneció este gobernante mexica: 1469 d.C.
 
“A partir de los análisis osteológicos y contextuales, pudimos determinar que las ofrendas corresponden a tres individuos distintos, razón por la que se descartó que se tratase de los restos de Motecuhzoma I”, puntualizó la arqueóloga al mencionar que una de las hipótesis más cercanas a la identidad de estos personajes es que se tratase de los hermanos de este dignatario.
 
“Durante el reinado de Motecuhzoma I (1440 – 1469 d.C),  se suscitaron diversas guerras contra los de Chalco y en una de ellas mataron precisamente a tres hermanos de este tlatoani, cuyos cuerpos fueron llevados a Tenochtitlan, lugar donde se les hicieron sus exequias”, comentó.
 
Chávez Balderas abundó que el resto del centenar de ofrendas halladas en el Templo Mayor no presentan las particularidades de las urnas estudiadas, toda vez que presentan indicios de sacrifico además que se han ubicado en áreas inferiores del Templo Mayor.
 
“Esto está relacionado con el simbolismo que representaba el Templo Mayor y al mito de la Coyolxauhqui, que refiere que Coatlicue, su madre, estaba barriendo y se encontró un plumón que guardó en su vientre y se dio cuenta que estaba embarazada, entonces al saber esto su hija, Coyolxauhqui y sus hermanos las 400 estrellas intentan matarla y se da un combate. Huitzilopochtli nace armado en el cerro Coatépec y mata a su hermana la cual cae desde la cima y queda desmembrada en el suelo”.
 
“El Templo Mayor reproduce precisamente este esquema, donde en la parte superior se ubica Huitzilopochtli el vencedor, y en la de abajo Coyolxauhqui con los vencidos. Esto concuerda con los contextos funerarios, porque las tumbas de los dignatarios se han encontrado arriba y en la parte de abajo o plataforma del edificio, los sacrificados”, detalló la arqueóloga.
 
El desarrollo de esta investigación que formó parte de la tesis de licenciatura de la investigadora y que en el 2003 mereció la presea Alfonso Caso en la categoría de Arqueología que otorga el INAH, comprendió la participación de diversas disciplinas como la osteología, medicina forense, etnografía, arqueozoología, antropología y microscopía, entre otras.
 
Editado por el INAH, Rituales Funerarios en el Templo Mayor de Tenochtitlan, (Colección Premios INAH), se divide en cuatro capítulos que incluyen fotografías y esquemas, así como un anexo en el que se ofrecen datos de los análisis de activación neurotrónica, cuantificación y descripción de los objetos rituales y resultados de los estudios osteológicos.