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Graniceros agradecen a los ancestros

Con motivo del fin de año y el recibimiento del próximo, grupos campesinos del Altiplano Central aún efectúan rituales de origen prehispánico y prácticas adivinatorias relacionadas con el ciclo agrícola, mismas que tienen lugar en las faldas del volcán Iztaccíhuatl y que están a cargo de personajes conocidos como “graniceros”.

Se realizan dos veces al año, el primero en mayo para la petición de las lluvias y el segundo en invierno al término del ciclo agrícola. Este tipo de rituales se integran dentro de los llamados ritos de paso, relacionados con el transcurso del tiempo.

Stanislaw Iwaniszewsky, investigador y docente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), informó que el desarrollo del ritual que se efectúa entre los meses de noviembre y diciembre, tiene como fin agradecer a los ancestros las lluvias y las cosechas obtenidas durante el año.

Uno de estos ejemplos es el que se realiza en la comunidad de San Pedro Nexapa, Estado de México, donde la población y los “graniceros” (personajes relacionados con la petición de lluvias y el control del granizo) ascienden a las faldas del Iztaccíhuatl o ‘volcana’, —como ellos lo llaman— hasta llegar al sitio llamado María Blanca, a la orilla de un arroyo que proviene del propio volcán.

“En este lugar sagrado se encuentra un templo en el que los “graniceros” encienden sahumadores y adornan el sitio, para después efectuar rezos y colocar ofrendas con las que agradecen a los espíritus de los trabajadores temporaleros y “graniceros” fallecidos, la conclusión del ciclo agrícola”, explicó el especialista en arqueoastronomía.

Luego de reconocer que este tipo de costumbres están en proceso de desaparecer, Iwaniszewsky, refirió que esta práctica de reminiscencia prehispánica en décadas anteriores se llevaba a cabo cada 2 de noviembre, mientras que actualmente la fecha es movible.

“Las fechas se han desfasado porque ahora la gente ya no sólo se dedica a la agricultura y tienen otras ocupaciones, entonces únicamente pueden reunirse en domingo. Sólo saben que hay que abrir y cerrar el ciclo pero en distintas fechas, a diferencia de hace 30 años cuando el 2 de noviembre era el día sagrado para ofrendar”, acotó.

El investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, comentó que otra de las prácticas a las que aún recurren los también llamados “tiemperos”, son las cabañuelas, que consiste en un método tradicional para predecir las condiciones climáticas del año venidero.

El periodo de las cabañuelas va del 25 de diciembre al 5 de enero, es decir que durante cada uno de estos días se observan las condiciones del tiempo que imperan y ese será el pronóstico del clima para el mes respectivo. Por ejemplo, el 25 corresponde a enero, el 26 a febrero y así subsecuentemente, explicó Iwaniszewsky.

En la antigüedad, añadió, este sistema predictivo era más complejo y posiblemente pudo iniciar el 1 de enero, pero por tradición comienza el día de la natividad. Esta costumbre de orígenes europeos, aún está en uso, en este caso por los “graniceros”, personajes que entre sus funciones está también la de predecir los fenómenos meteorológicos.

“Este método aún se usa y un ejemplo de ello es el calendario de Galván, cuyos pronósticos están hechos con base en las cabañuelas, pero cada “granicero” que tiene la función de alejar el granizo y pedir el agua, lleva sus observaciones y anotaciones, al igual como se hace en Rusia, Japón, o en los países andinos donde los fenómenos atmosféricos pueden destruir las cosechas” concluyó el arqueoastrónomo.